Hace cuatro años elegíamos creer que cortábamos la mala racha. Hoy elegimos creer que el fútbol, el juego, el arte colectivo, la competencia deportiva internacional, está más allá de los intereses y los negocios sucios y criminales del imperio.
Difícil, pero elegimos creer que los jugadores papas fritas y hamburguesas nos sigan llenando los ojos de fútbol. El fútbol increíblemente parece salvarse de la tele-araña imperial: el fútbol de Messi parece ser independiente de la foto de Leo con Donald Trump, las atajadas del Dibu Martínez parecen ser independientes de las ideas y publicidades impresentables del propio Dibu.
Elegimos creer, como dijo el Diego, que la pelota no se mancha. Es en el fondo, una fe maradoniana. Eso sostiene nuestra ilusión.
Elegimos creer que el dólar no puede comprar el buen fútbol y está por verse, pero lo bueno es que parece que ya no pensamos en dolarizaciones, o que ya nos dimos cuenta, de que los dólares se los afanaron los nuevos payasos al servicio del imperio.
Elijamos creer.
Peor, como siempre, es nada
Mauricio Castaldo
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