sábado, 29 de marzo de 2014

Un llamado a la cooperación (y a la resistencia)

¿Vivimos en un mundo diseñado para excluir? ¿Qué hemos hecho culturalmente para que esto no sea así? En su libro Juntos. Rituales, placeres y política de la cooperación, el sociólogo Richard Sennett interpela al lector a través de un recorrido que va de los rituales eclesiásticos hasta las nuevas formas de socialización en Internet, pasando por la diplomacia de la edad moderna y la ausencia de compromiso de los operadores en Wall Street. ¿Juntos?


...Bajo el capitalismo, sobre todo bajo está última etapa dominada por la economía de servicios y la especulación financiera, las fuerzas de la cooperación se ven debilitadas como nunca. Y esto sucede por dos vías fundamentales. La desigualdad estructural y las nuevas formas del trabajo, que engloban por supuesto al creciente número de desempleados incluso en las principales economías del mundo. Esas fuerzas producen efectos psicológicos, personas que no pueden gestionar las complejas formas del compromiso social, y se retraen de los desafíos. Sennett sabe de primera mano que si esas desigualdades se sufren desde niño, afectan todavía más nuestras capacidades cooperativas.

Además, la cohesión social también se ve alterada por la reconfiguración de las ciudades. Antes los ciudadanos vivían y trabajaban más o menos en el mismo lugar. Pero la industrialización primero, la huida a los countries después, dividieron a la ciudad. Las comunidades son cada vez menos autodependientes. Sennett ofrece un ejemplo abrumador. Cuenta que, cada vez más, los comercios minoristas pertenecen a firmas no locales. Da el ejemplo de Harlem. Allí, sólo cinco céntimos de cada dólar gastado en Harlem se queda en Harlem. "Como en tiempos de la colonia, las economías minoristas generan una riqueza que es extraída y exportada", dice Sennett, citando a su esposa, Saskia Sassen. ¿Quiere usted cooperar con McDonalds?...



"Tenemos que hacer menos teoría política y tomar más en cuenta la acción social en el terreno", me dijo hace dos años el sociólogo Richard Sennett durante una entrevista. Acababa de terminar su libro Juntos (Together). Y estaba perplejo frente a las respuestas de distintos gobiernos a la crisis europea. "Usted sabe que la política de izquierda está muerta en Europa, y que ocurre lo mismo en los Estados Unidos", avanzó. La charla iba camino al atolladero ideológico, pero rápidamente se encausó en los temas que él más domina y que se desgranan y reciclan en sus últimos tres libros, un epílogo para su obra momumental.
Ya hemos hablado aquí de El Artesano, primero de estos tres volúmenes. Allí se proponía mostrar la conexión entre la cabeza y la mano, las técnicas manuales o mentales que hacen posible el progreso de una persona. Un proceso que se puede encarar de manera individual. En Juntos. Rituales, placeres y política de la cooperación (Anagrama, como toda su obra), redobla la apuesta. Sennett sale al rescate de un capital social amenazado: la cooperación. Ahora le queda por delante la recta final de su proyecto. Un trabajo sobre cómo vivir mejor en nuestras ciudades. Los tres libros persiguen un objetivo: "intentar, al menos, ser autores de la vida que vivimos". ¿Hemos renunciado a la posibilidad de vivir en sociedad? ¿Qué nos lleva a distanciarnos del prójimo? O como inquiría George Simmel: ¿Qué puede estimular el entendimiento mutuo de las personas? Con estas entre muchas otras preguntas nos motiva, nos invita, Richard Sennett.


Juntos... es un libro sobre el desmoronamiento de la cooperación social, con algunas salidas idealistas. Dice Sennett que los Estados Unidos se ha convertido en una sociedad internamente tribal, donde la gente se opone a reunirse con quienes son diferentes. El flagelo no solo afecta a su país. La desigualdad, por ejemplo, se ha incrementado de manera espectacular en los últimos años en todo el mundo. Basta repasar el famoso coeficiente de Gini para confirmar que la distancia entre la elite y la masa se vuelve cada vez más sideral (van a decir que los números del INDEC desmienten el dato). Bajo el capitalismo, sobre todo bajo está última etapa dominada por la economía de servicios y la especulación financiera, las fuerzas de la cooperación se ven debilitadas como nunca. Y esto sucede por dos vías fundamentales. La desigualdad estructural y las nuevas formas del trabajo, que engloban por supuesto al creciente número de desempleados incluso en las principales economías del mundo. Esas fuerzas producen efectos psicológicos, personas que no pueden gestionar las complejas formas del compromiso social, y se retraen de los desafíos. Sennett sabe de primera mano que si esas desigualdades se sufren desde niño, afectan todavía más nuestras capacidades cooperativas.
Además, la cohesión social también se ve alterada por la reconfiguración de las ciudades. Antes los ciudadanos vivían y trabajaban más o menos en el mismo lugar. Pero la industrialización primero, la huida a los countries después, dividieron a la ciudad. Las comunidades son cada vez menos autodependientes. Sennett ofrece un ejemplo abrumador. Cuenta que, cada vez más, los comercios minoristas pertenecen a firmas no locales. Da el ejemplo de Harlem. Allí, sólo cinco céntimos de cada dólar gastado en Harlem se queda en Harlem. "Como en tiempos de la colonia, las economías minoristas generan una riqueza que es extraída y exportada", dice Sennett, citando a su esposa, Saskia Sassen. ¿Quiere usted cooperar con McDonalds?
Pero, ¿qué es la cooperación? En la definición de este autor es aquél intercambio en el cual los participantes obtienen beneficios del encuentro. El desafío es reunir a personas con intereses muy diferentes, incluso en conflicto, un punto clave para sociedades que se debilitan, que autodestruyen su capacidad de cooperar. Hay otro desafío, la búsqueda de equilibrio entre cooperación y competencia, un equilibrio que tienen raíces naturales pero que, a juzgar por el libro de Sennett, está siendo culturalmente desviado. Se necesitan habilidades de negociación, intercambios que apuesten a la reducción al mínimo de la competencia agresiva. "Las habilidades para gestionar diferencias de difícil tratamiento se pierden al tiempo que la desigualdad material aisla a los individuos y que el trabajo cortoplacista hace más efímeros los contactos sociales y activa la ansiedad respecto del otro", dice Sennett.
¿Es la cooperación un don natural, genético? Sí y no. En su recuperación de la historia natural, el autor recurre a la etología (muy de moda). Piensa, reflexiona, cómo consiguen los animales gregarios compatibilizar necesidad mutua y agresión recíproca. La etología también le sirve para hablar del código genético, que proporciona una base para la cooperación. Pero es sólo una base para desnaturalizar el argumento del hombre como lobo del hombre. El problema mayor, ya lo dijimos, es cultural, deviene de la manera en que nosotros construimos conductas más complejas. A juzgar por el libro, durante un tiempo no lo hicimos del todo mal. Y por eso Sennet también rescata ciertas experiencias históricas...

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