sábado, 2 de abril de 2016

La Revolución del 11 de Abril de 1870: ¡Muera el traidor Urquiza! ¡Viva López Jordán!

-Unos apuntes para la Otra Historia de la Historia
y para la Historia del Mundo Entrerriano-

Atardece en el Palacio San José ese Lunes 11 de Abril de 1870. El gobernador, y ex presidente Urquiza, está tomando mate debajo del corredor, charlando de sus negocios políticos con algún colaborador. Subestima las amenazas contra su vida. Subestima al pueblo profundo entrerriano y a los milicianos federales y sudamericanos. Tiene mucho, mucho dinero, riquezas, poder económico y político, y con eso, poder policial y militar. Cree que será intocable para siempre. Dice, intuye públicamente, desde hace unos nueve años que ha hecho “sacrificios” políticos y que será ferozmente incomprendido, pero no hace caso a los avisos de sus partidarios.


El Palacio San José, en Concepción del Uruguay


Hace pocos días, en Febrero del mismo año, ha recibido con honores excesivamente fastuosos al Presidente Sarmiento en el Palacio. Quiso el General Urquiza hacer ostentación amable y paritaria de su riqueza y de su poder “civilizados” para asombrar al presidente unitario. El sanjuanino ha llegado a Entre Ríos en un buque llamado “Pavón”. Duelo de chicanas entre políticos burgueses “civilizados”. Pavón es uno de los peores recuerdos para los panzas verdes: es el lugar de una batalla que se entregó a los porteños sin luchar hasta el final, es el día maldito de 1861 (hace nueve años) en que Urquiza eligió el camino de la subordinación al poder central para potenciar sus intereses privados. Hasta ahí, sus intereses se combinaban con expansión política y esa expansión contenía y movilizaba la dignidad popular entrerriana.

El pueblo trabajador mirá asombrado, revuelto y lleno de indignación ese espectáculo político bochornoso del poder. Para muchos es la gota que rebalsa el vaso. “El General se ha vendido a los porteños” repiten muchos desde ese 1861. Urquiza le da la espalda a las rebeliones federales en toda la Confederación Argentina -El Coronel Berón en La Paz fue uno de los espíritus rebeldes de ese momento inmediatamente posterior a Pavón-. Las montoneras allá en las provincias y acá le reclaman al caudillo públicamente jugarse, y nada. Avanzan Mitre y cía masacrando a los pueblos. Los enemigos de los pueblos libres de Sudamérica -mitristas, colorados uruguayos, burgueses brasileños- se unen y destruyen Paysandú a principios de 1865. Muchos entrerrianos combaten y mueren solidariamente en la tierra sanducera junto a Leandro Gómez por convicción federal, americana y popular. Urquiza nada. Peor, hace negocios con la guerra.


Paysandú bombardeada


Esas oligarquías enemigas formalizan su “Triple Alianza”, aliada al imperialismo británico como siempre y más que nunca, y masacran también al pueblo paraguayo en una guerra infame. Urquiza ha acordado con Mitre ir a esa maldita guerra, pero una parte de la tropa popular entrerriana se le subleva en Basualdo y Toledo. Su autoridad ya no es tal porque está subestimando al pueblo. Se enoja, hace perseguir a los rebeldes, le pide al propio y leal López Jordan que “respecto a los autores de la deserción de Nogoyá y del Paraná se hace necesario capturarlos, procesarlos y remitirlos tanto, como digo, los de Nogoyá como los de María” (1). Es la moral política del pueblo y su lucha la que forja los grandes momentos históricos, los caudillos ascendien y descienden según interpreten y conduzcan -a su manera, que hay que discutir- esa moral política popular. Algún día el pueblo se dará cuenta que no necesita caudillos y que puede sólo.

En 1868, el General pierde la “elección” de Presidente que gana Sarmiento, apoyado por Mitre, y toma la peor decisión que podía tomar: se presenta a la reelección -ese mismo año- como gobernador de Entre Ríos, cerrando el camino -una vez más- a su fiel lugarteniente e inquieto Ricardo López Jordán (hijo), coronel ascendido a General por el último presidente confederal, Santiago Derqui.


Justo José de Urquiza


Es unánime el criterio entre todos nuestros historiadores, y sobre todo los historiadores urquicistas -Beatriz Bosch, Leoncio Gianello, Leandro Ruiz Moreno, Facundo Arce- del grave error reeleccionista de Urquiza. Esa decisión política -que será la gran decisión política final- del gobernador, ahoga las expectativas de defensa soberana de la dignidad entrerriana, de los anhelos federales y de un mejor futuro político y social, y le aclara definitivamente el panorama a muchos en Entre Ríos: el último Urquiza es el Urquiza real, y ese Urquiza que parecía representar y potenciar al pueblo va a tener que dejar paso al pueblo al que ahora claramente está oprimiendo.

Es mucho ya lo que se le soporta a Urquiza. Ha entregado, ha privatizado parte de la recaudación tributaria de la provincia y el arrendamiento de los campos dejando todo en manos de Antonio Fragueiro -el “Contrato Fragueiro”-. Todo siempre a cambio de recaudación arbitraria y apremiante, créditos, guita fácil, supuesta gobernabilidad, pero ahora todo más patético, miserable, patente, inoportuno e inaceptable que nunca. El pueblo mastica bronca, los intelectuales militantes del periodismo no ahorran críticas públicas al ex presidente: se expresan con fuerza, y luchando contra presiones y censura, Francisco F. Fernandez, Olegario V. Andrade (un tiempo), Evaristo Carriego y José Hernandez quien un par de años después compondrá el mítico Martin Fierro, muy probablemente inspirado en la rebelión y derrota jordanista, pero con una interpretación muy subjetiva, de clase, compleja y tan rica y contradictoria, del propio Hernandez.

Se escucha el galope cercano de los caballos que vienen con sus jinetes ese atardecer del 11 de Abril. Urquiza no da importancia, será uno de los tantos mensajes que espera o alguna consulta, o alguna visita. El galope no se detiene. Se escuchan gritos. “¡Muera el traidor Urquiza, Viva López Jordán!”. El tiempo cotidiano se corta de pronto, como el aliento, y la conciencia tal vez se da cuenta de que está entrando en otro tiempo, el tiempo histórico. Urquiza manda a cerrar los portones del Palacio: ya es tarde, la Historia ya pasó por la puerta sin pedirle permiso, por primera vez sin pedirle permiso, y será sin permiso para siempre.

Urquiza no lo sabe, pero está todo planeado hace varios días. Los revolucionarios están encabezados por los infatigables e irreductibles hermanos Querencio -Mariano y Carlos- y José Mosqueira, entre otros. Varios de ellos han estudiado en las escuelas que ha creado el propio Urquiza hace tiempo, como el gran Colegio del Uruguay que dirigió Alberto Larroque, y vienen a demostrar que los frutos de la dinámica educativa pueden ir más allá de las intenciones del sistema y del poder hegemónico. O que pueden hacerle saber al poder, en cualquier momento, que está traicionando las cosas que hace enseñar en las aulas y en los actos, y que el pueblo tiene derecho a hacerselo saber de la manera que le parezca, buscando con justicia salir de la impunidad y la hipocresía.


Carlos Querencio, a la derecha, en
Fermín Chávez, "Vida y Muerte de López Jordán"


Casi cien años después, hombres de Fe, solidarios y comprometidos, tuvieron que concluir con claridad que se debe comprender y no se debe confundir la violencia injusta de los opresores que sostienen este “nefasto sistema”, con la justa violencia, la justa defensa propia popular y la acción de los oprimidos, que se ven obligados a recurrir a ella para lograr su liberación.

Urquiza corre a buscar un arma, sus hijas le gritan que se proteja. Lo hace, pero será inútil. Hace tiempo la Historia Entrerriana lo busca para ajustarle cuentas. Se ha preparado estratégicamente su final. Ha habido reuniones en Concordia, donde mastican odio y sed de revanchas “blancos” orientales traicionados en Paysandú. Ha habido reuniones en la estancia de López Jordan, en Arroyo Grande, punto estratégico entre Colón y Concordia. Pero López Jordán sólo quiere que apresen al General y lo envíen al exilio, tal vez a Europa. Los revolucionarios le dicen que sí, pero harán otra cosa: van a cortar el mal de raíz, van a liquidar a Urquiza y a sus hijos, a sus posibles sucesores políticos. Los revolucionarios están decididos a todo, sólo quieren que la prestigiosa figura de López Jordán encabece el gobierno posterior a la revolución.

Urquiza dispara e hiere al pardo Ambrosio Luna, pero un tiro del tuerto Alvarez -o del propio Negro Luna- hiere al General en el pómulo. Su fin está cerca. Es grande para caer, pero ya cae. “El general cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, que venía de militar” (2), dicen las crónicas. Entrerrianos -algunos quieren contar el número, como en las elecciones-, orientales, correntinos y cordobeses han hecho justicia. Un día se tenía que terminar tanta infamia política y social. Son los espectros heroicos de Pavón, de Paysandú, de Basualdo y de Toledo que vienen a buscarlo. Va a tener que hacerles compañía en el infierno que el propio General ha pactado y desatado. Son su mano de obra de siempre, que están hartos de la política transera y versera, que por una noche decidieron no ser sus peones.


Representación de la muerte de Urquiza


Los milicianos federales han realizado una acción revolucionaria que se clava para siempre como bandera en la Historia y la conciencia de los entrerrianos, de los provincianos federalistas y de los sudamericanos. Van a tener que hablar para siempre de atentado y revolución los que hablen del pueblo entrerriano y repasen sus gobernantes, sus políticos y su historia. Podrán entregar y saquear la provincia y el país, podrán intentar esconder o maquillar la historia con sus discursos de salón o su anecdotario historiográfico insípido y berreta, pero el hecho estará para siempre, latente, soberano e interpelante. Es la decidida acción revolucionaria del pueblo la que hace la historia grande.

“Una muerte mil veces merecida”, escribe el jordanista José Hernandez sobre la acción del 11 de Abril. Y el designado nuevo gobernador de Entre Ríos, Ricardo López Jordán dice sincera y públicamente en su memorable mensaje de asunción:



Ricardo López Jordán (h)


“...He deplorado que los patriotas que decidieron salvar la instituciones, no hubieran hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló, pero no puedo pensar en una tumba cuando veo ante mis ojos los hermosos horizontes de los pueblos libres y felices.." (3).

La revolución entrerriana tuvo que resistir después la infame invasión del ejército nacional sarmientino. La dignidad y el coraje panzas verdes, casi siempre a caballo, resistió masivamente en muchas batallas por la defensa de la soberanía entrerriana -repetimos, se habla de soberanía en los documentos históricos, y no de “autonomía”- hasta que fue derrotada militarmente por las “modernas y civilizadas” ametralladoras nacionales sarmientinas y roquistas. Los Querencio masticarán bronca estratégica contra Lopez Jordán en su exilio oriental después (4). De todas maneras, quedará para siempre en la conciencia de los buenos entrerrianos la consigna jordanista frente al atropello, el ajuste centralista y la entrega:

“¡El que no defiende a Entre Ríos es un traidor” (5).


Defender la soberanía entrerriana,
impreso jordanista del 20/8/1870, en
Leandro Ruiz Moreno, "Entre Ríos 1862-1930"
(Historia Arg.Contemporánea, Academia Nacional de Historia,
El Ateneo, BsAs, 1967, p.223)


Prof. Mauricio Castaldo – 2/4/2016
María Grande – Entre Ríos

Urquiza tal vez alcanzó a pensar, tal vez sintió -aquel 11 de Abril- que su poder dejó de ser real porque el pueblo se había dado cuenta que era un poder ideológico. La pólvora, los puñales y la sangre fueron testigos de la Historia.

PALACIO SAN JOSÉ

Sigue siendo irreal. Un espejismo
que atravesó los mares y la historia.
Un perenne artificio. La ilusoria
visión de un General. El egoísmo

o la compleja vanidad de un hombre
que concibió el esplendido escenario
para su eternidad, y el temerario
puñal de la traición sobre su nombre.

Nada es real. Ni el lago ni la alfombra
de rosas que a Sarmiento recibiera,
ni la sala de espejos, ni la sombra
de un fugaz centinela de ceniza.

Solo una cosa, acaso, es verdadera.
Una mancha de sangre: la de Urquiza.

Juan Manuel Alfaro


NOTAS:

(1) Fermín Chávez, “Vida y Muerte de López Jordán”, BsAs, Theoría, 1957, p.150.-
(3) “Documentos y Proclamas Jordanistas”, en https://sites.google.com/site/eljordanista/Home/proclamas-jordanistas
(4) Fermín Chávez, ob.cit, p.268.-

(5) Leoncio Gianello, “Historia de Entre Ríos”, Paraná, 1951, p.457.-

lunes, 22 de febrero de 2016

EL COMBATE DEL ESPINILLO, LAS LUCHAS POR LA SOBERANÍA Y LA TRAICIÓN DEL CONGRESO DE TUCUMÁN

-Apuntes para la Historia del Mundo Entrerriano y para Otra Historia de la Historia-

El 22 de Febrero de 1814 se produce el gran triunfo federal en el Combate del Espinillo, a pocos kilómetros de la Bajada del Paraná, hoy capital de Entre Ríos. Entrerrianos y orientales juntos, al mando de Eusebio Hereñú y Fernando Otorgués derrotan a las fuerzas directoriales enviadas desde BsAs y comandadas por el Barón de Holmberg,  militar alemán que un par de años atrás había llegado a la capital-puerto de las Provincias Unidas junto a José de San Martín y otros hombres de guerra. Entre los derrotados, dicen las crónicas históricas, estuvo el santafesino Estanislao López (1) quién, parece, aprendió la lección pero muy a su manera, como otros después, también muy a su manera.

EL ÉXODO ORIENTAL, LA SOLIDARIDAD ENTRERRIANA Y LA LUCHA POR LAS INSTRUCCIONES DEL XIII. 6.000 PESOS POR ARTIGAS:

El gobierno de BsAs había iniciado una guerra frontal a las Instrucciones del XIII, a la posición política y al proyecto que el artiguismo había formalizado de cara a los debates en la nunca bien analizada y siempre sobrevalorada contradictoria Asamblea de las provincias del mismo año, reunida y dirigida por los logistas monárquicos de la capital portuaria. Esas Instrucciones definían y proponían independencia sin especulaciones, república, división de poderes, confederación de los pueblos y capital fuera de BsAs. Era mucho para la burguesía porteña, que rechazó a los diputados orientales, y que ya venía hostigando a Artigas y a su movimiento desde antes, intentando contenerlo conservadoramente sin lograrlo. Ya Sarratea, intrigante jefe burgués porteño y monárquico, había venido a “comandar” en 1812 -y sin suerte, aunque no dejó de ser dañino- el extraordinario movimiento rebelde, revolucionario y solidario que se había generado entre los pueblos orientales y occidentales del Uruguay, rebeldes a la entrega de la Banda Oriental y de Entre Ríos que el gobierno de BsAs había hecho en “Armisticio” al gobierno español atrincherado en Montevideo y apoyado por los portugueses dueños todavía por ese tiempo del Brasil.

El histórico éxodo oriental al Ayuí –la Redota-, en la zona de Concordia, la solidaridad y la lucha conjunta y coordinada de los pueblos rebeldes había sido la respuesta a la transa infame del Triunvirato porteño. El prestigio político y social de Artigas y su proyecto, y el desprestigio de los gobiernos de BsAs fueron permanentes y a la par después de esos enormes hechos históricos generados entre 1811 y 1812. Ese prestigio hizo que los propios jefes militares directoriales como Rondeau, demoraran en publicar –a principios de 1814 y por considerarlo política y posiblemente contraproducente- el decreto del Director Supremo Posadas declarando a Artigas “infame y traidor”, ofreciendo la fortuna de 6.000 pesos de esa época al que lo entregara vivo o muerto y ordenando fusilar inmediatamente a Artigas y a sus seguidores donde se los encontrara.  La intuición política no le falló esa vez a Rondeau. Posadas acusaba de “traidor” a Artigas por abandonar el segundo sitio a la ciudad de Montevideo, que –insistimos- estaba tomada por las fuerzas coloniales españolas. El gobierno centralista que negociaba cobarde y vilmente con españoles, portugueses e ingleses y que había entregado a las provincias y sólo quería someterlas a su política y a sus intereses –que son lo mismo- acusaba impunemente de traición al que se la jugaba en la lucha junto a los pueblos. No era muy creíble.


LAS TRINCHERAS DEL LITORAL Y EL CIVISMO CHARRÚA ENTRERRIANO, MÁS ALLÁ DE LAS TERTULIAS DEL PODER:



Artigas se había retirado, provocadora, indignada y estratégicamente a fines de 1813 ante los atropellos de Rondeau, del gobierno de BsAs y de la Asamblea reunida en la ciudad-puerto. Después de rechazar a los diputados orientales y sus Instrucciones, el gobierno central había convocado otro Congreso y otra elección en la Banda Oriental –el Congreso de la Capilla de Maciel- y Artigas, por supuesto, desconoció esa “segunda” elección. El jefe de los orientales, y ya máximo referente federal, deja algunos lugartenientes en el sitio y se retira a la campaña oriental y a organizar la lucha estratégica en Entre Ríos y en todo el Litoral. Montevideo está al caer –Brown derrotará a la flotilla española pocos meses después- y hay que estar atentos, como se dice hoy futboleramente, a la “segunda jugada” que se venga contra las pretensiones porteñas.

A principios de ese año de 1814, las fuerzas despliegan sus estrategias y sus movimientos. El gobierno de BsAs envía a Holmberg y a sus hombres a La Bajada (Paraná) con el objetivo después de marchar hasta el punto clave del Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) a reunirse con las fuerzas del comandante directorial de esa zona, Hilarión de la Quintana –que ha relevado al Coronel Galván allí después del fracaso conciliatorio de éste y de una sublevación de milicianos correntinos-, y con las fuerzas oficialistas de Perez Planes, que debían venir desde Corrientes. Artigas mantiene comunicación y envía armas e instrucciones a los jefes entrerrianos como Hereñú, y sabe que cuenta con mucha fuerza y adhesión popular en Entre Ríos y en todo el Litoral. Tiene contactos y hombres dispuestos en Corrientes. Igualmente dispone que Otorgués con una división importante de hombres cruce el Uruguay y venga a reforzar la lucha en esta Banda Occidental Entrerriana.

De la Quintana también se percata de que ese fantasma político que es Artigas –que nadie del poder central sabe donde está- y que lo vuelve loco, cuenta sin dudas con el apoyo de la población entrerriana. De la Quintana, sólo con sus soldados y su política vertical, escribe desesperado al Director Supremo:

“El edificio está por desplomarse; los habitantes y las milicias de Entre Ríos están decididos a recibir con agrado a los anarquistas. Mi situación es poco menos que insostenible” (2)

Es extraordinaria esta decisión política del pueblo entrerriano en ese contexto apremiante. Y es una continuidad del histórico espíritu de lucha que nuestro pueblo, que después de Mayo de 1810 se había jugado a favor de una revolución en serio sin especulaciones, a favor de la soberanía particular, de la defensa de la tierra y la seguridad laboral y vital, en medio de una fuerte solidaridad entre los que luchaban. Haciendo gala de esa virtud cívica charrúa –como diría el gran Cesar Blas Perez Colman- el pueblo entrerriano en armas, comandado por líderes como Bartolomé Zapata y otros había derrotado a los españoles aquí en 1811, y los seguía enfrentando sin treguas –especialmente las incursiones de la flotilla española fuerte en nuestros ríos-, al igual que a los portugueses. El propio Artigas había venido como jefe de blandengues, del ejército colonial de frontera, y se había vuelto revolucionario a la Banda Oriental.

Es la movilización horizontal y revolucionaria del pueblo entrerriano, junto a los demás pueblos de la región y el continente, la que hay que valorar y revalorar en los análisis históricos –y enseñarla, porque la buena memoria histórica es la que generará otra conciencia y otro futuro-, y no las tertulias de Belgrano con los capataces de Candioti y de Gregoria Pérez de Denis en Paraná. Zapata, sus gauchos y el pueblo en armas –como la División de Pardos y Morenos que envió BsAs, como la joven adolescente María Boché (3)- fueron los que defendieron a Entre Ríos de la invasión española comandada por Michelena en 1811, no Belgrano –toda la vida contradictorio, monárquico y unitario- que en su marcha a Paraguay, no dio importancia a esa invasión. Algunos dirigentes culturales hoy, siempre tocando historiográficamente de oído, y a veces, ni eso, podrían dejar alguna vez los versos históricos eternamente cómplices –su negocio de baratijas históricas y culturales- a la continuidad del saqueo y la entrega.

DIRECTORIALES EN RETIRADA Y LAS GUERRILLAS EN EL ESPINILLO, DESDE EL AMANECER:

De la Quintana es derrotado por las fuerzas orientales y entrerrianas al mando de Otorgués en el Arroyo de la China. Perez Planes es derrotado paso a paso por los artiguistas en Corrientes   –Curuzú Cuatiá, Concepción, La Cruz-. De la Quintana retrocede con las fuerzas que le van quedando, después de la derrota, el desbande y las deserciones, y vuelve a ser derrotado en el Paso de Gualeguaychú y se retira a BsAs. Holmberg avanza desde Paraná hasta Nogoyá sin mucha suerte: no consigue hombres, no consigue caballos, nada, y lo hace constar. Un remanente de fuerzas directoriales derrotadas en Concepción del Uruguay quiere imponer autoridad y reprime en Gualeguay. Pinto Carneiro –oficial del ejército directorial- fusila al patriota Juan Castares –artiguista, ex alcalde local- en Gualeguay y esto enardece los ánimos populares que ya estaban caldeados (4). Samaniego y sus hombres expulsan a Pinto Carneiro y sus secuaces, y éstos marchan hacia la zona de Nogoyá.

Retroceden desde allí los directoriales reunidos hasta la Bajada del Paraná, que ha sido tomada por Hereñú y sus milicianos, y se produce el Combate del Espinillo, donde las fuerzas centralistas son completamente derrotadas por los entrerrianos que han recibido el refuerzo oriental y federal al mando de Otorgués.

En el parte de Holmberg –que consta en el Archivo Artigas-, comunicando la derrota y la capitulación al gobierno de BsAs, puede leerse:

“…fueron todos de acuerdo ser imposible resistir por más tiempo, a causa de la mucha pérdida que se había sufrido en la acción que al amanecer de éste día habían sostenido y en las guerrillas que en lo más del día no habían cesado, y ser mucho más imposible la retirada, por no haber por donde salir…” (5)

Después del triunfo artiguista, y después de las discusiones sobre las condiciones de la rendición de los directoriales, los prisioneros son enviados al Campamento de Artigas en Purificación (en la región de Paysandú) y son bien tratados por el jefe federal, quién además explica el sentido de la lucha y del proyecto político, buscando convencer a los vencidos, a quienes después libera, para que marchen a BsAs. Sólo son fusilados los criminales como Pinto Carneiro, Ribeiro y Suarez (6), que habían cometidos los atropellos infames en Gualeguay.

El Espinillo significó para Entre Ríos la afirmación histórica del ideal de independencia política y social de BsAs y de toda dominación extranjera, de soberanía particular y la consolidación de la solidaridad federal revolucionaria gestada dos años atrás en el éxodo oriental al Ayuí –“momento constitutivo”, para decirlo como René Zavaleta- y formalizada políticamente en las Instrucciones del XIII, que se defendieron a muerte en los campos de batalla de nuestra tierra y de todo el Litoral.

Artigas vió una reforma política sistémica en marcha con estas movilizaciones revolucionarias. Escribe el 29 de Marzo de ese 1814 al Cabildo de Corrientes, diciéndole:

“…Todos los pueblos situados a lo largo del Uruguay y del Paraná están bajo su mismo pié de reforma y han saludado el restablecimiento de la armonía general, de la prosperidad, la vida y la paz con los sucesos de Gualeguaychú, Espinillo, Bajada, Concepción y La Cruz, y luego que se fije en todo el territorio el plan de su seguridad, se verificará la organización, consultando cada una de las provincias sus ventajas peculiares y respectivas y quedarán todas en una perfecta unión entre sí mismas…” (7)

LA SEGUNDA VUELTA DE LA RESISTENCIA POPULAR ENTRERRIANA:

Pero el poder central no iba a dejar la cosa allí. Después de firmar un Acuerdo con Artigas por intermedio de Alvear –otro infame- que no cumplieron, el Directorio vuelve a invadir, atacar e intentar controlar Entre Ríos y el Litoral –incluyendo la Banda Oriental por supuesto-, en lo que resta de ese 1814. Antes, el gobierno de BsAs había enviado a Amaro y Candioti a negociar con Artigas, pero éstos estaban más a favor del federalismo que otra cosa y el acuerdo no fue aprobado en la capital-puerto. Artigas, por su parte había designado como representante en Entre Ríos a su hermano Manuel, a quién presentó el 3 de Junio de ese año, dirigiéndose “a los Occidentales del Uruguay y Orientales del Paraná”, como “Jefe de los Orientales y Protector de Entre Ríos”, y haciendo votos por “la libertad, la prosperidad y el reposo” (8).

Manuel Artigas será parte fundamental de un nuevo movimiento de extraordinaria resistencia popular entrerriana y federal. El Directorio crea arbitraria y administrativamente las provincias –departamentos diríamos, para el poder- de Entre Ríos y Corrientes -el decreto dice el 10 de Setiembre que “ambos países –hablando de Entre Ríos y Corrientes; subrayamos: países- exigen una autoridad inmediata… bajo la debida dependencia de la suprema del Estado” (9) y designa por las suyas a Blas Pico como gobernador-interventor de Entre Ríos, y éste desembarca en Gualeguaychú con 600 hombres, dirigiéndose a la capital de esa época que era el Arroyo de la China uruguayense.. Además, el gobierno central aprovecha las ambiciones y resentimientos de caudillos y jefes como Hereñú en Entre Ríos y Perugorría en Corrientes para sumarlos a su política y a su reparto de migajas de poder. Dorrego –el Dorrego instituído a posteriori como federal- conduce los ataques directoriales en la Banda Oriental. La situación se complica para los artiguistas.

La continuidad de la resistencia popular entrerriana y litoraleña aquí es más potente que nunca. Ni Pico ni ningún otro interventor, antes y después pudieron conseguir nada del pueblo entrerriano, que ya tenía una definición política. Como explica Filiberto Reula, “Díaz Vélez, gobernador –directorial- de Santa Fe, el 14/10/1814 informa a Posadas que, en el interior de Entre Ríos, se forman grupos armados de opositores que interceptan las comunicaciones de Hereñú con Pico”, y que éste, el 18 de Noviembre, también expone a Posadas la situación adversa, opinando que, para reducir a los entrerrianos y extirpar todo intento de resistencia era necesario fusilar a los rebeldes y sacar de la provincia quinientas familias” (10). Si hoy sigue siendo una idea tremenda, más sería en aquella Entre Ríos de poco más de 15.000 habitantes.

LA NECESIDAD DE UNA HISTORIA MÁS SOCIOLÓGICA Y DE UN REENCUENTRO CON NUESTRA TIERRA:

Una lectura a contrapelo y sintomática de esa declaración nos muestra la extraordinaria decisión y acción de lucha del pueblo entrerriano con el proyecto de Artigas. Una historia “sociológica” a fondo, como la que propuso a su manera Fermín Chávez pero que nosotros debemos actualizar y profundizar hoy, nos muestra que desde los primeros movimientos de Artigas con la lucha criolla en 1811 –y hemos visto que antes también-, ya la movilización democrática y popular fue notable y ejemplar en Entre Ríos. “En nuestra provincia, dice Beatriz Bosch cuando habla de la Entre Ríos bajo la influencia política de Artigas, se tiene noticias de elección de autoridades en reuniones populares verificadas en Nogoyá, Gualeguaychú, Paraná, Tala y Gualeguay” (11). Pinto Carneiro por su parte supo informar a sus superiores del peligro de “las reuniones en el Montiel a favor de Artigas”. Un extraordinario movimiento popular democrático y contrainstitucional, pero que por distintas causas y apremios no llegó a consolidar un poder constituyente confederal, una confederación de derecho, y eso sumaría complicaciones a la larga también.

Blas Pico no pudo concretar por suerte su plan represivo. La resistencia popular entrerriana, litoraleña y sudamericana se lo impidió. El pueblo forzó a Hereñú a volver sobre sus pasos y reacomodarse en el movimiento federal. Blas Basualdo se vino con sus paisanos de Corrientes a la Costa entrerriana del Uruguay y ayudó a resistir heroicamente a los directoriales –tanto sintió después Artigas la pérdida de Basualdo-, Rivera –todavía artiguista- derrotó a Dorrego en el Guayabo y los porteños se retiraron a BsAs. La Liga de los Pueblos Libres pudo afirmarse y Hereñú izó la Bandera Federal en Paraná el 1ro. De Marzo de 1815. Lo que no pudo concretar Blas Pico en 1814, lamentablemente lo concretaría el Presidente Sarmiento en 1870.

Banda roja a dos bandas

La resistencia entrerriana en el Siglo XIX es uno de los procesos políticos y sociales más extraordinarios de la Historia de Nuestra América-Abya Yala, y probablemente del mundo. A su manera notable, Entre Ríos fue el “Vietnam del Siglo XIX”. Hoy, y después de tantos golpes, ese espíritu está disperso en las luchas del pueblo trabajador, especialmente en la lucha ambiental, que seguramente deberá ser profundizada antes de que la Madre Naturaleza se enoje aún más con nosotros. Recordar el Combate del Espinillo y todas las luchas por la soberanía particular y la política confederal debe ser, más que nunca, reafirmar nuestro compromiso en la defensa soberana y el cuidado de nuestra tierra y nuestro mundo de la vida. Recordar las luchas por la soberanía y el federalismo no significa arrancar palmeras y no puede ser hoy mendigar un 15% de “coparticipación” federal al poder central. La memoria histórica profunda del pueblo entrerriano no es una memoria de pedido de limosnas.

LA PRESIÓN FEDERAL, LA DECLARACIÓN Y LA TRAICIÓN DEL CONGRESO DE TUCUMÁN:

La lucha federal continuó y Artigas avanzó con la Liga política hacia Santa Fe en 1815, sumándose después Córdoba. Entrerrianos y orientales, gauchos, nativos, milicianos de todos los colores combatieron solidariamente con los santafesinos, liberándolos, paso a paso, del dominio porteño. Ante el temor del avance artiguista hacia BsAs, donde ya contaba con buena cantidad de adhesiones, el poder central cambia momentáneamente de política. Desobedeciendo la orden directorial de reprimir a los federales en Santa Fe, el ejército se subleva en Fontezuelas, cerca de Pergamino, y provoca la renuncia de Posadas. Rondeau, en funciones militares en el Norte es designado Director Supremo, pero deja su lugar interinamente a Alvarez Thomas. El nuevo directorio avanza con dos cuestiones: una, abriendo un diálogo con Artigas –que a mediano plazo se verá que es solo ganar tiempo para seguir con la misma política- y otra, convocando a un Congreso de las provincias en Tucumán. BsAs seguía pensándose, como en Mayo de 1810, como la “hermana mayor” (12).

Algunos historiadores han hablado exageradamente de la “Revolución Federal de Fontezuelas”, pero más allá de las apreciaciones de cada uno, está claro que la presión federal artiguista provocó la nueva política del Directorio, que en el fondo y a la larga no va a ser tan nueva, más allá de la mitología historiográfica y política oficial. En ese 1815 entonces Artigas y su movimiento han logrado un poder contrahegemónico muy fuerte. BsAs envía la Misión Pico y Rivarola a negociar con Artigas en Purificación pero ésta queda en nada porque los porteños como mucho ofrecen la “independencia” de la Banda Oriental. A los pocos días de ésta reunión se desarrolla el Congreso de Oriente en el Arroyo de la China, afirmando las intenciones independentistas y federales –impensables una sin la otra, y defendidas con las armas desde las Instrucciones escritas de 1813- y buscando volver a negociar con BsAs, con la que se necesita contar en una confederación integral y ante la defensa de un posible contraataque imperial español del que se hablaba mucho.

BsAs siguió rechazando las propuestas federalistas y la guerra civil continuó a la par, o siendo parte de la guerra continental americana. Los gobiernos centrales siguieron proyectando monarquías, unitarismo, principado de las Provincias Unidas con príncipe y/o princesa extranjero y reprimiendo a los provincianos que no entendían ni entienden esos extraños conceptos de “patria” y de “independencia”.

LOS DEBATES EN 1816-1820 Y LA MITOLOGÍA MONÁRQUICA NAC Y POP:

El Congreso de Tucumán se dio en éste contexto y también fue parte de esa política hegemónica. Si uno lee detallada y críticamente una obra como la “Historia del Congreso de Tucumán” de Leoncio Gianello puede ver que uno de los pocos diputados que dio debates fuertes –y en minoría- al poder hegemónico en Tucumán fue el cordobés Miguel Del Corro, federalista que había estado antes en el Congreso de Oriente y que había sido parte de la comisión que ese congreso artiguista había enviado a renegociar a BsAs. El federal cordobés del Corro estuvo activo en los dos congresos por la independencia entonces y es una figura política histórica que merece destacarse en un balance luces, sombras y grises, que debe evitar simplismos e infantilismos pedagógicos. El propio Congreso Nacional –que denominamos Congreso de Tucumán” envió a Del Corro como mediador a Santa Fe, donde el poder porteño se había empantanado políticamente ante la lucha confederal artiguista. Santa Fe (en la Liga Federal) tenía designado un diputado, y Gianello dice que Artigas no hubiera tenido problemas en hacer la elección, pero BsAs no envió una misión de negociación exigida a la Banda Oriental que además sospechaba de algunos movimientos de barcos armados de BsAs. ¿Hubiera valido la pena enviar más diputados federales a Tucumán? ¿Se podía en medio de la doble guerra contra portugueses y directoriales? ¿En qué hubiera terminado?.

En la sesión secreta del 6 de Julio de 1816, el Congreso escucha al Belgrano monárquico y directorial, derrotado y desconocido por su tropa sublevada en Santa Fe, sin ninguna legitimidad política en ese contexto, proponer una monarquía designando a un Inca. Mal que les pese a los historiadores románticos, el inca pensado era Dionisio Yupanqui, un nativo políticamente correcto que había actuado militarmente al servicio de la corona española. Era la figura absurdamente pensada por el inoperante Belgrano como figura conciliatoria: monárquico políticamente correcto para el poder, inca para obtener la adhesión de los pueblos nativos que se necesitaban más que nunca como tropa. El propio Belgrano, tiempo después, y como lo comentó Eduardo Azcuy Ameghino, reconoció en una carta el oportunismo desopilante de su propuesta. Artigas antes le había dado instrucciones al Comandante Andresito –guaraní- que dispusiera la elección y envío de diputados indígenas al Congreso de Oriente. Era bastante más coherente y democrático.

En esa misma sesión, cuyo acta está documentado y puede consultarse en internet, Belgrano dijo que con el Rey Juan de Portugal no habría problemas, porque luchaba contra la “infección” del artiguismo. Los portugueses estaban invadiendo nuestra Provincia Oriental desde el Brasil y atacaron después todo el Litoral y Entre Ríos. Completa la intervención de Belgrano ese 6 de Julio debe ser impugnada históricamente por nosotros y declarada críticamente como infame.

CONSTA EN ACTA LA LUCHA CONTRA LA TRANSA Y LA TRAICIÓN:

El 9 de Julio –hoy bicentenario- y en medio de todas esas luchas y debates se declaró formalmente la independencia de España. A los pocos días, la discusión hizo que se agregara “y de toda dominación extranjera”, ante las sospechas de un acuerdo de la política del Directorio y del Congreso con los portugueses (que después encima se dió). Obviamente era el movimiento federal encabezado por Artigas el que expresaba públicamente esas sospechas fundadas. Obviamente que la declaración de Tucumán es una respuesta para contener el debate y la presión federal. Más claro y directo: evidentemente, la presión federal artiguista logró que se declare formalmente en Tucumán la independencia de todo poder extranjero.

El Acta del 9 de Julio de 1816 es producto y parte de un proceso de debates y luchas que venían y siguieron, antes y después –y en contra también- del Congreso. El movimiento federal siguió luchando por sus ideales. Ese Congreso Nacional en Tucumán, y después trasladado a BsAs, proyectó monarquías, intentó acordar con los portugueses invasores, redactó una Constitución unitaria y monárquica en 1819 –el Director Supremo Pueyrredón intentó negociar un principado francés- y al final fue derrotado por los federalistas en Cepeda en 1820.

El movimiento federal artiguista –representado contradictoriamente por Ramírez y López en 1820- puso fin a la traición del Congreso, cumpliendo y superando el propio Acta histórico que el Congreso había redactado y lamentablemente abandonado. Tanto escribe y dice la política oficial y después abandona…

Pero Artigas fue derrotado por los portugueses, y los porteños ganaron a Ramírez para otra política. Los patéticos y sintomáticos proyectos monárquicos fueron derrotados, pero el proyecto confederal revolucionario también. La política sistémica desarrollaría otras versiones, la lucha popular también.


Prof. Mauricio Castaldo – 21/2/2016
Sec.de Formación de Agmer María Grande
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Foro Artiguista Entrerriano


NOTAS:
(1)    Facundo Arce y Manuel Demonte Vitali, “Artigas, Heraldo del Federalismo Rioplatense”, citados por Leoncio Gianello, “Historia de Entre Ríos”, Paraná, 1951, p. 209.-
(2)    Cesar Blas Perez Colman, “Entre Ríos. 1810-1821”, en “Historia de la Nación Argentina” (dirigida por Ricardo Levene), Vol.IX, BsAs, El Ateneo, 1946, p.227.-
(3)    María Boché de Munita, encarcelada a los 16 años de edad por luchar, citada por Beatriz Bosch, “Historia de Entre Ríos”, BsAs, Plus Ultra, 1978, p.35 y 53.-
(4)    Leoncio Gianello, ob.cit, p.209, y C.B.Perez Colman, ob.cit, pp.227-228.-
(5)    F.Arce y D.Vitali, citados en Archivo Artigas, Director Juan Pivel Dovoto, Tomo XIV, pag 92 del tomo (pag 148 del doc en formato pdf), Montevideo, Monteverde y Cía, 1976. El Archivo Artigas puede consultarse casi en su totalidad en internet, hay un enlace directo en la página del Foro Artiguista Entrerriano, actividadentrerios.blogspot.com.ar.-
(6)    Leoncio Gianello, ob.cit, p.209.-
(7)    Filiberto Reula, “Historia de Entre Ríos” (Tomo I), Santa Fe, Castellví, 1971, p.131.-
(8)    Oscar R. Tavani Perez Colman, “Ramírez y Artigas. Una nueva interpretación”, Colón, ER, Birkat Elohym, 2007, p.87.-
(9)    C.B.Perez Colman, ob.cit, p.230.-
(10)Filiberto Reula, ob.cit, p.135.-
(11)B.Bosch, ob.cit, p.44.-
(12)Leoncio Gianello, “Historia del Congreso de Tucumán”, BsAs, Academia nacional de Historia, 1966, p.28.-

viernes, 1 de enero de 2016

TOMÁS CÓCERES, EL REBELDE DE MARÍA GRANDE CONTRA LA ENTRE RIOS RIVADAVIANA

-Unos apuntes para la Historia del Mundo Entrerriano
y para una futura Entre Ríos en Común-


“...Quien nos provoca
que convierse primero
con Montes de Oca.
De Entre Ríos a Misiones
no almitimos unitarios,
por desliales y arbitrarios
los echamos a empujones.
Y el baile sigue
porque aún es bastonero
Martín Rodríguez…”
“Antigua Litoralera”,
recopilada por Claudio Martínez Paiva y
musicalizada por Ricardo Maldonado




Introducción: El abandono de Ramírez a Artigas y el derrotero entrerriano a manos de los rivadavianos

Leyendo con pasión y placer el extraordinario libro, ya clásico y más que nunca, necesario, “Historia de Entre Ríos” (BsAs, Plus Ultra, 1978) de la gran historiadora entrerriana Beatriz Bosch (1911-2013), uno se encuentra, entre tantas cosas, con la rebelión del Capitán Tomás Cóceres, en María Grande, en enero de 1827, primero contra el gobernador Vicente Zapata, adherente a la política especulativa, entreguista y empobrecedora del tristemente célebre Bernardino Rivadavia, quién en 1826 se había hecho elegir como Presidente de la República de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Y después, la rebeliones continuarán también contra la política parecida de los gobernadores Mateo García de Zuñiga, contra el reelecto Zapata y al final contra León Solas.



Rivadavia, unitario y centralista, representaba desde hacía tiempo los grandes intereses económicos de BsAs asociados al capital imperialista británico. Entre Ríos había iniciado un complicado derrotero politico desde que Francisco “Pancho” Ramírez abandonó -traicionó- en 1820 la causa revolucionaria artiguista de los Pueblos Libres y terminó políticamente a la deriva y asesinado -un año después- por las partidas de su ex aliado Estanislao López.

Lucio Norberto Mansilla, porteño, ex aliado también de Ramírez contra Artigas, entrampó al “Supremo” y, desaparecido éste, se quedó con el poder en Entre Ríos. Más que gobernador, debemos decir que Mansilla fue un interventor del poder central y funcional a los intereses económicos y políticos de BsAs y de Santa Fe en nuestra provincia. Corrupto, negociante, oligarca, estafador, entreguista, Mansilla representó con un estilo tan personal como violento e impune -hasta que pudieron enfrentarlo- los intereses de hacendados, comerciantes y los sectores de dinero -la burguesía propietaria criolla y extranjera-, que en Entre Ríos estaban asociados y dependían del comercio, los créditos y el puerto de BsAs.

Mansilla y sus aliados impusieron a gobernadores como Vicente Zapata y León Solas. No pudieron construir una hegemonía absoluta -nunca se podrá, dijo alguna vez Antonio Gramsci- porque un sector de los hacendados y milicianos entrerrianos resistieron hasta donde pudieron y porque los sectores populares nunca lo aceptaron. Ricardo López Jordán (padre) -quién fuera medio hermano de Francisco Ramírez-, a su manera, yendo y viniendo en política como varios en esa época, y el joven diputado provincial Justo Jose de Urquiza representaban esos intereses propietarios entrerrianos que no querían romper del todo el sistema, pero que no iban a entregar del todo la gestión política provincial en ese marco. Era un equilibrio difícil e inestable (1).

Pero en 1827, surgen nuevamente voces rebeldes, subalternas y populares, como la de Tomás Cóceres, que van a poner en jaque la política rivadaviana y van a incomodar también -en una compleja lucha de clases- a esos federalistas propietarios entrerrianos que, cuando las papas quemaron, siempre terminaron de parte de los sectores de poder y de los negocios fáciles, y abandonando a las clases populares entrerrianas, argentinas y sudamericanas.

La primera rebelión de Cóceres contra el capitalismo especulativo neocolonial

El gobernador Zapata había resultado designado al cargo como parte de una fórmula de acuerdo entre los sectores que promovían a Ricardo López Jordán (padre) por un lado -con el joven Justo Jose de Urquiza jugando fuerte políticamente ya aquí como secretario del medio hermano de Ramírez y/o componedor de grandes intereses cuando fuera necesario-, y los sectores que defendían a León Solas -como el operador político Juan Francisco Seguí- y la política frontalmente rivadaviana de Mansilla y su ¿extraña? alianza con Estanislao López. En medio de la Guerra con el Brasil -se acordaron muy tarde BsAs y las Provincias Unidas de escuchar el reclamo de Artigas, que claro, ya para ésta época no era más un peligro de clase, porque estaba derrotado y exiliado-, Rivadavia envió en misión política a Manuel de Escalada para lograr un acuerdo político entre las partes. De allí surgió la designación de Zapata.

Pero el equilibrio de la balanza política burguesa de Zapata se inclinaba, por el peso de la economía política provincial dependiente y por la falta de fuerza y referencia política propia, para BsAs. El gobernador decide adherir a la peligrosa y antipopular política especulativa y monetaria de Rivadavia y cía, y allí va encontrar la furia popular.

Dice Beatriz Bosch:

“Una medida de orden económico acarrea graves disturbios. Creado el Banco Nacional en el mes de febrero (1826), su emisión de papel moneda constituye novedad recibida con gran desconfianza. Pronto los billetes alcanzan un deprecio del 40% de su valor, mientras la deuda oficial llega a nueve millones de pesos. El gobernador Zapata ordena la circulación del papel moneda sin consultar a la legislatura. Hay enorme resistencia a aceptarlo por la diferencia de valor con la moneda metálica...(2)”

Ricardo López Jordán (padre), Comandante de Concepción del Uruguay, deja en suspenso ese decreto. El diputado Urquiza y otros en la Legislatura lo estudian, concilian y acuerdan esa política monetaria -tantos han acordado hasta hoy cosas parecidas-. El diputado Jose Miguel Romero tiene que reconocer -como señaló la Prof.Bosch- que “los señores magnates eran los que reportaban la ventaja y los infelices padecían”.

Y no era cualquier cosa esa política monetaria, como no son cualquier cosa las políticas económicas. De fondo estaba el grave problema de un gobierno central de las Provincias Unidas argentinas y sudamericanas entregando los resortes de la soberanía política -hipotecando hasta las tierras públicas- al capital imperial británico y a la especulación burguesa y oligárquica. Era un capitalismo especulativo neocolonialista el que se estaba imponiendo paso a paso y Zapata le abría las puertas en Entre Ríos.

Como recuerda el Prof. Juan Antonio Vilar, una parte del capital de ese banco Nacional provenía del empréstito Baring Brothers, la estafa rivadaviana con la Baring, -el origen de la deuda externa argentina generado por el gobierno rivadaviano y sus socios burgueses nacionales y británicos- y la hegemonía de “cinco accionistas ingleses” (3) en ese banco gracias a una maniobra infame de los rivadavianos. Entre paréntesis, la disputa por las minas del Famatina, en La Rioja, ya era parte de las disputas del poder. En nuestra época, la Asamblea Ambiental y Popular de Famatina es un ejemplo extraordinario y ejemplar de rebeldía, organización, lucha, acción colectiva directa y autodeterminación popular soberana. Famatina es hoy la historia de un pueblo que en nueve años expulsó a cuatro mineras transnacionales, imperialistas y biocidas (4).



La rebeldía popular estalló aquella vez en Entre Ríos. El 12 de enero de 1827 el gobernador Zapata informa a la Legislatura sobre revueltas originadas por la resistencia a recibir el papel moneda. “En María Grande se ha sublevado el capitán Tomás Cóceres”, nos cuenta Beatriz Bosch. Hilarion Campos, jefe militar en Matanza (Victoria) también se resiste.

El Presidente Rivadavia envía cuatro mil pesos de auxilio, pero nada resulta suficiente. Ante las dificultades para crear recursos, Zapata renuncia el 26 de enero. En su lugar se elige a Mateo García de Zúñiga. Por ley provincial, el gobierno de Entre Ríos deroga la circulación de ese papel moneda rivadaviano: en el mismo enero de 1827 se prohibe la circulación del papel moneda emitido por el Banco Nacional. La hegemonía oligárquica e imperialista se retarda un poco.

Los rebeldes reclaman auxilio a las tropas y expulsión de los porteños de todos los cargos públicos. El diputado Urquiza salva la situación, defendiendo a los porteños, y proponiendo a los rebeldes que depongan su actitud y que serán atendidos. Así sucede. Hasta allí llega políticamente la intuición de clase de la rebeldía popular regional.

La segunda rebelión contra entreguistas y explotadores

García de Zúñiga gobierna con mano dura y ajustando la economía. El poder central quiere imponer la Constitución unitaria y vertical de 1826. Entre Ríos, que venía debatiendo política y socialmente fuerte su posición, había reafirmado ideas republicanas, federales y autonomistas, y rechaza -con otro fuerte protagonismo del diputado Urquiza- esa Ley máxima antipopular, aunque plantea seguir colaborando en la Guerra con el Brasil y proyecta una política de pactos interprovinciales. El diputado nacional por Entre Ríos, Casiano Calderón, se había desentendido de la posición provincial y había votado por la política unitaria en ese congreso constituyente.

La guerra con el Brasil traía algunos trastornos. El Gral Rodríguez organiza el ejército en el Campo del Molino cerca de Concepción del Uruguay, pero se desarrollan muchos tumultos y deserciones. Además de las privaciones, no podemos olvidarnos que ese Rodríguez unitario era repudiado por los criollos subalternos desde hacía tiempo. La “Antigua Litoralera” recopilada por Claudio Martínez Paiva y musicalizada por Ricardo Maldonado así lo demuestra -nuestras músicas analizadas reflexiva y contextualmente pueden ser grandes documentos históricos-. Según Beatriz Bosch, con esas deserciones surgen allí los matreros.


García de Zuñiga y López Jordán padre, entre otros, van y vienen con la política. Parecen apoyar la lucha contra los brasileños pero tienen acuerdos con la política imperial de los mismos. Entre otras cosas, estaba en juego la recuperación de la Provincia Oriental del Uruguay -invadida desde 1816 por los portugueses y después por los brasileños independientes- y la integridad política soberana y nacional de las Provincias Unidas del Sur.

Las Provincias Unidas triunfan militarmente en la Batalla de Ituzaingó (1827), en Río Grande del Sur (hoy sur “gaúcho” de Brasil, antes Misiones Orientales y pueblos de la Liga Federal artiguista), pero ante la especulación de los jefes militares como Alvear y cía, el triunfo no significa la derrota completa del enemigo. De todas maneras, cien prisioneros brasileños son trasladados a Nogoyá y “distribuidos” entre los vecinos, porque no hay celdas para todos. Varios se fugan. Los demás después son trasladados a Paraná.

El gobierno ofrece un desahogo económico a la población: realizar “vaquerías” en territorio del enemigo brasileño, es decir “cazar” vacas, arriarlas y expropiarlas para el pueblo. Las vaquerías habían sido una de las actividades más importantes en la era colonial en Entre Ríos y el Litoral. Los “gauderios”, los gauchos habían surgido con ellas.

El Capitán Tomás Cóceres, junto al Comandante Miguel Acevedo dirigen las vaquerías. Gran parte de los vecinos de la Costa del Uruguay participan de estas faenas. Se producen refriegas violentas con el enemigo. Se denuncian excesos. El gobierno da un paso atrás y prohibe las vaquerías: parece que la reapropiación popular de la riqueza se le estaba yendo de las manos a los gobernantes y a la clase dominante. Ahí se produce la segunda revuelta que protagoniza Cóceres junto al Capitán de Feliciano, Jacinto Palomero, en Setiembre de 1827.

Por iniciativa del diputado Urquiza, el congreso provincial declara fuera de la ley a estos “robin hoods cimarrones”, a estos “bandidos rurales”. El gobernador García de Zúñiga pone precio a las cabezas: la de Cóceres es la más cara, se pagará quinientos pesos por ella. Los tenientes coroneles Manuel Antonio Urdinarrain y Ricardo López Jordán padre tienen órdenes de reprimir y fusilar a los rebeldes. Y el “Ejército del Orden” gubernamental y patronal “se servirá de los ganados y de los caballos que se tomen a los anarquistas”, como indica la prof. Bosch. No fuera a ser, que de una vez por todas, las vaquitas sean nuestras, del pueblo trabajador, y las penas sean ajenas, sean de los explotadores y entreguistas.


Fragmento del decreto que pide la captura de Tomás Cóceres.

(click para ampliar la imagen)

Como siempre, nuestra burguesía defendió su bolsillo antes que la soberanía: el avance de nuestros rebeldes cimarrones hubiera debilitado tal vez más a los imperialistas brasileños y se hubiera recuperado la Provincia Oriental, con un avance de protagonismo popular. La Banda Oriental terminó siendo un país aparte, el estado tapón del imperio británico en el Río de la Plata, gracias a las transas y entregas de los burgueses de BsAs, de Montevideo, de Entre Ríos y de Brasil, socios directos e indirectos del capital imperial y de sus puertos funcionales.

Los mayores Blas Martínez y Juan Ignacio Reyes, desde los suburbios de Paraná, piden al congreso provincial la deposición de García de Zúñiga. Otra vez el diputado Urquiza se pone en medio, la Legislatura vota y termina eligiendo nuevamente a Zapata, quién pide un préstamo de cuatro mil pesos para tratar de satisfascer a los rebeldes.

El contexto es cada vez más delicado. El poder central firma el tratado de paz con Brasil que produce gran rechazo, y la renuncia de Rivadavia. Zapata busca un equilibrio político y social: nombra a Cóceres y Palomero comandantes de los departamentos donde habían iniciado la protesta. León Solas es designado “General en Armas”. Urquiza sigue presidiendo el congreso provincial.

Una tercera rebelión política y el violento final

Zapata, en Octubre de ese 1827 le entrega el manejo de las relaciones exteriores de Entre Ríos a BsAs, en el marco de una grave penuria financiera. Un par de meses más tarde renuncia nuevamente y se vuelve a elegir gobernador a León Solas, quién tiene que enfrentarse a una nueva rebelión encabezada esta vez por el Comandante de Paraná, Juan Santa María. Se suman enseguida Tomás Cóceres, Ildefonso Burgos y Jose María del Castillo. El congreso provincial vuelve a retroceder y designa otra vez a Zapata, pero Castillo favorece la fuga de Solas que estaba encarcelado. Cóceres arresta por su parte a Zapata. ¿Que cosas se habrán dicho o pensado en ese momento?. Tantas veces el pueblo trabajador y luchador sabe lo que no quiere, pero no sabe lo que quiere ni como lograrlo: no puede superar sus propias contradicciones y límites políticos e ideológicos. El congreso designa otra vez a Solas. En la Legislatura, como antes en los cabildos, están las figuras políticas regionales que representan los intereses económicos y sociales más fuertes de cada zona, y los hacendados entrerrianos van y vienen en su imposible y patético equilibrio de clases sociales y de correlación de fuerzas políticas en ese marco.

Solas pone mano dura y el primero de agosto de 1828, Cóceres y Santa María son fusilados en Nogoyá. El voluble de Solas -Beatriz Bosch plantea que cada politico y caudillejo de esa época como Solas tiene su “avatar”, y que eran “specimens” sin convicciones- pensó que así terminaba con la rebeldía que fue tagüé antes de los tagüé (5), y que continuó de distintas formas y continuará, porque el espíritu político de la tierra puede estar dormido, pero siempre está latente y hay momentos en los que despierta con fuerza.

Esos panza verdes, bien tagüé, llevaron después al propio Urquiza -casi 30 años después- a hacer de Paraná la capital de la Confederación Argentina, esos tagüé ayudaron a defender Paysandú y se negaron a ir a la infame Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay revolucionario. Esos tagüé cimarrones y revolucionarios ajusticiaron al propio Urquiza cuando volvió a darle la espalda al pueblo, y se la jugaron por Entre Ríos, y por una República Federal justa y solidaria, con el otro López Jordán, con Ricardo López Jordán hijo allá por 1870.

Ese espíritu panza verde ha resistido y resiste como puede las entregas y transas del poder, que igualmente nos ha hecho mucho, mucho daño. Ese espíritu del pueblo profundo que está harto de estar “coparticipado”, es decir jodido, por las especulaciones del poder político y económico concentrado y asociado, y sus migajas miserables. Ese espíritu militante entrerriano, litoraleño y sudamericano que hoy más que nunca plantea, a la par de la solidaridad con los que más lo necesitan, defender nuestra tierra y parar los desmontes, los envenenamientos, los represamientos, la segregación urbana y social, como así también parar la impunidad que nunca rinde cuentas, porque el agua hoy nos llegó hasta el cuello. Ese espíritu de resistencia y de lucha, hoy tal vez disperso, pero vivo, que necesita una coordinación, una organización, una plataforma plural común de los afectados por el ajuste, la entrega y el saqueo, una acción colectiva directa y autónoma más fuerte y el desarrollo, paso y paso, desde abajo, confederal y democráticamente, de una Entre Ríos en Común emancipada, para una Argentina, una Sudamérica y un mundo en común.



León Solas, como todos los políticos de su clase, terminó sin pena ni gloria. Fue y vino, y cambió muchas veces de vereda en la lucha política. De acompañar a Hereñú en el triunfo federal en El Espinillo en 1814 a jugar con los unitarios más burgueses, corruptos y criminales -entre otros, con el Montes de Oca también repudiado en la popular “Antigua Litoralera”-. Jugó con Rivadavia y con Rosas, que más da, era parte funcional del surgimiento de la oligarquía porteña y sus socios. La historia y la política están llenas de éstos miserables políticos y militares “transas” que al final no fueron a ningún lado políticamente, pero que hicieron grandes daños al pueblo, porque el pueblo no se supo defender como debía.

El estanciero, político y militar unitario Solas terminó expropiado por Rosas y Urquiza. Murió sin pena ni gloria en Paysandú en 1841, tal vez creyendo todavía lo que habrán dicho algunos alcahuetes y cómplices: “León estás para más, estás para más”, capaz le habrán dicho, y el se habrá muerto -como otros- soñando sus sueños políticos corruptos e infames, arrecostado en alguna palmera.

Por una nueva epistemología y una nueva pedagogía de nuestra historia

Hasta aquí nuestro repaso introductorio de las rebeliones protagonizadas por Tomás Cóceres y otros luchadores en esa etapa de la historia entrerriana, argentina y sudamericana. Hemos intentado realizar una doble lectura reflexiva y sintomática del trabajo clásico e imprescindible de Beatriz Bosch. Una lectura detallada y lineal junto a una lectura y una interpretación, una hermenéutica, crítica, dialéctica y entre líneas, un estudio de la subalternidad, sólo introductorio y a nuestra humilde manera.

Creemos que es necesario avanzar en otra manera de estudiar y enseñar nuestra historia. La historia de fechas, gobiernos y caudillos debe dar paso a la historia de la compleja lucha política, social y cultural de clases. Necesitamos avanzar en el desarrollo de otra epistemología, otra forma de conocer, de construir el conocimiento de nuestra historia, y de otra pedagogía, otra manera de enseñarla. Una epistemología y una pedagogía diferentes implican otra semiótica, otro discurso, otro análisis y otras imágenes de nuestro devenir.

Reproducir los conceptos de la historiografía tradicional, aunque sea críticamente, sigue siendo operar en los marcos del poder. Hablar que la etapa de 1821-1832 (desde la muerte de Ramírez hasta la llegada al poder de Pascual Echagüe) es la etapa de la “anarquía entrerriana” es reproducir un concepto epistemológica e ideológicamente falso y estrecho originado por el poder dominante. Mejor es estudiar a fondo y pensar. No hubo tal “anarquía” porque a-narquía significa etimológicamente “sin gobierno” y gobernantes lamentablemente hubo, y de terror. No hubo tal “anarquía” porque el socialismo anarquista o el comunismo anarquista implica, en teoría política, la gestión pública y común de la riqueza y la más amplia democracia directa. No estuvimos ni cerca en esa época, salvo tal vez en algún fogón de Cóceres y sus paisanos cerca de Río Grande.

Podemos analizar las cosas, pensar y definir la época con otro título. Uno más adecuado, más concreto, puede ser -por ejemplo “La lucha política y social en Entre Ríos en la Era del Cuadrilátero Rivadaviano y Rosista”. Las metáforas, las ironías, la creatividad comunicativa crítica, pueden ser parte valiosa de una nueva manera de estudiar, pensar y enseñar la dinámica y la complejidad de nuestra historia.

Los cambios y acontecimientos históricos, ¿los logró la movilización solitaria de caudillos y “próceres” o los logró la movilización revolucionaria de los pueblos?.

¿Tan difícil es darse cuenta? ¿A dónde vamos a ir negándonos como pueblo nuestra historia profunda?.

Prof. Mauricio Castaldo
María Grande, Entre Ríos
1/1/2016
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Twitter: @castaldoedgar
NOTAS:

(1) Para conocer más detalles de las fluctuaciones del comercio entrerriano y su dependencia con BsAs en ésta epoca, puede verse la obra del Prof. Oscar F. Urquiza Almandoz, “Historia Económica y Social de Entre Ríos” (1600-1854), BsAs, Banco Unido del Litoral, 1978, pags. 226-234.
(2) Beatriz Bosch, ob.cit, p.102.
(3) Juan Antonio Vilar, “Revolución y Lucha por la Organización. Primera y Segunda Décadas de la revolución 1810-1829”, Paraná, EDUNER, 2014, pp.197-198.
(4) “Famatina: la historia de un pueblo que en nueve años expulsó a cuatro mineras”, BsAs, La Nación, 8/11/2015, http://www.lanacion.com.ar/1843559-famatina-la-historia-de-un-pueblo-que-en-nueve-anos-expulso-a-cuatro-mineras
(5) Roque Casals explicó el surgimiento de los conceptos de “panza verde” y “tagüé”, hablando de los soldados de Echagüe y de Urquiza en la Revista paceña Cuando El Pago se Hace Canto. Nosotros ampliamos la idea aquí. El trabajo de Casals puede verse, por ejemplo, en http://www.chamame.com.br/panza-verde-y-tague