lunes, 26 de diciembre de 2016

Segunda libertad de vientres - Por Daniel Tirso Fiorotto

Hermanos míos, no puedo estar en esta fiesta amable porque sé de qué está hecha.

Juan L. Ortiz


                                                                             Juanele interpela

Resumen
Desde la perspectiva del vivir bien / buen convivir (sumak kawsay) y los principios de complementariedad y reciprocidad (yanantin, masintin), observamos que grandes masas de entrerrianos padecen un grado de hacinamiento en su provincia o fuera del territorio por distintas razones, entre ellas la imposibilidad de contacto fluido con la naturaleza. El fenómeno se torna obsceno si consideramos las inmensas superficies productivas y despobladas alrededor. Aquí enumeramos males del hacinamiento y derechos invisibilizados; señalamos el ecocidio generado por la tala rasa en forma simultánea con desarraigo y éxodo rural, y pivotamos en dos interrogantes: ¿es el hacinamiento una manifestación de colonialidad y una marca de racismo? ¿Urge una segunda libertad de vientres para superar este flagelo social?

Abstract
From the point of view of good living (sumak kawsay) and the principles of complementarity and reciprocity (yanantin and masintin), we can observe that, due to many reasons, great masses of the people from Entre Ríos suffer from overcrowding in their province or out of it. One of the reasons is the impossibility to maintain fluid contact with nature. This phenomenon becomes obscene when we consider that Entre Ríos has vast fertile lands that remain unpopulated. Here we enumerate the ills of overcrowding and the rights made invisible; we point out the ecocide produced by deforestation simultaneously with uprooting and rural exodus; and we pivot on two questions: is overcrowding a manifestation of coloniality and a sign of racism? Does it urge a second freedom of wombs in order to overcome this social scourge?

Palabras clave: sumak kawsay, hacinamiento, libertad de vientres
Key words: sumak kawsay, overcrowding, freedom of wombs
Un viaje
Vamos en colectivo. Subimos en la terminal de Paraná hará media hora, nos preparamos unos mates y en este momento nos sorprende gratamente un clan de pirinchos al sol.1
Si en verdad somos el paisaje, aquí marchamos en una cápsula de chapas, vidrios, plásticos, pero el mate nos recupera.
Los diez o doce pájaros que se derraman en racimo por el lateral de un algarrobo2 dicen lo que no es el hacinamiento. En ese punto de confluencia de la comunidad en el paisaje damos inicio a estas reflexiones sobre el hacinamiento en el litoral, con foco en este maravilloso territorio de los panzaverdes, para apuntar hacia una segunda libertad de vientres.

La serenidad
Ahora un puñadito de garzas blancas3 con su habitual parsimonia. Pico amarillo, patas negras metidas en un charco.
Nos viene a la memoria un viaje por esta ruta con Miguel Ángel Martínez, el Zurdo. Junto a los conocidos hornos de carbón con forma de iglú avistamos aquella mañana una bellísima garza con las inmaculadas alas extendidas en el fondo plomizo. Colgaba del cuello, en un cable de alta tensión. Qué pesadumbre. Probablemente la velocidad adueñada de la ruta la había espantado.
Sentimos el adiós de un pañuelo que contara Claudio Martínez Paiva4 como un estremecimiento, porque la modernidad le había truncado el vuelo a la “garza viajera” de Aníbal Sampayo.
Nuestra civilización está enferma de velocidad, dice Edgar Morin.5 El país está enfermo de latifundios, agrega Gastón Gori. La relación no es caprichosa. Desarraigo, hacinamiento, apuro, van de la mano.

Queremos creer que este paisaje guarda fibras de resiliencia, que el hombre acelera, rompe, cuelga la garza del cogote, y la naturaleza hace su duelo pero cura sus heridas y retorna. Queremos creer.
Alcide d’ Orbigny visitó nuestra región en 1827 y avistó a las abuelas de estas aves. “El croar ronco de las garzas me anunciaba con intermitencia su presencia al borde del agua donde solas, en actitud estúpida, aguardaban la aproximación de los peces para atraparlos al paso y retomar luego su impasibilidad acostumbrada”, escribió el francés, y en seguida este tremendo vaticinio: “¡Pobres pájaros! Cuando la civilización haya invadido esta ribera salvaje ya no habréis de recorrer con paso tan leve los meandros de vuestras charcas! Vueltos más ariscos, ya no tendréis tranquilidad. Con demasiada razón sospecharéis trampas y peligros por todas partes, y vuestros hábitos tan confiados cambiarán en razón del avance de vuestros nuevos dueños por esta tierra donde aún imperáis”.6
Hemos conocido aves y peces que comparten un lugar, comen distintos alimentos a distintas horas y de distintas maneras. Así conviven.
Es común la agrupación de ejemplares de una especie. Días antes pudimos ver una bandada de espátulas7 en un camino parecido, todo un manchón rosa a corta distancia, qué regalo; y así varias de morajúes8 y cardenales9 en un revuelo anarquista, y hervideros de patos coscoroba10
Aquí están, ante nuestros ojos, el ñandubay11, el chañar12, los ceibos13, las totoras14. Entonces: ñandubaysal, totoral, chañaral, ceibal, sin excluir a las especies hermanas.
El aire, el agua, el pasto, los murmullos, nada es ajeno. La comunidad se despliega a sus anchas. Pero ¿cómo calzamos los humanos?

Desde el Abya yala
Muchos hombres y mujeres fueron extirpados de este paraíso y viven hacinados en nuestro territorio, o afuera. Todo un contraste.
Hace un par de siglos, la manumisión desde el vientre fue una forma solapada de continuar la esclavitud y cumplir a medias, a la vez, con una demanda. Pero alivió a los esclavizados el saber que los hijos se salvarían de las cadenas, y la comunidad de mandones fue comprendiendo límites.
Oscar Montaño ofrece en su Historia Afrouruguaya diversos testimonios que muestran en nuestra región los tremendos esfuerzos de esclavizados por comprar su libertad, o la de sus hijos, hermanos, nietos. Comenta las denuncias por abusos de los amos sobre las hijas de las esclavizadas, y las promesas de libertad a cambio de sexo. Es decir: la libertad de los niños era particularmente anhelada entre los negros secuestrados en África, mientras negociaban la propia, formando a veces cooperativas de esclavizados y libertos para el rescate.15



Además esa promesa de libertad de vientres era una muy buena noticia porque cabía suponer que la esclavitud se sostendría varias décadas después, como se sostuvo16, aún en medio de la violencia. Estas historias se repiten. Entre Ríos tuvo esclavos en las estancias, hoy sus descendientes se esparcen en todo el territorio.
Ahora: el racismo en la esclavización de los negros de ayer ¿tiene equivalencias con el hacinamiento de los desterrados de hoy? Ese alivio de los padres frente a la libertad de vientres prometida ¿no nos estimula a la hora de pensar recetas contra el hacinamiento?
Aquí nos proponemos analizar el destierro y el amontonamiento de nuestros pueblos del litoral desde saberes antiguos y vigentes del Abya yala (América); principios como el vivir bien y bello / buen convivir, sumak kawsay en quichua, suma qamaña en aymara, tekó porá en guaraní, küme mongen en mapuche, que no son sinónimos exactos pero sí nociones emparentadas que conciben al humano en la naturaleza, en diálogo, en armonía, como fibra de una trama. En adelante resumiremos esa cosmovisión en la expresión sumak kawsay.



También miraremos desde el comunitarismo, en sintonía con el ayllu del noroeste y el tekohá del litoral, es decir, ese espacio de convivencia en el paisaje, en las casas, el pago de uno, donde practicar el sumak kawsay. Y desde el principio de complementariedad o de opuestos complementarios que en quechua decimos yanantin, y el principio de solidaridad y reciprocidad que llamamos masintin. Sin descuidar nuestras tradiciones de resistencia, sea en la lucha del charrúa y las montoneras o el no actuar del altiplano.
Por eso viene bien que digamos Abya yala, voz de los pueblos kuna de Panamá y Colombia traducida como tierra en plena madurez, tierra de sangre vital. Y es que no encontramos razones para aislar a Entre Ríos de los saberes del altiplano, la selva, la pampa, es decir, entendemos nuestra región integrada en un continente, fuera de chovinismos.
Nos preguntaremos si hay en el hacinamiento una marca de racismo, para el individuo y para la comunidad acorralada.
El abolicionismo contra la actual segregación (que inspira nuestro aporte) apela a la conciencia, de donde derivarán quizá luchas y leyes; y la reflexión va dirigida especialmente al pueblo desterrado, hacinado, desnaturalizado.
Planteamos una reforma agraria y no (sólo) para devolver tierras al humano sino para devolver el humano a la tierra, lo cual haría sustentable el proceso y sobre principios hondos, no utilitaristas. Un cambio que reformaría la estructura de la propiedad y del uso de la tierra, y atacaría una enfermedad que nos consume en la acumulación, el consumismo, el individualismo, el antropocentrismo, la mala alimentación, el hambre.



Ninguna originalidad
No venimos a descubrir el problema del hacinamiento. Ya en 1951 en su obra “Tierra y libertad” (en homenaje al lema de Emiliano Zapata), dijo Luis R. Mac’Kay: “Se ha producido un verdadero éxodo de liberados que huyen del campo… que no luce para la economía de la nación, pero luce esplendente para ellos en el ‘Gran Buenos Aires’, como se ha dado en llamar para escarnio del federalismo argentino a la capital federal y poblaciones circunvecinas, verdadero monstruo que sustrae, absorbe y abarrota la juventud campesina, naturalmente dotada para el esfuerzo y fecunda iniciativa que demandan los surcos, malogrando su vocación natural y nobles aptitudes y deformando así su espíritu y su vida. No ha emigrado solamente el campesino proletario, sugestionado por mejores posibilidades, sino también el hijo del chacarero, defraudado y sin perspectivas en la actividad rural… con sus cartas rudas, pero preñadas de seducción, atrajo a sus hermanos, parientes y amigos que siguieron el espejismo, así vivieran hacinados en una habitación o en miserables tugurios improvisados en los baldíos cercanos”.17
Rafael Barret lo vio entre los guaraníes. En “El dolor paraguayo y lo que son los yerbales”18 arenga para no tolerar “que la tierra, en cuya faz venerable hemos esculpido nuestra estupenda historia, sea de quien no la merece. Luchemos por conseguir que cada hombre, al nacer, encuentre su parte de herencia natural, la parte de tierra a que tiene derecho”.

La tierra en el centro
La inquietud por el acceso del humano a un espacio es antigua. En nuestra región, con tantas familias de tradición judeocristiana, suponemos que aún resuenan los ayes sobre los malvados del Libro de Isaías, con amenazas de juicio divino a la voracidad: “¡Ay de los que juntan casa a casa y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?”.
Para algunos historiadores como César Pérez Colman la precoz matanza de pueblos originarios “colocó a Entre Ríos en una situación de privilegio”, y fue “una fortuna” la eliminación de ese “problema social” que se oponía a la “obra civilizadora del conquistador”.19 El racismo en la historiografía regional daría para otro estudio.
La tierra está en el centro de las luchas por la libertad. Elsa Vignola dedica varias páginas al independentista entrerriano Bartolomé Zapata, y antes a la situación social de este territorio. Dice de Gualeguaychú: “El progreso de esta Villa se vio entorpecido por los conflictos surgidos con los grandes terratenientes”, y cita a Leoncio Gianello para apuntar “la incertidumbre en que vivían gran parte de los pobladores con respecto a la tierra que estaban trabajando y cuya propiedad alegaban poderosos terratenientes vinculados a las autoridades virreinales que amenazaban desalojarlos”.20 Luego copia a César Blas Pérez Colman: “Ningún factor gravitó tanto en la opinión pública, como el que engendró la lucha librada por los pobladores a fin de no ser desplazados de sus posesiones. Por ello la aspiración por el logro de la autonomía gubernativa asumió los caracteres de una pasión popular”. Y termina entonces Vignola: “Como vemos, nuestros paisanos identificaron la patria con la tierra, de ahí su ardiente defensa aún a costa de sus vidas”.21 (No es difícil ver cómo entronca con el principio de soberanía particular de los pueblos que enarbolaría José Artigas).
Mencionaremos más adelante ciertas respuestas de Tomás de Rocamora y José Artigas, sin menoscabo de la resistencia anterior de los pueblos a la invasión privatizadora. Manuel Belgrano se ocupó también del asunto en el norte de la Mesopotamia en su expedición al Paraguay.
Más cerca en el tiempo Alejo Peyret buscó abrir una brecha, principalmente con la idea puesta en los inmigrantes. En la obra Peyret y Goliat, el estudioso Américo Schvartzman resalta su concepción de la democracia agraria, “y su planteo de que entre ‘la estancia’ y ‘la colonia’ había una contradicción insoluble y de cuya resolución dependía el futuro de la república. ‘Ha llegado el momento de decidir cuál de estas dos señoras ha de sacrificarse’, le escribe a Urquiza… Peyret vincula la idea de la subdivisión de la propiedad rural a la cooperación, y a la ‘democratización de la propiedad aristocrática’”.22

Eso en torno del acceso al suelo para el trabajo, pero en estas últimas décadas predominó en cambio la concentración de la propiedad y la tenencia. Es notoria la merma de explotaciones y de población rural en Entre Ríos y eso influye en el conjunto. Hay departamentos como Nogoyá y Tala que en medio siglo disminuyeron su densidad demográfica.
Por otro lado, la naturaleza está recuperando un lugar en la conciencia. Entre Ríos recuerda en 2016 las dos décadas de la histórica lucha popular que enfrentó al imperialismo contra el represamiento del Paraná Medio, por caso, y culminó con una ley anti represas. Este aniversario encuentra a los panzaverdes unidos contra la explotación de los hidrocarburos por métodos no convencionales. La fuerza participativa de las asambleas en estos 20 años es toda una novedad, empezando por los colectivos a favor de la salud del agua y contra los agrotóxicos y transgénicos.
La Constitución de Entre Ríos de 2008 refleja en alguna medida esa inclinación: Artículo 22, ambiente sano y equilibrado, desarrollo sustentable, preservación; Artículo 83, principios de sustentabilidad, precaución, equidad intergeneracional, prevención, utilización racional, progresividad y responsabilidad, preservación de ecosistemas, corredores biológicos, conservación de la diversidad biológica, medidas preventivas y precautorias del daño ambiental.
Más se nota la relación estrecha naturaleza/cultura en la Constitución de Bolivia cuyo preámbulo anuncia: “Principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien”. Y la de Ecuador, que celebra la Pachamama y reconoce el sumak kawsay y los derechos de la naturaleza más allá del humano.
La Pachamama está en el centro de la cosmovisión ecológica de nuestra región amplia y sin compartimentos estancos. Desde allí miramos nuestro estado de cosas. Es una antigua tradición que da respuesta a los problemas del futuro.
Eugenio Zaffaroni apunta precisamente al inmenso campo que abre esta concepción andina llevada al derecho. “El constitucionalismo andino dio el gran salto del ambientalismo a la ecología profunda… La invocación de la Pachamama va acompañada de la exigencia de su respeto, que se traduce en la regla básica ética del sumak kawsay… La ecología profunda, basada en el reconocimiento de la personería jurídica de la naturaleza, no deja de producir cierta molestia y abierta desconfianza en el campo de la teoría política”, admite Zaffaroni.23

El apuro
Seguimos en un vehículo llamado colectivo, pero bastante enfrascados, cada uno en lo suyo. Individuos sumados nomás. Cortinas corridas, aire acondicionado. Días antes habíamos conversado en Paraná con estudiantes de tres establecimientos, y nos fue imposible lograr alguna referencia a la cigüeña que nos trae al mundo, el tuyango24. Pues aquí avistamos varios ejemplares ya.
Menos comentarios recibimos sobre el simpático aguará popé25, de hábitos nocturnos. Los alumnos conocían algo del mapache del norte, nada de su primo que lava sus alimentos con las manitos aquí, en la orilla. La distancia del humano y su entorno es palpable en nuestra región. La muerte de humanos en ruta da para un análisis desde distintos ángulos. Veinte personas por día en la Argentina, muchos de ellos chicos, con la velocidad como principal causa. No solo ignoramos el entorno o lo menospreciamos, subidos a la soberbia del que se tiene por superior: también nos matamos. Y lo mismo se ha naturalizado la masacre de otras especies: el destino de la comadreja (mbicuré)26 es emblemático. Pero esa guillotina en que convertimos las rutas no se llama catástrofe, se llama apuro.
En la chamarrita titulada “No sé si un día” que cantaba Juan Carlos Angelino, los también entrerrianos Juan Carlos Alsina y Carlos Santa María añoran “volver al tiempo del sin apuro,/ charla y amargo y algunos vasos,/ que a los amigos, como los tragos,/ no hay que tomarlos jamás al paso”.
Y en el “Regreso pitanguero” con música de Alcibíades Larrosa y letra de Walter Ocampo, una de las canciones bellas del mundo: “Mándeme al monte, madre, para ese tiempo/ en que el almíbar cuelga como un rubí,/ que en esas siestas largas de gestos lerdos/ quiero encontrarme a solas con mi gurí”.
No nos asombra la actitud hacia una siesta lerda y la necesidad de reencontrarse con la autenticidad del niño subido comiendo frutas de ñangapirí27, como tampoco nos asombra la vida comunitaria si está allí, abierta en los hornitos a la vista, por caso. En “Décimas con trinos” dice Héctor Deut del casero28: “No le interesa la moda/ ni gorjeos solitarios/ no pretende campanarios/ ni burgueses privilegios/ su pico no tiene arpegios/ el hornero es proletario”.
Desde el colectivo se presienten hormigas, vaquitas de San Antonio, mariposas; la biodiversidad se despliega, el humano choca y se choca.

Vivir bien / buen convivir
No partimos aquí del hombre sino de la biodiversidad que lo incluye. Arturo Escobar recuerda que los activistas negros del bosque tropical del Pacífico, en Colombia, definen biodiversidad como “territorio más cultura”.29
El lema “nadie es más que nadie” ha prendido bien en esta región y puede interpretarse en un sentido individual, colectivo, o entre especies: el hombre no es más y tampoco es menos.
El desarraigo y el hacinamiento muestran efectos dañinos por varios flancos: el amontonamiento de las personas en lugares inadecuados, las enfermedades, la distancia geográfica y cultural entre las personas y el resto de la naturaleza, la erradicación de la naturaleza en los (no) lugares humanos: también el reemplazo de humanos por máquinas, la ignorancia del humano sobre sus alimentos, la desocupación, la pérdida de soberanía alimentaria y la exposición a los monopolios, el sistema utilitarista que toma al suelo como mercancía; y así el ecocidio y la erosión de los suelos, las pruebas con sustancias químicas que ponen en riesgo o enferman la vida misma desde el embrión y la variedad de especies, la destrucción de una red de antiguos y vigentes conocimientos y oficios, la zozobra de vastos sectores sociales, la pérdida del equilibrio de la complementariedad urbano-rural; la invisibilización de derechos a pensar con identidad propia, a comer sano, a relacionarse, a la soberanía particular de los pueblos, a la vida y el trabajo comunitarios, en definitiva: la aniquilación del principio de armonía llamado vivir bien / buen convivir.



Dicha para nadie
En apenas algunas leguas pasamos del país de los hacinados al país despoblado. Intuimos el río más allá, y no hay caminos que nos conduzcan a la orilla, todo ha sido privatizado. El río mismo, de facto.
No vemos personas cultivando la tierra, caminando en el monte; no vemos personas podando frutales, ni frutales. No hay personas ordeñando las vacas, no hay un horno para el pan, tampoco una fábrica; no hay personas jugando, cantando, no hay canastos de alimentos a la vera de la ruta, ni gallineros. Un paisano a caballo es ya una excepción.
La naturaleza no ha creado pedazo de tierra más privilegiado”, dice Sarmiento en Argirópolis sobre Entre Ríos.30 Suelo feraz, clima benigno, cielo claro, sol a raudales, flores a los cuatro vientos, arroyos, acuíferos, alas y trinos... Y muy pocos humanos.
Las familias que no fueron desterradas están hacinadas, aunque las estadísticas digan que Entre Ríos conserva población rural (ya veremos los censos), y seamos conscientes de que algunos resisten en chacras de citrus, el trabajo con las aves y un par de rubros, no muchos más, porque hasta los tambos fueron raleados.
Nada tiene de novedad esta situación. Podemos comprobarlo en estos versos de Juan L. Ortiz, de 1947. “El agua, diosa también etérea de estos campos./ El agua, que daría la dicha a los hijos de estos campos,/ errantes por los caminos,/ o incorporándose de debajo de los carros con criaturas de pecho en el escalofrío del amanecer...”
El campanilleo de la perdiz flota en la brisa morada./ Hermanos míos, no puedo estar en esta fiesta amable porque sé de qué está hecha./ Para que esta fiesta se hiciera para nadie/ fue necesario que os arrojaran a los caminos/ o a vivir bajo un cielo que no tiene ciertamente sonrisas”.  El álamo y el viento. 1947.
En otros versos: “Cuánta dicha que se da para nadie, ay, para nadie./ La madreselva ha florecido y cubre casi el rancho abandonado”.
El artista de Puerto Ruiz se desgarró ante el destierro y el sistema no ha hecho más que consolidar esa estructura expulsora.
Antes lo había comentado Arturo Capdevila. Tras una gira por el país, contó lo que vio en la capital entrerriana: “Sólo sabemos que esta ciudad de Paraná, enferma del mismo mal que todo Entre Ríos, no saber retener a sus hijos. Los entrerrianos emigran… Entre Ríos es una de las provincias en que más ha gravitado la rémora del latifundio… ¡Lo que sería Entre Ríos con los hombres que perdió! Más en donde la tierra yace en la esclavitud estas nupcias con el trabajo son imposibles; la tierra espléndida se queda triste y el novio magnífico se va”.31
Los viajes del “narrador de ciudades” son de la década del 30. ¿Pasará un siglo para que escuchemos el mensaje?
Hacemos un descanso para señalar un cambio en nuestra mirada. Hasta ayer muchos decíamos “la tierra para el que la trabaja”, pero una visión así llevó a algunos pensadores europeos a justificar la invasión al Abya yala, con el pretexto de que el humano de este continente en algunas regiones no cultivaba el suelo. La idea se entiende mejor si decimos con nuestros pueblos que el hombre es de la tierra y allí vive, cultiva, conversa, recoge frutos, reza, ama, dialoga con sus antepasados. Allí practica los principios del vivir bien / buen convivir que ha enumerado Fernando Huanacuni Mamani (2010).
Este estudioso difundió trece principios que constituyen el vivir bien del altiplano, lo que equivale a no alterar el entorno, si vemos todo interconectado. Esos principios se sintetizan así: saber comer (en aymara suma manq aña - no en referencia al estómago), saber beber (suma umaña - lo mismo, en referencia al fluir del corazón), saber bailar (suma thokoña o thukkuña – Huanacuni dice “saber danzar, entrar en relación y conexión cosmotelúrica, toda actividad debe realizarse con dimensión espiritual”).
Luego: saber dormir, saber trabajar, saber pensar o meditar (“el silencio equilibra y armoniza”), saber reflexionar desde el corazón, saber amar y ser amado (chachawarmi, complementariedad), saber escuchar (no sólo con los oídos – recordemos que también para el charrúa las piedras hablan); saber hablar (para lo cual hay que sentir y pensar bien), saber soñar (proyectar), saber caminar (con la Pachamama), y saber dar y recibir.32
Volvemos a preguntarnos, ¿cuántos obstáculos pone el hacinamiento para recuperar ese mundo?
Bernardino Horne33 denunciaba el latifundio argentino en la primera mitad del siglo XX. Decía que nuestro país era de los que tenían entonces más concentrada la propiedad rural, que la tierra era objeto de especulación sobre su valor social. Y qué decir de las advertencias de Gastón Gori en La Forestal: “En la mesopotamia criolla, latifundios increíbles acaparados por unos pocos”.34
Marcelino Román supo del desarraigo. “Derrumbados afanes fundadores: taperas./ Montoncitos de historia, rastros de vida rota./ ¡Adiós querencia, hogar, enseres, sementeras!/ ¡Tanta gente sin tierra por la tierra rebota!”. Eso dice en su obra Taperas, y luego en Un Rancho: “En el rancho que aprende a ser tapera/ un fuego de biznaga apenas arde”.35

Amontonados en el desierto
Amontonar personas en un mismo lugar no preparado para la vida decente con comodidades, higiene, seguridad, espacios de recreación y oficios: eso es hacinarlas.
En la región litoral se constata y no debe atribuirse a la superpoblación. Entre Ríos cuenta con 16 habitantes por kilómetro cuadrado y tiene vastas extensiones con menos de uno, por el éxodo rural y semiurbano hacia la creciente concentración de almas en el gran Paraná y otras pocas ciudades. Cuba o Costa Rica rondan los 100 habitantes por km2. En un territorio un poco mayor que el de Entre Ríos, Corea del Sur tiene 50 millones de habitantes, casi 500 por km2. Nosotros apenas superamos el millón y siempre parece que sobramos, cuando sabemos que si cada entrerriano tuviera acceso a una hectárea (una familia de diez miembros, 10 ha), todos los habitantes de la provincia ocuparíamos sólo un cuarto de la superficie productiva. Entre Ríos podría contar con corredores protegidos de biodiversidad en las costas de sus ríos y arroyos en millones de hectáreas, sin afectar la vida de los humanos, y apenas protege hoy unos pocos miles de hectáreas en zonas no sostenibles, por el aislamiento de las especies.
El hacinamiento se da con un fenómeno paralelo que es la expulsión. De hecho, Entre Ríos pasó del 5 % de la población de la Argentina en 1947 al 3 % en 2010. Es notoria la presencia de entrerrianos fuera de su territorio. También Santa Fe achicó su participación. En 1947 Entre Ríos era la quinta región más poblada del país. Hoy, la octava. Tucumán, Mendoza y Salta nos superaron.
El hacinamiento afecta a muchas ciudades. Se siente más en los barrios por la falta de espacio para el vivir bien, y de válvulas de escape. La cantidad de personas por habitación, la falta de servicios adecuados, la desocupación, la imposibilidad de cultivar una huerta o criar animales de granja, dan indicios de hacinamiento. Pero aquí miramos desde otro ángulo: el distanciamiento de las personas de ámbitos que les permitan una vida decente en contacto con la naturaleza y con posibilidades, además, de producir alimentos variados, sanos, cercanos. Distanciamiento obsceno, si tenemos a la vista vastas superficies deshabitadas en el mismo territorio.
Como los colombianos, consideramos dentro de la biodiversidad a la naturaleza y la cultura. De manera que el hacinamiento de humanos sin lugar para otras expresiones de la vida entraña un desequilibrio, y peor por la existencia, al lado, insistimos, de amplias zonas sin humanos.
Los pueblos antiguos de la región no ven que el humano pueda desplegar sus alas extirpado del resto de la naturaleza. Atahualpa Yupanqui recitaba un poema del oriental Romildo Risso que dice “si hay leña cáida en el monte/ yo no v’y a cortar un árbol:/ Po’el aire no puedo dir,/ de no, ni pisaba el pasto”. Hoy esa actitud para la mínima invasión no se constata en el hacinamiento de las grandes urbes y los barrios apretados, y tampoco en el sistema de agronegocios a escala con sustancias químicas, transgénicos y enormes máquinas. El hacinamiento enferma. Los agronegocios también. Hemos escuchado conferencias y leído informes de científicos como Andrés Carrasco y Rafael Lajmanovich36, que apuntan los riesgos de malformaciones en embriones, además de los efectos que provocan en la salud de la comunidad el desarraigo y el destierro.

Quatro ambiciosos
El nicaragüense “fundador de pueblos” Tomás de Rocamora, que en sus intercambios con el virrey Vértiz terminó consolidando en 1782 el nombre “Entre Ríos” usado cien años antes, escribió unas cartas sin desperdicios. “Contener y reducir a lo que justamente necesiten a quatro ambiciosos, que quieren abarcar lo mejor de todos estos Partidos, y así impiden su Población”, decía el organizador de Gualeguay, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú.37
Pasaron 230 años, y los “quatro ambiciosos” mandan. Hoy se llaman, claro, banqueros, terratenientes, proveedores de insumos, exportadores.
Rocamora informaba al virrey que los capitalistas de Buenos Aires cometían tropelías contra los entrerrianos pobres, los expulsaban de las tierras que esas familias ya habitaban, y lo hacían con papeles en la mano.
Sólo uno de estos (capitalistas de afuera) tenía, y pienso que aún conserva, avocados sesenta mil postes de la otra parte del Gualeguay, para amojonar por el Arrecife desde aquel Río hasta el Clé, que es decir toda la población más útil de este Partido”.38
Un terrateniente iba a cercar todo el territorio habitado.
Rocamora era parte de un movimiento de invasión que había expulsado y masacrado familias enteras; los charrúas y demás pueblos lo sufrieron al extremo, pero ya gobernante advertía algunos de los despropósitos, defendía a los trabajadores, cuestionaba a los acaparadores.
No sólo promovía chacras mixtas a salvo de incendios, sino que, además, llamaba a cuidar el monte. Lo dice Juan José Antonio Segura: “Por ser de los requisitos más esenciales para la subsistencia de los pueblos la conservación de los montes, destruidos en las costas por el desorden de los faeneros extraños que talaron sin discreción, debía prohibírseles absolutamente el corte de leña y de madera entre los ríos, que quedaría a beneficio de sus vecindarios, pero limitando los cortes al número de hachas y parajes que se les señalaran. A ese fin debía comisionarse en cada partido un juez o comisionado de Montes, dependiente del Comandante principal para que celara y cuidara la observancia de este encargo”.39
Segura aclara: “A pesar del tinte sombrío que Rocamora daba a las cosas, no parece que se hubieran adoptado las solicitadas medidas de protección”.40
Después de 230 años de esas disposiciones, los diarios entrerrianos anunciaban en 2015 la siguiente noticia: “La Cámara Alta dio media sanción al proyecto que crea Fiscalías para que actúen en delitos contra el ambiente”. En el mismo momento, conocíamos la aplicación del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, en vigencia desde agosto de 2015, que reduce el antiguo camino de sirga de 35 metros a 15. Una nueva privatización de las costas, con influencias notables en una provincia con 7.700 ríos y arroyos y más de 41.000 kilómetros de cursos de agua, cuyas costas debieran ser protegidas.
La tala rasa lleva 500 años en nuestro territorio, pero es en los últimos 100 en que la destrucción alcanzó ribetes de ecocidio. La llamada “modernidad” coincide aquí con la expulsión de los habitantes (charrúas, chanás, yaros, guaraníes y otros), el apropiamiento de grandes estancias por “quatro ambiciosos”, y la destrucción del monte. Con matices, hasta nuestros días.

Los deseos desmedidos
Le dijo Rocamora al virrey: “Conténganse Excelentísimo Señor los desmedidos deseos de algunos pocos. Redúzcanse a lo que necesiten mas que sea con abundancia; pero cercéneseles o no se les permita que adquieran lo muy superfluo, para que encuentre acomodo el pobre vecino, que con el producto de la tierra que les sobra a ellos, puede mantener una familia numerosa y útil al estado”.
Asegúrese en quietud a estos vecindarios (es decir, quitémosle las zozobras); repártanse graciosamente los realengos... Habrá tres o cuatro que en el último caso pleiteen contra este arreglo económico. Pero fuera pleitos, valga la razón y asegúrese Vuestra Excelencia que ejecutado como planteo, antes de muchos años será la de Entre Ríos, de que trato, lo que dije, la mejor Provincia de esta América”.41
La expresión “ejecutado como planteo” es clave. Para que Entre Ríos fuera una bella provincia había que asegurar espacios a los vecinos, a sus chacras, y contener los desmedidos deseos de algunos pocos. A 230 años podemos reclamar exactamente lo mismo.
Algunos pensadores europeos tuvieron influencia sobre gobernantes de nuestro territorio. Gaspar de Jovellanos, Pedro Rodríguez de Campomanes, Pablo de Olavide, Benito Jerónimo Feijoo, son señalados, entre otros, por el entrerriano Juan L. Ortiz y el oriental Eduardo Galeano, como fuentes de los cambios propuestos en el régimen de la tierra. Y sabemos que el mismo Rocamora había aprendido la distribución en la Sierra Morena de España.
Juan Antonio Vilar recuerda en su obra Revolución que José Artigas tuvo “una experiencia interesante como ayudante de Félix de Azara con la distribución de tierras en Batoví”42
Tres décadas después de Rocamora, Artigas dispuso en la región un reparto que no encuentra comparación. “El 10 de setiembre de 1815 –en el corto lapso de paz que la Banda Oriental pudo disfrutar libre de españoles, porteños y portugueses- sancionó el Reglamento provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados”, recuerda Vilar43, y enumera los beneficios para negros, zambos, indios, criollos pobres, viudas, bajo la consigna “que los más infelices sean los más privilegiados”.
Admite que Artigas “fracasó en su objetivo de organizar un estado republicano federal”, y “lo que más revela la profundidad de su derrota es su política de distribución de tierras. Artigas es venerado en el Uruguay como el máximo héroe nacional. Sin embargo han borrado todo lo que fuera su lucha”, afirma el historiador de Paraná y apunta: “Una vez que los ingleses crearon la República Oriental del Uruguay, jurídicamente fueron reconocidas como legítimas las concesiones de tierras hechas por los españoles durante la colonia, por los portugueses, los brasileros durante su ocupación, los revolucionarios de 1825 y los gobiernos desde 1830, con exclusión de las hechas por el Reglamento de 1815”.44
El fracaso de la revolución artigueña equivale al triunfo de los “deseos desmedidos de algunos pocos” que denunciaba Rocamora. (En una conferencia sobre la tierra, que se encuentra en Internet, el profesor Juan Vilar demostró que la concentración de la propiedad en la Argentina sigue políticas de la metrópolis, en las antípodas del pensamiento de Artigas).45 El estudioso Curapil Curruhuinca Roux explicó la sanguinaria ambición de la oligarquía argentina (ya no europea solamente) por la propiedad del suelo, extendida a fines del siglo 19 a la Patagonia. “La anexión de las franjas neuquinas sirvió, ante todo, para hacer negocios mayúsculos de venta, reventa y subdivisión, y favorecieron, en primer término, a los capitalistas de la Campaña. Que los hubo. Hubo, sí, quienes jugaron a la campaña. Al feliz desenlace. A la ganancia abundante”.46
Vale recordar aquí que aquellas luchas por el arraigo, el trabajo, el acceso al suelo, se dieron en el mismo año 1815 en que se izaba en el litoral la bandera de la banda roja. Sostener la bandera entrerriana (federal, artiguista) equivale a reavivar, cada mañana, la disputa por la tierra, aunque los sectores de poder traten de ocultar esa raíz. Disputa que, desde los pueblos antiguos, no debe hacerse por asuntos de propiedad y ganancia sino de buen vivir, buen comer, buen beber, con criterio sustentable, como dice Huanacuni.
En el Uruguay, y más cerca en el tiempo, llama Daniel Viglietti “¡A desalambrar, a desalambrar!”. Y pregunta Aníbal Sampayo: “Por qué me quitaron/ la tierra y después/ crecieron los campos/ de un mister inglés”.
En Entre Ríos canta Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, este cielito con letra de José María Díaz: “Si usted sale a caminar/ ve sin fin el campo flor,/ y en tierra de mala muerte/ la ranchada de algún peón./ Cielito, miren qué cielo/ el cielo de los sauzales,/ por qué cambiarnos la tierra/ por un baúl de caudales”…



Ecocidio
Culturas del Abya yala coinciden en el altiplano, la selva, el sur, sobre la armonía del humano-en-la-naturaleza. Es un tema que está presente en las obras del profesor Juan José Rossi, radicado en Chajarí. “La tierra no es del hombre, sino el hombre de la tierra formando una unidad con el resto del universo. Filosofía ésta prácticamente opuesta a la proveniente del mundo occidental-cristiano que sostiene una supuesta superioridad del hombre”.47
En las Jornadas de la indianidad realizadas en abril de 1984 en Buenos Aires (en coincidencia con la apertura democrática), el primer punto de la mesa de trabajo sobre Derechos territoriales dice: “Los indios reclaman la tierra por cuanto su existencia separada de ella no tiene sentido”.48 Y luego: “Por sus derechos inmemoriales sobre ella (la tierra). Y por ser indispensable para su subsistencia y su integridad como Nación su relación con ella responde a la cosmovisión propia de los pueblos indios que consideran a la comunidad humana como parte integrante de la naturaleza y no su propietaria administradora”.
La mesa 4 de política y organización de aquellas Jornadas apunta a los saberes del Abya yala: “Se resume su filosofía en una dialéctica de opuestos, no antagónicos sino complementarios, guiados por una visión unificadora del ser humano con la naturaleza toda y el cosmos… La unidad cósmica y existencial es ley de la naturaleza y motor de la historia… toda opción realista de la participación política debería ser iniciada por la tenencia real de la tierra en forma comunitaria”.49
Podríamos abundar en ejemplos similares. En esa visión del humano confluyen nuestros pueblos, y no es difícil hallar similitudes con culturas de otros continentes.
Sin embargo, en una gira por el litoral y en especial por la geografía de Entre Ríos constatamos con nuestros ojos los vestigios del éxodo, sea en las taperas como en los llamados pueblos fantasmas. La ausencia del humano es palpable en zonas ayer pobladas.
Los censos denuncian el éxodo durante todo el último siglo; lo repiten economistas, historiadores, poetas, trovadores, vecinos.
El proceso de desarraigo y expulsión de las familias y las comunidades tuvo otro fenómeno paralelo: la tala rasa. La destrucción del monte nativo es una marca de todo el siglo XX y principios del XXI. Aunque no hallamos coincidencias en los informes, se calcula que no menos de 10.000 hectáreas fueron taladas cada año.
Para dar un ejemplo zonal, los expertos Juan de Dios Muñoz, Armando Brizuela, Betina Zucchino y Hernán Povedano informaron que solo en la cuenca del Feliciano “al menos 18.500 hectáreas que en 1990 estaban ocupadas por bosque nativo fueron taladas entre 1990 y 2005 dentro de los límites de la cuenca y localizadas próximas al cauce principal del arroyo. Representa una tasa de 1.250 ha por año y un 2, 2% de la superficie de la cuenca”.50
Y estamos hablando en años recientes, ya con restricciones legales al desmonte. Hay informes de 2013 referidos al aumento de actas labradas por desmonte, adjudicadas al corrimiento de la frontera agrícola. Las multas se pagan a veces, y el juego no se frena. ¿Cuántos ejemplares masacrados? ¿Y nidos destruidos? ¿Cuántas especies?
Las consecuencias negativas de la tala en la erosión de los suelos fértiles está comprobada también, sobre todo en Entre Ríos, cuyas arcillas se desgastan con facilidad a razón de 4 a 8 toneladas (y hasta 20 tn) por hectárea, perdidas cada año si no hay cuidados con terrazas en la agricultura (según informes de los ingenieros Egidio Scotta y Carlos Weber).
La devastación de los montes es un ecocidio. Y no matamos para vivir nosotros, porque Entre Ríos es un territorio que expulsa. Es la provincia argentina con menor crecimiento demográfico en los últimos 70 años, sólo comparable en eso con Santa Fe.

Números del destierro
Veamos lo que decía una geografía de Felquer de 1962, textual: “Comparando el censo de 1947 con el de 1960, comprobamos que Entre Ríos es de las provincias que menos población aumentó en dicho lapso… El país, en 1960, en relación a 1947, acusa un aumento de 25,9%, mientras que Entre Ríos solamente representa el 0,8%; Misiones, 34,9%; Buenos Aires, 34,4%; Formosa, 34, y Chubut, 32,6%”.51
Los últimos censos confirmaron la tendencia. Entre 1947 y 2010 la Argentina creció un 152%, contra el 57% de Entre Ríos. Si esta comparación es sintomática, la disparidad con la provincia de Buenos Aires apabulla.
Ecocidio y destierro: triste combo, de una Entre Ríos convertida en zona de sacrificio. En dos décadas se ha multiplicado por tres el área sembrada pero esa mayor producción se realiza con menos campesinos.
El flagelo del éxodo había sido denunciado por décadas. Se imponía un diagnóstico para enfocar correctamente la enfermedad e iniciar un tratamiento adecuado. Sin embargo, frente a las evidencias, los daños del ecocidio y el destierro simultáneos, desembarcó aquí el sistema de agronegocios con producción a escala. Hemos preguntado ante especialistas dónde está el diagnóstico, y cómo se explica el sistema a escala con transgénicos patentados y herbicidas. La respuesta fue el silencio. Llegamos a la conclusión de Arturo Jauretche, que en su Manual de Zonceras recuerda una frase de Varela: “Si el sombrero existe, solo se trata de adecuar la cabeza al sombrero”.52 Metáfora de la resignación.
El monte fue talado. En parte aprovechado para combustible, madera, postes, o quemado. Ese fue el modo de explotar una riqueza, y quitar a la vez un “obstáculo” del camino. Al humano lo empujaron al hacinamiento.
Los barrios de Rosario y Buenos Aires, algunos de ellos de conocidas dificultades para la convivencia, con problemas de desocupación, violencia, droga; y lo mismo los barrios de Paraná, Concordia y otras ciudades entrerrianas, son frutos (en parte) del proceso de ecocidio, desarraigo y destierro, que incluye el epistemicidio, como veremos más adelante.
Para que este proceso se diera sin mayores contestaciones o revueltas fue imprescindible mantener a las familias en la ignorancia sobre su propia condición. La dicotomía cultura/naturaleza, la distancia entre el humano y su entorno, aceitan el camino del destierro. El hombre no sabe, no ama, no defiende. Los desterrados que hemos consultado desconocen las causas de su emigración, las adjudican a problemas personales. La víctima suele creer que no tuvo condiciones para encajar en el mercado. Para lograr esa no conciencia el sistema debió invisibilizar o desacreditar por siglos los saberes del Abya yala, que hoy vuelven por sus fueros, empezando por el buen convivir.

Atopía
En una serie de columnas en diario UNO en 2015 bajo el título “De chacra a confederación” pusimos acento en la atopía y el epistemicidio. Decíamos entonces que la bella complejidad del entorno es la sangre que le está faltando al sistema circulatorio de los establecimientos educativos. Un torrente capaz de transportar nutrientes, oxigenar rincones, atravesar muros creados entre la cultura y la naturaleza, muros entre la escuela y la región, y a la vez cruzar muros entre las disciplinas, esos compartimentos estancos.
El tema era pues el lugar, desdeñado por décadas pero recuperado en los últimos años.
Dice Arturo Escobar: “Al restarle énfasis a la construcción cultural del lugar… casi toda la teoría social convencional ha hecho invisibles formas subalternas de pensar y modalidades locales y regionales de configurar el mudo”.53
Para tratar la necesidad de mayor porosidad en las aulas podemos valernos de la voz atopía y sus acepciones. Por un lado, atopía como “sin lugar”, difícil de clasificar. Lo que carece de ubicación, o lo que no ocupa lugar en el medio corporal. Los conocimientos venidos de casa no tienen lugar (muchas veces) en el aula, no hay cómo ubicarlos en los casilleros de la escuela. Son como exóticos.
En nuestros colegios podemos afirmar que están ausentes el monte, los humedales, la cuenca, el mate. El lugar no tiene lugar en la escuela.
En la segunda acepción, atopía refiere el malestar frente a lo dado, en estructuras que no nos conforman y en las que nos sabemos extraños, expulsados. Comparables a la ausencia de acomodo del eremita en la ciudad, del nómade en el encierro urbano, y de tantos urbanos que celebran huir, cuando pueden, de sus propias urbes.
Ahí atopía expresa al estudiante dentro de las cuatro paredes del aula que (tantas veces) no lo contienen, ese “no lugar”, sitio hostil.
La voz atopía es útil para señalar una condición propia de la persona en la modernidad, lavada de sabidurías y tradiciones milenarias, ignorando también experiencias de siglos, y pendiente de la pantalla del televisor, las violaciones de la propaganda, el entretenimiento, las modas.
Hay otro asunto ligado a la atopía: el litoral expulsa a sus hijos. Atopía dice aquí la incomodidad de los desterrados habitando periferias de grandes urbes, donde su compleja red de conocimientos y valores resulta inútil.
Esa gran urbe alejada de los ritmos naturales, como dice Ariel Drucaroff, desconectada del ecosistema, lo cual facilita nuestra actitud predatoria “incompatible con las capacidades de regeneración y recuperación de la naturaleza”.54
Atopía, pues: el conocimiento familiar menospreciado en el aula, el joven fastidiado entre cuatro paredes, el campesino ajeno en la ciudad extraña, el hombre bloqueado en la modernidad.

Epistemicidio
Todo lo que expulsa, excluye, menosprecia, incomoda; lo que divide, lo que intenta meternos a la fuerza en casillas preestablecidas no es más que el engaño de una modernidad que defiende el sistema capitalista como único posible y la razón como única vía del saber, lo que algunos autores llaman epistemicidio. Boaventura de Sousa Santos señala los conocimientos al margen del monopolio occidental, habla de epistemicidio y propone una ecología de saberes que no implica un menosprecio de la ciencia sino su uso contrahegemónico. “Se ha realizado un epistemicidio masivo en los últimos cinco siglos, por el que una inmensa riqueza de experiencias cognitivas ha sido perdida”.55
En referencia al derecho (clandestino, original) al conocimiento, dice Sousa: “La supresión de este derecho original fue responsable del epistemicidio masivo sobre el que la modernidad occidental construyó su monumental conocimiento imperial. En una época de transición paradigmática, la reivindicación de este ur-derecho implica la necesidad de un derecho a conocimientos alternativos”.56


Frente a los atropellos de la invasión europea, algunos de nuestros pueblos perdieron su condición, o el impacto resultó demasiado grave. Otros parecen aguantar el cimbronazo sin destruirse por completo. La subsistencia de organizaciones milenarias como el ayllu habla de una gran capacidad de adaptación y resiliencia. En el plano intelectual, la recuperación de saberes antiguos en el norte argentino, Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, por caso, es una clave del siglo XXI, y el movimiento Modernidad Colonialidad (M/D) ya resulta insoslayable para comprendernos.

Otros derechos
Hay autores que no ven en la llamada “modernidad” el florecimiento de la creatividad, la ciencia, la industria europea: ven el genocidio, el saqueo del Abya yala y el epistemicidio. Sousa Santos recupera una serie de derechos que llama ur-derechos, derechos originales, que considera clausurados por el sistema capitalista. Señala como primero de estos derechos el derecho al conocimiento, como decíamos. El autor encuentra en la invasión al Abya yala un “epistemicidio”, como consecuencia de un “fascismo epistemológico” que desacredita todo lo que no sea provisto por el invasor.
Convocados por estas ideas, veamos nosotros algunas de las libertades vedadas por la imposición de unas estructuras que jamás lograron (ni lograrán) armonizar con nuestro paisaje. Aquí una enumeración desordenada, abierta a los lectores, para el ejercicio de otros modos de acceso al conocimiento, otras formas de mirarnos, de curarnos del hacinamiento que hemos naturalizado.
1-derecho a apreciar en casa la salida y la puesta del sol, gozar el silencio, interactuar en el paisaje con árboles, animales, arroyos; a ver las estrellas sin interferencia de otras luces y a gozar del aire puro con las fragancias del paisaje, como fuentes de vida plena en armonía y requisitos para el vivir bien / buen convivir. 2-derecho a colaborar en la búsqueda de un espacio adecuado para que un vecino pueda desplegar su vida y la de los suyos. 3-derecho a impedir que una persona, una familia, una comunidad, una empresa, acapare superficies y caiga así en arbitrariedades que cargarán, injustamente, sus descendientes. Y derecho a evitar que los descendientes carguen con las acumulaciones materiales suntuarias de sus ancestros, es decir, que carguen con injusticias de las que no son responsables. 4-derecho a producir los alimentos propios y sanos, como garantía de salud, austeridad y trabajo comunitario, diversidad productiva y soberanía alimentaria, y para el ahorro de energía en los traslados. 5-derecho a dar al vecino obsequios de nuestra cosecha. Derecho a dar (también llamado complementariedad, jopói en guaraní). 6-derecho a preservar la naturaleza y los conocimientos a las generaciones futuras.


7-derecho a conocer el paisaje como un todo armónico, y a protagonizarlo. 8-derecho a reconocer en cada especie un par, a aprender de sus modos y a evitar costumbres que pongan en riesgo la salud o la vida de otras especies. A apreciar y dialogar. 9-derecho del humano a alejar de su vivienda animales que puedan ponerlo en peligro, y derecho de la naturaleza a no recibir en algunas regiones la presencia del humano por ninguna vía, para preservar del hombre la semilla, el nido, la interacción. 10-derecho a negarse a las prácticas invasivas del hombre en el paisaje (el monte, y el suelo, y el agua), y a resistirse a la cosmovisión antropocéntrica, y sus consecuencias. 11-derecho a aceptar la docta ignorancia y fundar allí la negativa a atropellar el paisaje (y en el paisaje el ser humano) y a sostener derechos precautorios. 12-derecho a resistir la acción u omisión de aquellos que dañan a la naturaleza. Derecho de resistencia a los biocidios en sus variantes. 13-derecho a vivir bien, en armonía, conocer el entorno y decidir libremente sobre la organización alimentaria y social adecuada, para asegurar la armonía. 14-derecho de resistencia al apuro que impone la modernidad, a la velocidad, al exceso de horas de trabajo. 15-derecho a preservar y cultivar las distintas vías del conocimiento, su interacción, y respetar los lugares, las regiones, advertidos del epistemicidio de la modernidad; y derecho a la recuperación de saberes sepultados. 16-derecho a no ser hostigado por la propaganda, y a preservar los ámbitos del conocimiento, la amistad, el arte, de modo que los intereses particulares o efímeros no encuentren vías para subordinar al interés común o poner en riesgo la biodiversidad (naturaleza + cultura). Derecho a luchar contra la propaganda. 17-derecho a la vida sana en la naturaleza, y a tratar a los enfermos como tales para su atención y recuperación (víctimas de vicios propios del hacinamiento, del endiosamiento del dinero, del juego, de la corrupción). 18-derecho a deliberar libremente y sin retaceos ni censuras sobre la presencia del capital que pone en riesgo los demás derechos. 19-derecho de resistencia a la tecnología que atente contra el trabajo decente, el conocimiento, la comunidad y la vida. 20-derecho a un espacio donde arraigar y encarar trabajos comunitarios sanos, sustentables.



Mundo zurdeño
Nuestras culturas no conciben al humano separado de la naturaleza, extirpado del paisaje.
Nuestros pueblos no sostienen que es “el guaraní” el impedido, cuando ha sido aislado del árbol y el río; no dicen que “el mapuche” o “el kolla” no puedan desplegar sus alas en el encierro. Hablan de una cosmovisión propia, de saberes antiguos de esta región, pero dicen “humano”. Es decir: somos los humanos, sin distinciones, sin racismos, los expulsados, empujados al hacinamiento y por eso truncados.
La sinergia entre armonía, complementariedad, comunitarismo, en la que calzan como anillo dos premisas artiguistas y charrúas como la lucha por la resistencia contra la colonia y la soberanía particular de los pueblos; en esa intersección se comprende mejor el daño del sistema ecocidio-desarraigo-destierro-epistemicidio-hacinamiento. Y no proponemos aquí un eclecticismo “que habitualmente queda por debajo del menos valioso de sus componentes”, como dice Fortunato Calderón Correa.57 El eje es el sumak kawsay.
Esos pueblos originarios que habíamos descartado por atrasados nos dan lecciones de vida comunitaria, de conservación de la naturaleza y de sabiduría humana. Somos discípulos de ellos”, dice Enrique Dussel, citado por Calderón Correa, que resalta la coincidencia de tradiciones del Abya yala y Asia, y en columnas sobre el ayurveda recuerda: “La organización mundial de la salud ha admitido que el ser humano es cuerpo y mente en relación con el medio ambiente, y que la salud depende de la armonía entre estos tres componentes de una unidad, en lo que vino a coincidir con la ciencia tradicional con algunos milenios de retardo”.58
Agrega Calderón Correa sobre la complementariedad: “Términos que parecen opuestos se resuelven en complementarios, pues donde la oposición tiene razón de ser en su nivel, no la tiene en otro nivel. La complementariedad, cuando se alcanza a percibirla, responde siempre a un punto de vista más profundo y más conforme a la realidad. Dos polos provienen de un solo principio y producen una resultante. El cielo y la tierra, la esencia y la sustancia, derivan de un principio único, y generan los seres manifestados. De modo que cada uno de estos seres es como el reflejo invertido, a través de los principios formadores, del principio original cuya unidad devuelve en su nivel. El universo puede aparecer a nuestra percepción como dividido, pero cuando advertimos la complementariedad de los opuestos, restituye para nosotros la unidad que parecía no tener”.
Si el equilibrio proviene de la adecuación del humano a los ciclos naturales, en lo que empalman el ayurveda, las frases que seleccionamos de las jornadas de indianidad, y los trece principios enumerados por Huanacuni Mamani, está claro que el extrañamiento del humano de su propio entorno será desaconsejado, lo mismo que el encierro en los barrios hacinados, donde ni siquiera están al alcance la aurora o el ocaso.
Tras la muerte en 2011 del músico y cantante solista paranasero Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, llamamos “mundo zurdeño” a ese universo que conjuga arte y ecología, lucha obrera y solidaridad, identidad regional e internacionalismo, la serenidad del mate con la convicción antiimperialista, en fin: esa mirada integral, contra los compartimentos estancos.
Se trata de una vida coherente con influencias diversas que muestran al humano ancho de vecindad, gordo de biodiversidad, alto de símbolos. Desde estas perspectivas resumidas en el sumak kawsay, la distancia entre el humano y su entorno es una distorsión.
Nos daña el no conocer a nuestros compañeros de viaje como decíamos del tuyango, aunque esta gran cigüeña está a la vista, es enorme. Podríamos mencionar ríos, suelos, mariposas, aves, peces; oficios, luchas, voces, artes, saberes ancestrales que involucran la relación del humano y la naturaleza. Nos daña la ausencia de diálogo con la naturaleza, la ausencia de espacio y de paz.
En alguna columna periodística nos preguntamos cuánto nos afecta como sociedad y como personas el desarraigo, la mudanza, el destierro, el epistemicidio, el distanciamiento del humano y el resto de la naturaleza, la pérdida de ciertas bases para el sumak kawsay, el yanantin y el masintin. Convendría apuntar algo que dice Ariel Drucaroff: “Las grandes ciudades de hoy hace tiempo que han dejado de ser unidades funcionales. La megaciudad actual se ha transformado en un lugar de anonimato, que aísla a sus habitantes entre sí y de su entorno natural; difícilmente se las pueda identificar como espacios para la convivencia, la cooperación, la participación, el cuidado mutuo e incluso para la libertad y la expansión de la paz”.59
Habla de estrés, embotellamientos, sedentarismo y comida chatarra en el microcentro, que deterioran la salud física y mental; y de un “lastimoso contraste”60 en los superpoblados asentamientos precarios periféricos donde las personas mueren por problemas de salud relacionados con las dificultades en el abastecimiento y la prestación de servicios básicos o exposición a contaminantes. Luego enumera diversos riesgos mayores por la aglomeración.

Los empujados
Habíamos sugerido el estudio de algunos puntos en relación al destierro y posterior hacinamiento en los barrios: desaliento de madres, padres, abuelos que ven inútiles sus oficios aprendidos en zonas campesinas o semi rurales y encuentran que su cultura está menospreciada, que sus conocimientos no se pueden aplicar en ese nuevo contexto. Y desaliento por la pérdida de un contexto amable y sereno. Confusión y violencia de jóvenes que no encuentran en qué ocuparse, que ignoran la paz de la vida en relación con la naturaleza y los oficios y ven a la naturaleza como algo extraño.
Amontonamiento artificial, sin tiempo suficiente ni ámbitos adecuados para los lógicos lazos de amistad, familiaridad, diálogo, confianza, etc., y consiguientes masificaciones y rispideces. Accidentes originados en la aglomeración y el apuro, cuyas consecuencias son más dañinas cuando sobrevienen a la pérdida de normas culturales convenidas con tiempo y confianza, dado el estado de agitación y descontento en general de los desterrados, desplazados, desocupados, discriminados.
Drogadicción a la vuelta de la esquina, gracias al estado de una juventud cuya familia fue arrancada de su ámbito, donde los padres deben ocuparse de sus esforzados trabajos y viajan muchos kilómetros al día, de modo que dejan a su prole en cierta soledad. Y gracias a la desocupación de tantos que fueron expulsados también por el sistema educativo y encuentran una (engañosa) salida en el dinero fácil del delito.
Enfermedades de la alimentación, por la imposibilidad de cultivar hojas, frutas, semillas, hortalizas propias, en cercanía, y porque las familias se ven obligadas a consumir productos del sistema artificial, con transgénicos, herbicidas, insecticidas, conservantes. Y enfermedades de la comida chatarra que los padres consumen en los resquicios de sus tareas y viajes estresantes.
Muerte en calles y rutas (21 personas por día en la Argentina, mayoría jóvenes), debido en gran medida a la confluencia de viajes de placer y transportes de cargas voluminosas en un sinsentido de comercio, por la ausencia de alimentos en cercanía; y por el crecimiento urbano desorganizado que pone las calles al servicio de los prepotentes, contra las mayorías de a pie o ciclistas que no encuentran senderos adecuados. Enfermedades propias de oficios insanos como el cartoneo, en contacto con los desperdicios, y por la contaminación de las napas de agua y el aire en el hacinamiento.
Accidentes y enfermedades producto del desarraigo que padecen las familias, obligadas a abandonar una cultura que no es reemplazada siquiera por otra, sino copada por organismos estatales destinados más a la contingencia que al conocimiento de la cultura profunda. Enfermedades no debidamente identificadas, producto del disconformismo general, que rompe lazos de amistad, solidaridad, tolerancia, e invita al sálvese quien pueda. Violencia provocada por las asimetrías crecientes entre sectores repletos de bienes suntuarios y sectores que, desprovistos de todo, padecen una agresiva propaganda para adquirir lo que sus ingresos no les permiten. Enfermedades psicológicas originadas en la ausencia de expectativas y el sentimiento de inutilidad que embarga a familias desplazadas, desocupadas, trasladadas a ambientes que consideran poco hospitalarios para sus costumbres; y familias que se ven obligadas a soportar el sistema de compra de conciencia para sobrevivir.
Enfermedades por la ausencia de servicios cloacales, agua potable segura, desagües pluviales adecuados, y accidentes e inseguridad por falta de atención adecuada de la seguridad y los servicios de energía. Las familias que mueren en invierno por incendio o asfixia debido al mal uso de la electricidad o los sistemas de calefacción, son un ejemplo.
Riesgos para la salud por la ausencia de caminos y veredas adecuados, y las dificultades de transporte e incluso para el ingreso de ambulancias o carros de bomberos en circunstancias extremas.

Los selk’nam
Luis Alberto Borrero se detiene en la experiencia de los selk’nam (onas) en el extremo sur.61 Pueblos nómades obligados al sedentarismo; cazadores recolectores obligados a otra alimentación; desnudos obligados a vestirse de otros modos; separados en grupos obligados a juntarse y hacinarse. La violencia interna, las enfermedades para las que no tenían anticuerpos, la difusión de esas enfermedades por el hacinamiento, los cambios alimentarios, los cambios de oficios, los problemas de higiene originados en el cambio abrupto de la forma de vida, además de la violencia y el saqueo externos, todo se complotó contra la vida y fueron desintegrados y exterminados.
La presión del destierro es un mal que actúa en sinergia con otro mal que es el hacinamiento. El destierro destruye conocimientos, modifica hábitos, erosiona las familias. El cambio hace que una red de saberes tejida por milenios se convierta en una manta inútil, pesada. Los poderosos llaman barbarie a las costumbres del otro.
Dice Borrero: “Una sociedad que admite que un esposo tenga más de una esposa, como era el caso de los selk’nam, se supone que está bien preparada para soportar un desequilibrio en la proporción de sexos que sea desfavorable a los hombres adultos. Pero eso es válido bajo condiciones normales, y no en el ámbito de las misiones, donde la actitud hacia el matrimonio con más de una esposa era de franca desaprobación”.
Unos hombres morían enfermos, otros eran cazados por empresarios y militares, los menos quedaban acompañando a las mujeres, pero llegaban los sacerdotes y pastores para recomendarles monogamia. Combo perfecto. La epidemia tenía nombre, se llamaba Occidente.

Gauchadas
Nuestros pueblos antiguos no aceptan rituales en zonas urbanas, porque no ven allí un verdadero lugar. María Ester Grebe recuerda que los mapuches no ven con buenos ojos las ceremonias de las machi, de recuperación de la armonía con el kultrún, en zonas urbanas.62
Drucaroff señala la ilusión de independencia del entorno que generan las perillas y llaves de distintos servicios, de modo que perdemos la conexión con las fuentes de la energía.63
Una distancia similar afecta, dice, la alimentación. “La búsqueda del sustento, su preparación y el propio acto de alimentarse han sido también, históricamente, momentos de encuentro y de conexión con el medio. En las grandes ciudades, el culto a la velocidad ha reducido estos actos a su mínima expresión. No sabemos qué comemos, de dónde procede, cómo fue producido o cómo ha sido preparado. Muchas veces cocinar se reduce a abrir una caja y apretar el botón del microondas”.64
Nada más alejado de la soberanía alimentaria, pero debemos detenernos en esa frase de Drucaroff sobre el momento de encuentro y conexión que ofrece la comida. En una línea similar, Javier Lajo Lazo comenta que el individualismo mina las comunidades, como resultado de una modernidad invasora. “La comunidad fragmentada atacada por todos los frentes, es la consecuencia de la necesidad económica, de la educación colonialista”.65
Entonces encuentra un ejemplo en la confección de tamales en una zona del Perú, a un costo de producción que excede el precio de venta. Para el capitalismo no tiene sentido, porque es inviable, pero en esas comunidades hay otros paradigmas que llevan a una conciencia de comunidad integrada “haciendo bien sus tamales”.
En nuestra región encontramos casos similares como la gauchada, y otros expuestos por el ingeniero Claudio Demo y estudiosos similares de la agricultura orgánica y la chacra familiar mixta, donde las personas no se comportan como se espera en una economía capitalista. “Son irracionales desde el punto de vista de la economía clásica. No buscan ganar dinero a cualquier costa… Siempre hay elementos de relacionamiento que no tienen que ver con beneficios económicos”.66
El campesino le asigna un valor importante al paisaje; la naturaleza no es un recurso: es su casa. Una vecina comentaba cómo se asfixiaba en un lugar desmontado”, recordaba Demo en una conferencia dictada en Paraná, y contra la propaganda aseguraba que amigos suyos de la agronomía demostraron que una huerta familiar multiplica varias veces el volumen de producción del sojero.
El profesional insistía en que muchos campesinos tienen una noción distinta de la propiedad, de manera que un espacio no vale por su cotización en el mercado sino como hogar. Respecto de costumbres no capitalistas, apuntaba que incluso llegan a desbaratar el concepto de trabajo en actividades como la yerra, la carneada, las facturas (carneadas), algunas cosechas, con modos que no encajan en el mercado. “Son trabajos esforzados pero hay risas, chistes, alegría, hay un contexto cultural que los criterios clásicos no pueden comprender; allí el trabajo es una fiesta y te enojás si no te invitan”.
La agricultura familiar, sostenía Demo, es altamente eficaz por la integración de actividades, contra esa tendencia a la especialización moderna.
Se complementa esta visión con la de otros estudiosos como Eduardo Cerdá, por caso, o Jorge Rulli.67 No es difícil colocarla en el marco del ayllu milenario. (Vale decir aquí que la vida comunitaria está lejos de la estatización de la tierra y más lejos la privatización; en nada de eso cuaja el vivir bien / buen convivir).
Con ello subrayamos la viabilidad de modelos absolutamente distintos al actual, algunos en las antípodas, defendidos desde diversas miradas. Otra razón para contraponer al hacinamiento, tan naturalizado.

Racismo
El estudioso Ramón Grosfoguel68 explica las diferentes marcas de racismo, como el tono de la piel por caso, la religión, y sostiene que reducir el racismo a esos factores clásicos es una forma de invisivilizarlo. Para Grosfoguel, podemos descubrir diversas marcas en distintas regiones.
Nuestra hipótesis apunta al hacinamiento como marca de racismo en el litoral argentino.
El hacinamiento coloca a las personas debajo de la línea de lo humano. El hacinado ¿es un humano inferior? Aquí el racismo está emparentado con la clase social, pero el hacinamiento va más allá de un problema de clase: ha anulado en las familias su propia condición. Les quitó la memoria, para que no recuerden la relación humano/territorio. Para que no molesten.
El racismo que padece el “homo hacinado” de hoy le impide la armonía, le impide la belleza, el dar, la solidaridad, la vida serena, la rueda de mate en el silencio reparador y alumbrador; le impide el diálogo con la Pachamama, le impide la comunidad y el trabajo comunitario del ayllu; lo aleja de los alimentos, le impide mostrar un desenvolvimiento con conocimientos y oficios ancestrales que sólo pueden aplicarse en un lugar adecuado. Ese mismo desarraigo le presenta sus conocimientos como inferiores, y el sistema le dará “una mano” incluyéndolo en la lista de consumidores, para mover no su vida sino la máquina del consumo.
Estamos así ante un humano amputado. El “homo hacinado” está desarmado, expuesto a todas las gripes, desamparado. Le han hecho hilachas las mil fibras de la relación comunitaria. Le cuesta verse en el paisaje porque el río, el pájaro, la mariposa, los murmullos del monte se encuentran del otro lado del muro. Y ni siquiera tiene ámbitos donde cobijarse en sus símbolos.
Estamos ante una sociedad bajo diversos asechos. El primero de ellos: creer que el ruido y el apuro dan un “lugar”, y creer que salirse del monte es un “progreso”. La conciencia es la primera víctima.
Ese neorracismo cultural destruye saberes y nos mete en un modelo que uniforma, o excluye. Además, ataca al ambiente con la economía de escala, y desintegra el paisaje porque le faltan trinos, savia, olores, mariposas, humanos.
El problema se presenta mejor en su contexto, cuando vemos vastas superficies inhabitadas y pequeñas superficies atestadas de almas arrinconadas. Ahora, si este es el estado de cosas en un territorio extraordinariamente dotado para la vida con suelos, agua, clima envidiables; si en verdad en este siglo hemos promovido un desvío hacia la muerte, entonces corresponde frenar y revertir el proceso.

Desde los gurises
Sumak kawsay, yanantin, masintin, jopói (manos abiertas mutuamente), ayllu, tekohá son conceptos que devuelven al humano a su ámbito y a su vida en común.
La ausencia de influencia recíproca entre sociedades urbana y campesina puede comprenderse mejor desde los principios de complementariedad y reciprocidad. La devastación de los pares opuestos complementarios, uno por superpoblación, el otro por vaciamiento, es fuente de desequilibrios.
Mientras recuperamos la vida sana, y para aceitar esa recuperación necesaria, ¿no debemos abocarnos a una segunda libertad de vientres? Afrontar el problema del hacinamiento ¿no es prioridad? ¿Y cómo garantizaría la comunidad esa liberación, a través de espacios comunitarios, para que todos los niños nazcan sin estigmas? ¿Cómo ingresarían los gurises en ese aprendizaje a través de sus familiares, vecinos, para que la comunidad misma se devuelva a la tierra, a la Pachamama? ¿Qué requisitos deberán cumplirse en forma paralela para recuperar la biodiversidad y asegurar esa necesaria interacción del humano en la naturaleza?

Colonialidad
El desgranamiento de la población rural y de los caseríos y la concentración poblacional en pocas décadas nos llama a estudiar qué lazos se rompen entre los humanos conminados a sobrevivir sin las demás especies, sin la energía del paisaje; sin los puentes, y fuera de sintonía con los ciclos de la naturaleza. Estudiar los estigmas del hacinamiento para la relación social, el amor, el trabajo.
Si en la concepción del Abya yala la raíz del humano es en la naturaleza, y el homo hacinado fue arrancado, entonces ¿no está bajo la línea del humano? ¿Y no es eso el racismo, según la definición de Grosfoguel?
El proceso más agudo de la concentración ha dado como resultado la macrocefalia que padece el país. En la comparación de la capital y el conurbano con las estancias despobladas podemos estimar las consecuencias y pronosticar lo que nos depara el futuro. Tanto a las víctimas principales como a las secundarias, porque la alta burguesía no está a salvo si ha debido encerrarse entre rejas, perros de mandíbulas, alarmas, paredones y alambres de guetos, lo cual sumerge también a los más acomodados en un tipo de hacinamiento.
Ahora, si todo eso es inquietante, y quizá no haya acuerdo sobre efectos nocivos del hacinamiento, grados del daño, modos de salir; y conscientes de que hemos llegado a un punto sin margen ya para la indiferencia, ¿no operan aquí los derechos precautorios? ¿No debiéramos evitar el desembarco de más humanos en el hacinamiento? ¿Y no será, entonces, una de las vías posibles la segunda libertad de vientre que sostenemos?
Lo interesante de quitar esta herencia a los niños es que de ese modo se cumple un proceso gradual, porque la recuperación de la salud comunitaria requiere de un tiempo para la conciencia, los saberes, la reapertura de caminos clausurados.
Entre Ríos podría ser un ámbito adecuado para revertir el proceso. Aquí los seguidores de Artigas levantamos la bandera del Reglamento de tierra, los urquicistas las aldeas de inmigrantes; los jordanistas cuestionan el contrato Fragueiro (privatización de las rentas) y los desplazamientos forzados; los radicales honran los repartos de estancias en sus gobiernos, los peronistas los suyos, la Federación Agraria difunde masivos encuentros sobre arraigo, los artistas y demás pensadores señalan el problema, la Constitución aborda estos asuntos, tanto la de 1933 como la de 2008; la Iglesia acaba de dedicar un libro de casi 200 páginas a este flagelo en parte (la Carta Encíclica Laudato Si’ de Francisco sobre el cuidado de la casa común). Y las asambleas, y los sindicatos, y los medios, y las universidades. Todos bastante de acuerdo, pero el resultado es una provincia expulsora, con alto índice de desocupación, con grave concentración de la propiedad y el uso de la tierra, con poblaciones enfrentadas al paisaje, ciudades hacinadas y violentas, y un millón de entrerrianos viviendo afuera del territorio. ¿Es que hemos sucumbido a la colonialidad del gran capital y nos entretenemos en ocultar nuestra derrota bajo un parloteo?



¿Es el hacinamiento una manifestación de la colonialidad, entendida como continuidad del colonialismo, la dependencia, la subordinación, por otras vías? ¿No será la segunda libertad de vientres una rebelión decolonial?
Ahora: una vez en conciencia del flagelo y los posibles modos de superarlo, las estrategias y tácticas serán distintas, según las zonas, los rubros, las historias, respetando la creatividad y la soberanía particular de los pueblos que decía José Artigas. Pero aquí resulta obvio que el derecho al sumak kawsay con actitud comunitaria no es compatible con la propiedad concentrada de la tierra y el dinero que predomina hoy.
Si sabemos que la aglomeración y los desplazamientos obligados son formas (coloniales) de servidumbre y generan riesgos mortales, nos queda revertir las causas, empezando por alejar a los recién nacidos y niños de los peligros del hacinamiento. En otras palabras: devolver la vida del humano al seno de la Pachamama.
Eso pondrá a salvo a las generaciones futuras en la medida en que el centro sea la biodiversidad y no el hombre, porque de antropocentrismo está empedrado el camino a la muerte. Al mismo tiempo dará a los padres, abuelos, vecinos, parientes y amigos de hoy, a toda la comunidad, un alivio regenerador, un espacio para la reconciliación con la Pachamama. No estaremos ya bajo presión, entraremos en un cambio de aire.
¿No es un camino prometedor, sanarnos desde los niños? ¿Y no es el conocimiento el fuego de la emancipación?
El capitalismo ha logrado, por ahora, copar las superficies para negocios de pocos atacando la biodiversidad, empujando a las personas, haciéndonos creer demasiados. Un engaño. Esa concepción está en las antípodas de la tradición del Abya yala.
Los caminos prácticos para erradicar dos flagelos, el destierro y el hacinamiento, serán tantos como nuestra imaginación, auténticos como nuestras tradiciones, tiernos y esperanzadores como la sonrisa de las niñas y los niños capaces de mirar desde la cunita un amanecer.

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No más dividido, no, con el hermano, ni consigo mismo, ni con la tierra, el hombre.
Juan L. Ortiz.

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GLOSARIO
Abya yala: nombre antiguo dado por los pueblos kuna de Panamá y Colombia al continente llamado luego América. Tierra en plena madurez, tierra de sangre vital. Nombre aceptado por muchas organizaciones y pueblos para sustituir la voz América.
Ayllu: milenaria forma de organización familiar extendida en el altiplano, con vínculos sanguíneos, territoriales, sociales, laborales, de producción y tradicionales.
Chachawarmi: voz aymara, dualidad complementaria en la relación hombre-mujer.
Jopói: voz guaraní, manos abiertas mutuamente, solidaridad, reciprocidad.
Kultrún: instrumento musical de percusión y religioso entre los mapuche.
Küme mongen: voz mapuche, vivir bien, equilibrio de las fuerzas del mundo.
Machi: persona consejera y médica entre los mapuche.
Masintin: principio de solidaridad y correspondencia entre parecidos.
Suma qamaña: voz aymara, vivir bien, equilibrio.
Sumak kawsay: voz quechua, vivir bien, en armonía.
Tekó porá: voz guaraní, vivir bien y bello.
Tekohá: voz guaraní, lugar donde se desarrolla la cultura del humano en relación con la naturaleza.
Yanantin: voz quechua, principio de oposición complementaria y de intercambios recíprocos.

BIBLIOGRAFÍA
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Zaffaroni, Eugenio (2013). La Pachamama y el humano. Colihue. Buenos Aires.


1 Pirincho. Guira guira.
2 Algarrobo. Prosopis nigra.
3 Garza blanca. Ardea alba.
4 Martínez Paiva (o Payva), Claudio (1954). Lluvia en los Cardos. Tercera edición. Roggero y Cia, Buenos Aires. Poema: Al pie del estribo.
5 Morin, Edgar. Pensador francés. Citas abundantes en la obra Por qué verde, de Ariel Drucaroff.
6 D’Orbigny, Alcide (1998). Viaje por América meridional, Emecé, p. 116 y 117
7 Espátula rosada. Platalea ajaja
8 Morajú. Molothrus bonariensis.
9 Cardenal. Paroaria coronata.
10 Coscoroba. Coscoroba coscoroba.
11 Ñandubay. Prosopis affinis.
12 Chañar. Geoffroea decorticans.
13 Ceibo. Erythrina crista-galli.
14 Totora. Typha angustifolia.
15 Montaño, Oscar (2009). Historia Afrouruguaya. Gobierno de Flores, p. 342 a 349
16 Ibídem, p. 356
17 Mac’Kay, Luis R. (1951). Tierra y libertad – Raigal, p. 164
18 Barret, Rafael (2010). El dolor paraguayo y lo que son los yerbales. CI Capital Intelectual. Buenos Aires, p. 89
19 Pérez Colman, César B. Entre Ríos 1810-1853 (1943). Museo de Entre Ríos. Paraná, p. 65 y 66
20 Vignola de Couchot, Elsa (2010). El grito de Mayo en Entre Ríos, Paraná, p. 41
21 Ibídem, p. 41
22 Schvartzman, Américo (2008). Peyret y Goliat. Obra En tiempos de Urquiza. Revista de estudios e investigaciones históricas nro.1, Palacio San José, Concepción del Uruguay.
23 Zaffaroni, Eugenio (2013). La Pachamama y el humano, Colihue, p. 89.
24 Tuyango. Ciconia maguari.
25 Aguará popé. Procyon cancrivorus. Mano pelada.
26 Comadreja. Didelphis albiventris.
27 Ñangapirí o pitanga. Eugenia uniflora. Pitanga.
28 Casero. Furnarius rufus. Hornero.
29 Lander, Edgardo y otros (2011). La colonialidad del saber. Clacso, Capítulo de Arturo Escobar, El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar, p. 149.
30 Sarmiento, Domingo F. Argirópolis. Elaleph.com, www.educ.ar, p. 71.
31 Capdevila, Arturo (1967). Tierra mía. Colección Austral- décima edición, p. 51 y 52
32 Huanacuni Mamani, Fernando (2010). Vivir bien / Buen vivir. Instituto Internacional de Integración. III CAB, p. 46 a 48
33 Horne, Bernardino: agrarista argentino. Ministro de Agricultura en la presidencia de Arturo Frondizi. Autor de la obra Nuestro problema agrario.
34 Gori, Gastón (1988). La Forestal. Hyspamérica, p. 237
35 Román, Marcelino (1964). Comarca y Universo. Editorial Nueva Impresora, Paraná, p. 86 y 87.
36 Carrasco, Andrés: médico argentino especializado en embriología molecular. Referente principal en la argentina en los estudios de efectos dañinos de sustancias químicas usadas en la agricultura, sobre embriones. Lajmanovich, Rafael: catedrático de Paraná, investigador independiente del Conicet, experto en anfibios, Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas - UNL.
37 Segura, Juan José Antonio (1969). Tomas de Rocamora, p. 307 a 309
38 Ibídem, p. 71
39 Ibídem, p. 106
40 Ibídem, p. 289
41 Ibídem, p. 72
42 Vilar, Juan Antonio (2014). Revolución y lucha por la organización. Eduner, Paraná/Santa Fe, p. 98
43 Ibídem, p. 99
44 Ibídem, p. 100
45 Fiorotto, D. Terratenientes con pelos y señales. www.juntaamericana.com.ar
46 Curruhuinca Roux, Curapil (1993). Las matanzas del Neuquen. Plus Ultra. Buenos Aires, p. 207.
47 Rossi, Juan José (2007). La máscara de América. Galerna, p. 274.
48 Hernández, Isabel (2007). Los Mapuche. Galerna, p. 99
49 Ibídem, p. 106 y 107
50 Diario UNO. El monte degradado tiene futuro. Edición 23 octubre 2005.
51 Felquer, José Francisco (1962). Geografía de Entre Ríos. Nueva Impresora. Paraná.
52 Jauretche, Arturo (2015). Manual de Zonceras argentinas. Corregidor, Buenos Aires, p. 22
53 Lander, Edgardo y otros (2011). La colonialidad del saber. Clacso, p. 134
54 Drucaroff, Ariel (2012). Por qué verde. Edición de autor, p. 244
55 Sousa Santos, Boaventura de (2010). Para descolonizar Occidente. Más allá del pensamiento abismal. Prometeo, Clacso, p. 39
56 Ibídem, p. 109
57 Calderón Correa, Fortunato: periodista argentino de Paraná, autor de la obra Luz, estudioso de los saberes tradicionales en los distintos continentes, crítico de la modernidad y el europeísmo.
58 Agencia AIM. Columna periodística. Junio 2015.
59 Drucaroff, Ariel (2012). Por qué verde. Edición de autor, p. 239.
60 Ibídem, p. 240.
61 Borrero, Luis Alberto (2007). Los Selk’nam. Galerna, p. 115.
62 Grebe, María Ester. El kultrún mapuche. Un microcosmo simbólico. Revista musical chilena.
63 Drucaroff, ob. cit., p. 241.
64 Drucaroff, ob. cit., p. 242
65 Lajo, ob. cit., p. 43
66 Demo, Claudio: ingeniero agrónomo argentino, dedicado al estudio de la agricultura familiar y economía solidaria.
67 Rulli, Jorge: pensador argentino, ecologista, referente principal del Grupo de Reflexión Rural GRR. Cerdá, Eduardo: ingeniero agrónomo argentino, conferencista, promotor de la agricultura sustentable.
68 Grosfoguel, Ramón. Sociólogo de Puerto Rico, puntal de la corriente de pensamiento decolonial.


Sobre el autor
Daniel Tirso Fiorotto es periodista, Licenciado en Ciencias de la Información, columnista de diario Uno. Ha sido redactor en diversos medios masivos, autor y coautor de ensayos, guiones y otras obras literarias. Es miembro del centro de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres (JAPL), el Sindicato Entrerriano de Trabajadores de Prensa y Comunicación (Setpyc), y de diversas asambleas ecologistas.
Contactos:


REVISTA ACADÉMICA
TIEMPO DE GESTIÓN - N° 21 - AÑO 2016
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA GESTIÓN
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE ENTRE RÍOS
U A D E R

domingo, 6 de noviembre de 2016

Nuestra historia y nuestro presente de las luchas con Memoria en UADER. GRADUADOS AL FRENTE

Somos un grupo de graduados de nuestra Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales que nos hemos reunidos para iniciar entre todxs un colectivo social critico, plural, interdisciplinario, comprometido y activo por y para nuestra Universidad Autónoma de Entre Ríos. Nos une la potencialidad de trabajar colectivamente y de forma horizontal para lograr un mayor protagonismo como claustro en lucha por nuestra universidad y en concordancia con los demás claustros (estudiantes, docentes y no docentes).Bregamos por una educación publica, emancipadora, gratuita y laica que defienda los derechos humanos de ayer y de hoy como también que se exprese por la estabilidad laboral y por una UADER con autonomía legitima para todxs y no para unos pocos que la utilizan como si fuera una unidad básica partidaria hegemónica. 
Venimos desde cuando se crea la Universidad con la base de los Institutos de Educación Superior y al periodo del año 2000 al 2004 lo podríamos definir como “La UADER resistiendo”, porque somos hijos de las luchas en defensa de la Universidad ante el intento de cierre neoliberal de las carreras como se lo intento realizar en el año 2004 impulsado por la gestión interventora y con Asamblea y movilización en ese verano “caliente” del 2004 pudimos enfrentar a la gestión interventora y con decisión firme y plural logramos trabajar para frenar el cierre de nuestras carreras y generar los espacios para que todos podamos sostener nuestra Universidad, 

Somos hijos de las luchas y reclamos como los concursos ordinarios por una excelencia académica para nuestra Universidad en el año 2007 que podríamos definir como la UADER “tomada” que mediante Asambleas, Movilizaciones, Toma de Rectorado, Formación, Debate y Producción de ideas y conocimientos logramos evitar que nos deterioren nuestras Facultades de la Universidad Autónoma de entre Ríos.

Somos hijos también de las luchas por la normalización por la autonomía en el año 2012 que podríamos definir como la UADER “Normalizada” que casi la gestión interventora del gobierno del momento quiso arrebatarnos nuestra identidad federal tratando de perpetuar la intervención que logramos frenar con Toma de Rectorado, producciones y expresiones artísticas, con estudio y debates, con asambleas y movilizaciones llegamos a “democratizar” la Universidad.

En nuestro presente donde la hegemonía de la intervención actual ha logrado casi “arrasar” con la Facultad, nos hemos reunido de forma Interclaustro para enfrentar esta situación calamitosa y proponemos nuestro trabajo crítico e interdisciplinario como graduados para que no nos expulsen mas de nuestra UADER sino que nos contengan para integrar todos los espacios como los equipos de cátedras, los grupos y proyectos de extensión e investigación como también todos los espacios de decisión como los Consejos de Carrera de nuestra Facultad, el Consejo Directivo, el Consejo Superior y la Asamblea universitaria para de una buena vez democratizar de forma genuina y horizontal nuestra Uader!,

Por ultimo exclamamos como “GRADUADOS AL FRENTE” – Lista N°7, “la UADER no se vende, se defiende!


Prof. Leandro Amatti integrante de Graduados al Frente Lista N°9

sábado, 5 de noviembre de 2016

Hacer visible lo invisible – Apuntes para una Historia del Mundo Entrerriano (Cap.II)

Si por otra parte tenemos presente cuál ha sido la
orientación que se ha venido siguiendo en nuestra
historiografía americana, en un todo alejada de un
concepto sociológico de la Historia, descubriremos
la razón de porqué resulta imposible un trabajo
definitivo sobre hechos y personajes históricos que
han sido deformados…”
FERMÍN CHÁVEZ
Vida y Muerte de López Jordán”

En la narrativa del capitalismo, la comunidad es relegada a la prehistoria
del capital, un estadio natural, prepolítico y primordial en la evolución social,
que debe ser superado para dar paso a la libertad y el progreso...”
PARTHA CHATERJEE
La nación en tiempo heterogéneo


LAS LUCHAS POR LA SOBERANÍA, LA INDEPENDENCIA Y EL FEDERALISMO

“…Los charrúas no aceptaban caudillos o jefes nacionales
sólo los nombraban en caso de guerra y por excepción…”
Carlos María Aranguren
Hombres del Paraná”

El contradictorio movimiento político criollo contra el absolutismo monárquico español en Mayo de 1810 dio la oportunidad al pueblo entrerriano de afirmar sus derechos políticos avasallados por el coloniaje. Se van a unir en la lucha esos vecinos inseguros –criollos e inmigrantes con algún interés económico y con deseos de afirmar su autoridad local- que tienen miedo a perder sus propiedades a manos de algún funcionario o de algún amigo del poder colonial de Santa Fe o de BsAs con los sectores populares reagrupados siempre movilizados para defender el mayor grado de autonomía política y social posible, autonomía social generada en nuestra tierra a espaldas de la política colonial.

“...De estos indios abnegados -charrúas y minuanes- en la defensa del
suelo de su patria nativa heredó el pueblo entrerriano sus más altas
virtudes cívicas, y la fe con que en todos los instantes de su vida ha
luchado por el triunfo de la libertad...”
Cesar Blas Perez Colman, “Historia de Entre Ríos” (1936)
Tomo I, p,143


Carlos María Aranguren resume, en su trabajo “Hombres del Paraná”, esa autonomía social nativa-gaucha-multicultural que se desarrolló en Entre Ríos en la época colonial. “Muchos peones venidos a Entre Ríos –desde Santa Fe- a trabajar en vaquerías de ganados cimarrones o en tropeadas, se aficionaban a la vida libre e independiente de estos indios y se quedaban a vivir entre ellos, ingresando a la tribu amancebados con algunas de sus indias. Otras veces hacían rancho aparte, pero siempre aprendiendo de estos maestros el arte de vivir libres, sin depender de nadie, a la buena de Dios”. Estos hombres, amplía más adelante Aranguren para mostrarnos a su manera la relación histórica entre el mundo popular entrerriano y la política urbana imperial e inquisitorial, “escapados de la ciudad, escondidos en sus guaridas en los montes o en los pajales de las islas del Delta, ariscos a toda autoridad, vivían sin ley. Para ellos si estaba bien aplicado aquello de sin ley, sin Rey y sin Dios”.



“…Los charrúas rebeldes del Paraná –que “cometían
saqueos” de acuerdo a las crónicas españolas- y los
charrúas del Arroyo Feliciano, cuyo cacique era
Campusano. Estos dos últimos grupos estaban
claramente enfrentados a los españoles y representaban
el núcleo principal de la resistencia charrúa en
Entre Ríos durante la primera mitad del Siglo XVIII…”
DANILO ANTON
Pueblo Jaguar. Lucha y sobrevivencia de los
charrúas a través del tiempo”


“El escritor Pedro Magalhaes Gandaro, citado por Fernado Assuncao -y retomado aquí por Aranguren-, dice “que la lengua tupí-guaraní carece de tres letras: la F, la L y la R, lo que causa espanto, porque así no tienen Fe, ni Ley ni Rey, y viven sin justicia, desordenadamente” (1). Es muy interesante, y es fundamental hacer hoy una relectura a contrapelo de estos documentos históricos, una lectura –un estudio crítico de la subalternidad- que supere la mirada eurocéntrica, hipócrita y discriminadora y que evite a la par caer en simplismos, mistificaciones, romanticismos y demagogias. Porque está muy claro que, primero, por algo tantos se iban a vivir a aquellos campos libres y difíciles, segundo, que no hay una sola fe, y tercero, que está claro también que en las ciudades coloniales no había mucha justicia justa con su rey, su virrey, sus gobernadores, sus alcaldes, sus funcionarios burócratas y sus curas inquisidores. En realidad, el buen vivir sigue siendo materia política y cultural pendiente en las ciudades donde la colonialidad del poder ha sido y es muy variada y múltiple.

CATALANES, VASCOS Y ENTRERRIANOS, AYER Y HOY

Al espíritu de autonomía de las tolderías y fogones nativos-gauchos-multiculturales se les suma, desde 1810, el afán criollo de autogobierno y también, como explica Cesar Blas Perez Colman, el sentimiento autonomista de catalanes y vascos que formaban parte importante de ese mundo entrerriano en formación.

Señala el gran historiador entrerriano que, “la mayor afluencia de pobladores –venidos de Europa, aclaramos- llegó a Entre Ríos a fines del SXVIII y comienzos del XIX, procedentes en su casi totalidad de las provincias vascas y catalanas. La radicación en un medio social que a pesar de su proximidad a BsAs permanecía aislado y casi exento de toda acción inmediata delos gobernantes, permitió al poblador la conservación de sus costumbres y sobre todo, del particularismo acendrado que es atributo y patrimonio peculiares a esas regiones…” (2)

La presencia catalana en Paraná ha sido muy importante. Repasando la vida de Evaristo Carriego y citando las memorias de éste, Isidoro J. Ruiz Moreno nos recuerda en sus “Estudios y Documentos de Historia Entrerriana” que a principios del Siglo XIX, “Paraná tendría entonces de 5 a 6.000 habitantes. El principal núcleo de la población –blanca/europea aclaramos hoy- estaba compuesto de españoles; la mayor parte eran catalanes. Los que no habían traído un oficio, habían traído un espíritu animoso para el trabajo. Entre ellos pueden figurar como los primeros, D.Esteban Baster, D.Valentín Rams, D.Mateo Carbó, D.Mariano Rams, D.Esteban Comaleras, D.Francisco Cordoneda, D.Felipe Baucis y su hermano D.Joaquín, D.Ramón Puig, D.Bonosio Rubert, D.Gregorio José de la Puente, D.Antonio Parera, D.José Belbey, D.Domingo Clariá, D.José Llorens, D.Francisco Puyadas” (3).

El trabajo de I.J.R.Moreno,
editado por Birkat

A diferencia de Entre Ríos, que debe revisar su historia, su presente y su futuro, el pueblo catalán movilizado viene planteando con toda la fuerza la defensa de su soberanía particular a comienzos de nuestro Siglo XXI. A las multitudinarias movilizaciones por la independencia en la “Diada”, la Fiesta Nacional de Catalunya los 11 de Setiembre, se le ha agregado el cambio político generado por el frente “Barcelona en Común” al triunfar en las últimas elecciones municipales y llevar a la alcaldía, a la intendencia de la capital catalana, a la militante de la PAH, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca-Stop Desahucios (Parar los remates de las viviendas), Ada Colau. Iniciando su militancia en la lucha contra la criminal especulación financiera e inmobiliaria, atentatoria contra los derechos humanos fundamentales de las personas, Colau conduce hoy una gestión municipal que se pone de ejemplo para otras grandes ciudades del mundo y plantea públicamente, “Soy partidaria de una república catalana confederada con la república española” (4).


Por su parte, otras organizaciones militantes catalanas de orientación libertaria, como Proces Embat (http://embat.info/), plantean hoy construir un pueblo fuerte y una soberanía popular total, más allá del derecho de autodeterminación nacional catalana, que por supuesto reivindican pero como parte de una lucha democrática más amplia. Está claro que la independencia nacional sin justicia social y soberanía popular es lo mismo que nada. (Cfr. “Sobirania. Més enllà de dret a l’autodeterminació”, en http://embat.info/sobirania-mes-enlla-de-dret-a-lautodeterminacio/ ). El federalismo -es decir, el derecho de autodeterminación de los pueblos- está siendo discutido, más que nunca, frente a la crisis capitalista global multidimensional. Y el debate se da políticamente por izquierda y por derecha: los pueblos y la clase trabajadora reaccionan como pueden, y en todo el mundo, frente al ajuste permanente y a las estrategias de gobernabilidad del capital imperial y sus juntas de gobierno.



La presencia de catalanes forjando el mundo entrerriano continuó con algunos otros hechos extraordinarios. Jorge Riani nos recuerda que un anciano catalán recibió y hospedó al joven naturalista Charles Darwin, que a sus 24 años pasó por Paraná en 1833. Dos maestros catalanes, Puyalt y Montalbet, se radican en la ciudad entrerriana de La Paz en 1898 y ponen en marcha la Escuela Dignidad, siguiendo el ideal pedagógico libertario y racionalista de Ferrer y Guardia (5).

Los entrerrianos podríamos volver a aprender con nuestros hermanos catalanes a movilizarnos soberana y federalmente en serio como pueblo trabajador que busca una vida mejor, y para ello, el estudio profundo, crítico y concientizador de nuestra historia profunda será mejor que los relatos históricos simpáticos, anecdóticos, folklóricos, vacíos, insípidos y/o cínicos y descomprometidos.



EL CABILDO ANTERIOR, EL FRENTE SOBERANISTA MULTICULTURAL Y LOS TUPAMAROS INSOLENTES

Los criollos del Cabildo del Arroyo de la China –Concepción del Uruguay- habían realizado un reclamo en forma de “súplica” y sin ninguna suerte al propio rey de España, Carlos IV, en 1805, tal como lo documenta el Prof. Oscar Urquiza Almandoz (6). Querían seguridad, querían respeto a sus propiedades, querían tranquilidad económica, política, administrativa y legal, frente a los abusos de terratenientes y especuladores, que, como hemos dicho más arriba, operaban vinculados al poder virreinal. El fracaso de la obra política colonizadora de Tomás de Rocamora –bloqueado por la interna política y burocrática virreinal- iniciada tardíamente hacia 1782 es la que va a generar esa inseguridad política y económica criolla que después, en gran parte, se va a mover a favor de la retroversión de la soberanía a manos del pueblo, y no solo eso, sino que paso a paso va a superar las especulaciones políticas –las máscaras de Mayo (7)- del propio movimiento generado en Mayo en BsAs.

“…Pa’ mí que los chapetones
ya nos cuentan redotaos
y es que no han cáido en que somos
pocos, pero bien montaos...

La decisión criolla se suma, a su manera, a la resistencia popular que viene desde hace dos siglos enfrentando a la política imperial. Charrúas-minuanes dispersos después de la represión en La Matanza en 1751, indios tapes movilizados después de las Guerras Guaraníticas, gauchaje rural y mestizaje en formación, y negros siempre dispuestos a buscar la libertad, todos constituyendo en forma compleja un mundo popular multicultural de resistencia clandestina la mayor de las veces. Ya el cura colonial Quiroga y Taboada se exaltaba contra los rebeldes “tupamaros” en Entre Ríos como nos cuenta Facundo Arce:

“Con motivo del sumario instruído al Alcalde Don Francisco Méndez, de Gualeguay, el “primer cristiano” que se radicó en la zona, uno de los principales enemigos –el cura Presbítero Quiroga y Taboada- mientras Rocamora instruía el aludido sumario (1782), escribió al Virrey, tratando a Méndez de “incendiario de casas y profanador de iglesias”. Pero aquí no paró en su ataque el citado presbítero, sino que acusó a Ramón Tavanera de revoltoso pues “que en una petaca que tenía en su domicilio fueron encontradas unas décimas a Tupac Amarú”. Esto, de haber sido cierto, prueba que la revolución del famoso indio había interesado incluso a seres de la tierra entrerriana” (8).

Bandera Contemporánea del
MLN Tupamaros de la R.O.del Uruguay

LA REVOLUCIÓN DEL PUEBLO, MÁS ALLÁ DE LOS CARETAS DE UN CABILDO Y DE UNA TERTULIA

No fue Belgrano –como dicen algunos que no se cansan de hacer una historia folklórica, simpática, anecdótica y fácilmente “patriótica”, vertical, estatal y siempre conservadora- en sus tertulias con grandes hacendados como Gregoria Perez de Denis o Francisco Candiotti el que derrotó a los españoles en Entre Ríos. No fueron las damitas ricas porteñas ni los negritos sólo vendiendo comida los que hicieron la “revolución”, como algún@s muestran irresponsablemente en los actos “patrios”. Fueron Bartolomé Zapata y sus gauchos, fueron –como recuerda Facundo Arce- “Juan Suárez, Juan José Román, Gregorio Samaniego, Joaquín Vilches, José Francisco Taborda, José Gregorio Cardozo, Mariano Aulestía, Pascual Bergara, Francisco de la Torre y Vera, Francisco Ramírez (primero chasqui-correo), Ricardo López Jordán (padre), José Ignacio Vera, Pablo José de Ezeiza, Felipe Rivarola, José Nicolás Barrenechea, Juan Ventura Zapata y los modestos paisanos, entre los cuales los documentos han salvado estos nombres: Pedro Celis, Pedro Pablo Rojas, el Negro Juan, el Rubio Chileno, Rafael Pay, un tal Pata Bola, Juan Pedro Gutiérrez, Pedro el Cordobés y Juan Pedro (9).

La Sección Historia de la 
Enciclopedia de Entre Ríos,
dirigida por Facundo Arce


Fue la joven adolescente María Boché –y esto tenemos que enseñar en nuestras escuelas-, citada por Beatriz Bosch, que a los dieciséis años sufrió cárcel por su adhesión a los patriotas (10), fue el pueblo movilizado y en armas el que afirmó su soberanía política y económica. Fue el pueblo decidido a todo y rompiendo los marcos ideológicos y políticos hegemónicos del momento el que hizo historia.

El Comandante Taborda y el Teniente Payaví: la 

verdadera revolución de Mayo

Un episodio extraordinario de la lucha política y social desatada después de 1810 puede verse en la ciudad entrerriana de Gualeguay a mediados de 1810. Venían dándose, desde hace un tiempo, diferencias políticas y de poder entre el alcalde realista, Gómez de Celis y el Comandante Taborda, jefe de una partida de indios misioneros, algunos venidos del Paraguay y otro, incluso del Brasil. El mundo entrerriano ha sido grande.

Empiezan a darse distintas interpretaciones sobre la soberanía política desde que llegó la comunicación de la constitución de la Junta de Gobierno de Mayo de 1810. El rey de España estaba prisionero de los franceses. Los miembros de la Junta toman el poder pero jurando fidelidad a ese rey prisionero sin poder. Pasan los días y los sectores más leales a la corona recelan de la política de la Junta de BsAs y de los movimientos criollos y populares en Entre Ríos. El alcalde realista de Gualeguay, Gómez de Celis toma contacto con su par de Gualeguaychú, García Petisco y con el gobierno regional colonial atrincherado en Montevideo, la capital de la por ese tiempo Provincia Oriental. Recelan del movimiento juntista. El Comandante de Entre Ríos de ese tiempo, Josef de Urquiza –padre de Justo José- es uno de esos funcionarios conservadores.

La partida -el grupo- del Capitán Taborda tomaba decisiones propias, más allá de las órdenes de la autoridad local. Los conflictos se fueron agravando. Humberto Vico nos cuenta en su “Historia de Gualeguay”, que al atardecer del 15 de agosto (de 1810) se organizó una patrulla de rutina -de ese grupo de milicianos de Taborda-. El Teniente Payaví recibió la orden del Capitán Taborda, pero la concepción de orden y justicia de Taborda iba más allá del marco ideológico colonial, ya que exigía “traerme a la cárcel, bien asegurados todos los vagos y mal entretenidos que usted y sus oficiales conozcan, así naturales como españoles (¡!), porque así conviene al gobierno de América” (11).

El bello trabajo de Alejandro Alvarez en la
portada del libro de Gonzalo Abella, 
"Artigas, el resplandor desconocido"


Hubo algunas peleas y escaramuzas, y en el sumario posterior del caso, el Alcalde manifestó que la “Compañía de Naturales” no hacía otra cosa que “apresar españoles” (¡!), y el Alférez García denunció los “excesos que cometían los naturales con el ganado” y otros daños a la propiedad privada. Al respecto, el Teniente Payaví declaró que no se trataba de un saqueo, sino que habían obedecido órdenes del Capitán y que “sólo mataron tres reses, y después otras tres más, de la viuda Rafaela, de Antonio Fernández, de Juan Castares, de Domingo García, de la viuda de Mayo y otra del Capitán Taborda”, y que las carneadas eran para la alimentación de los soldados de la Compañía.

Esa Compañía estaba integrada por el Capitán Pedro Miño, el Teniente Isidoro Payaví -natural de Asunción del Paraguay-, el Sargento Primero Juan Ignacio Nuñez -también de Asunción-, el Sargento Segundo José Ramón Bucaré -nacido en el pueblo misionero de Itatí- y el cabo José Ignacio Texo -de Santa Ana-. Y algunos de los nativos subalternos que completaban la partida fueron Pedro Pablo Tacuaré -de La Cruz-, José Máximo Gaona -de San Cosme-, el indio Bonifacio de Yapeyú, Isidro Rafael Paraguá -de Santa María-, Pedro Celestino Lumey -de Corpus-, Ignacio Gómez -de San Ignacio-, Diego Cabo Loreto -peón de Don Juan de la Cruz Moreno-, Senón Bayán -de San Ignacio, peón por día de Don Florencio Méndez-, Pedro Pablo López -del pueblo brasileño de San Pablo- y el indio José Manuel Antúnez (12).


PODER POPULAR Y ACCIÓN DIRECTA PARA AFIRMAR LA SOBERANÍA: ARTIGAS TRAS LOS PASOS DEL RUBIO CHILENO EN EL SUR ENTRERRIANO

“…Los pretextos se suceden a los pretextos, según las
circunstancias y los tiempos: pero BsAs no sale de su
25 de mayo, es decir de la idea de un gobierno de BsAs
elegido por la sola BsAs para gobernar toda la nación
y en el interés exclusivo de BsAs…”
JUAN BAUTISTA ALBERDI
Verdadero sentido práctico y positivo
de la revolución de mayo”, en
Grandes y Pequeños Hombres del Plata”

Los zapatistas entrerrianos saquean para la causa la estancia del alcalde colonial de Gualeguaychú, García Petisco –la Estancia San Antonio- : la construcción de poder popular para el cambio estructural en serio y para la liberación no puede seguir la lógica sumisa y rutinaria que exige el poder normalizador todos los días. Y los códigos de ética revolucionaria están documentados: Laureano Velázquez, natural de Paraná, capataz de la Estancia San Antonio declaró después que le había manifestado uno de los integrantes del grupo de Zapata, el Rubio Chileno, “que no se asustara al ver robar a su patrón pues lo que hacía era por mandato del general de la Junta de BsAs (Martín Rodríguez), y que no sólo había de hacer esto en aquella estancia, sino en varias estancias que se sujetaban al gobierno de Montevideo”. Al mayordomo Bruno Soto, le devolvieron unas prendas que habían sacado cuando supieron que eran de él (13).


Hasta allí envió el poder colonial español atrincherado en Montevideo al Cuerpo de Blandengues –soldados encargados de las fronteras- de José Artigas. Allí empiezan a desertar los blandengues y al poco tiempo deserta el propio Artigas y se suma en forma decisiva al movimiento político por la soberanía para transformarlo en serio en una lucha revolucionaria. La historia de los próceres y políticos iluminados debe dar paso a la historia de las luchas populares. Artigas siguió, a su manera, los pasos del Rubio Chileno y de los paisanos entrerrianos zapatistas.

“Participo a usted como ha llegado a mi casa el capitán
José Artigas y don Mariano Ortiguera, acompañado del
cura de la colonia don José María de la Peña y un soldado
prófugo de la colonia perteneciente a tropas de Montevideo,
de lo que doy a usted parte para su inteligencia cuyo sujeto
se dirige hoy 26 a esa solicitando pasar por BsAs para ponerse
a las órdenes de la Junta”
Comunicación del Alcalde de Hermandad de Nogoyá,
Mariano Aulestía, al gobernador de Sta Fe, 26/2/1811, en
José Luis Busaniche, “Historia Argentina”


La solidaridad de los pueblos orientales –orientales del Uruguay y orientales del Paraná- y litoraleños en lucha se hizo cada vez más fuerte con la figura de José Artigas ahora en el bando criollo-popular. Nuestro Río Uruguay volvió a ser, como dijo Aníbal Sampayo, “un tiento de plata cosiendo dos lonjas de un mismo cuero” de la resistencia popular contra el colonialismo como lo era un tiempo antes cuando se gestaron las confederaciones de pueblos nativos en lucha. Ahora, esos nativos sobrevivientes –charrúas, guaraníes- serán combatientes de la política artiguista.

La solidaridad federal sudamericana en los combates se extendió por casi todo el siglo XIX. Hay triunfos y derrotas federales, no hay triunfos o derrotas de tal o cual pueblo. En el triunfo criollo y popular de Las Piedras –en la Banda Oriental- contra el ejército español participaron milicianos entrerrianos. Ese 18 de Mayo de 1811 intervinieron brillantemente las Milicias Patrióticas de Paraná. “Formaron en la reserva e iban bajo el mando del capitán de caballería Rafael Ortiguera (14).”

Los negros de la Patria, los negros de la revolución:

Un Batallón de Pardos y Morenos envió el gobierno de BsAs para ayudar a los entrerrianos en la lucha contra los españoles en Febrero de 1811, y no pudieron cruzar el río Paraná ante la presencia de la escuadra española. Bartolomé Zapata y sus gauchos tuvieron que resolverse solos. Después si, 441 soldados del Regimiento 6to de Pardos y Morenos, venidos de Paraná, formaron parte del Ejército de Belgrano que, vuelto derrotado de Paraguay, pasó por Entre Ríos hacia la Banda Oriental en marzo de 1811. Las tropas de Pardos y Morenos se apoderaron de Mercedes y Soriano (15). Otro Batallón de Pardos y Morenos fue la ayuda que el gobierno de BsAs envió para Artigas en el Ayuí, cuando se produjo el éxodo oriental a Entre Ríos (16).


Los negros no deben vender comida en nuestros actos patrios. Deben estar movilizados con las armas, haciendo la revolución. No traicionemos más nuestra historia.

COMBATES ENTRE RÍOS: MEJOR QUE “300”, MEJOR QUE “PIRATAS DEL CARIBE”

El pueblo entrerriano junto al pueblo oriental siguió resistiendo y combatiendo al poder español. No fueron los triunviratos porteños, ni la Asamblea del Año XIII ni los directorios centralistas los que derrotaron las avanzadas imperiales por nuestros ríos. Entre 1811 y 1813 se sucedieron en nuestra región extraordinarios hechos históricos de dignidad soberana y de coraje. Los entrerrianos realizaron abordajes a las naves españolas que amenazaban con invadir nuestro territorio. Hubo abordajes en el Arroyo Bellaco –Zona de Gualeguaychú-, en Paranacito, en Concepción del Uruguay y en las costas de la actual capital Paraná. Leoncio Gianello cita aquel abordaje de película que veinticinco panzaverdes de su tiempo, capitaneados por Gregorio Samaniego y José Santos Lima, hicieron a las naves españolas el 14 de enero de 1813 en el Arroyo Bellaco, cuando los peninsulares habían fondeado esperando el momento oportuno para el desembarco.

Dice Gianello: “inmediatamente los entrerrianos se lanzaron al abordaje intrépidamente. El primer buque que cayó en poder de los patriotas fue tomado por los soldados Antonio Gorosito, Matías Guzmán y Anselmo Ayala, el ayudante Pablo José de Lima y el cabo José Domingo Montañés, quienes se habían echado a nado para abordarlo sujetando entre los dientes el sable con el que en breves instantes sembraron la muerte a su alrededor y rindieron al enemigo… (17)”


REDOTA ARTIGUISTA Y REAGRUPAMIENTO PARA CONCRETAR LA REVOLUCIÓN

“...Es que Artigas persigue

unión y libertad y democracia,

él encarna el espíritu de Mayo,

su fé no se quebranta...”

DELIO PANIZZA

“Artigas”


Toda esa resistencia popular entrerriana y litoraleña va a tomar forma política como artiguismo a partir del éxodo oriental al Ayuí –que será esa gran toldería política autónoma e impulsora de la solidaridad federal revolucionaria- en 1811-1812. La traición del gobierno de BsAs a orientales y entrerrianos pactando un “armisticio” con los españoles de Montevideo en 1811 y entregando el dominio político de ambas Bandas del Uruguay a los peninsulares genera la “redota” de Artigas y miles de orientales a nuestra tierra. El éxodo oriental a Entre Ríos –el Pirí del Salto Chico (el toldo para los charrúas, el junco para los guaraníes en el mismo sentido), el hogar sin fonteras de la lucha federal- es decisivo desde un punto de vista histórico: define que la “revolución de mayo” será una revolución de los pueblos y no de los políticos burgueses y especuladores de BsAs y sus aliados, y define también en ese proceso que va de 1811 a 1820 que la revolución emancipadora tendrá que ser republicana, federal y popular, para que la libertad sea una realidad y no un discurso hipócrita.

“…La entonación entrerriana del criollismo, afín
la oriental, reúne lo decorativo y lo despiadado
igual que los tigres. Es batalladora, su símbolo es
la lanza montonera de las patriadas. Es dulce: una
dulzura bochornosa y mortal, una dulzura sin pudor…”
JORGE LUIS BORGES
Evaristo Carriego”


Para los burgueses ricos de BsAs, “independencia” sólo significa llegar al poder político local-regional y superar el absolutismo monárquico español. Otro monarca europeo, incluso otro monarca español en BsAs, como parte de un nuevo régimen conservador-liberal podía ser tranquilamente una política de “independencia” de las clases dominantes rioplatenses: está hartamente documentada esta estrategia-especulación política. Los próceres consagrados por la historiografía oficial participaron activamente de esta especulación y de este juego político: Belgrano y San Martín siempre fueron monárquicos y atacaron, en mayor o menor grado, el proyecto republicano, federal y popular que conducía Jose Artigas. Belgrano, el más furioso monárquico y antifederalista, interrumpió incluso la correspondencia entre Artigas y San Martín (18). El Prof. Juan Antonio Vilar lo definió contundentemente: “tan injusto y equivocado estaba Belgrano, enceguecido contra los federales. Era un gran hombre, patriota, honesto y sacrificado, pero compartía con los porteños su ruin política. Estaba a su servicio (19).”

San Martín intentó mediar entre el gobierno directorial porteño y la Liga Federal, pero cuando tuvo que dar su opinión política, expresó que prefería a la monarquía portuguesa del Brasil como vecina y no al artiguismo. Artigas desconfiaba de San Martín, le escribió reclamándole respetuosamente que se definiera políticamente, y en nota a Francisco Ramírez -en un contexto apremiante y complicado para la lucha federal el 4 de Diciembre de 1819-, el Protector le señala a Ramírez que “ud no debe descuidarse del Ejército de San Martín” (20), ya que sabían que el gobierno de BsAs había ordenado al triunfador de San Lorenzo a reprimir a los federales. San Martín por suerte no obedeció, pero la información no llegaba tan rápido como en nuestros días, y menos si había políticos y militares de mala fe, torpes y ruines que la interrumpían. BsAs, derrotada en Cepeda por los federales, jugó la carta de meter a Ramírez principalmente, y a López en un nuevo acuerdo de clases rioplatenses para terminar con los “bandidos” del artiguismo.

INFECTADOS: LOS ENTRERRIANOS ARTIGUISTAS Y LOS EXTRAÑOS PRÓCERES PARECIDOS A POLÍTICOS-TRANSA

Ya el porteño Sarratea había querido frenar y limar políticamente en el momento del Exodo, sin suerte. Ya Belgrano, a la vuelta de sus patéticas gestiones monárquicas en Europa, había planteado dejar a los portugueses que avancen sobre nuestra Provincia Oriental y liquiden la “infección” artiguista. En reunión secreta del (no tan) patriótico Congreso de Tucumán, Belgrano llegó a decir en la sesión del 6 de Julio de 1816 que la movilización militar luistana “no tenía miras ofensivas contra nosotros, y sólo "precaver la infección (del artiguismo) en el territorio del Brasil"; que el carácter del príncipe don Juan era pacífico y "enemigo de conquistas", y estas provincias no debían temer movimiento de aquellas fuerzas... (21)”.
En la redota –ese momento constitutivo del proyecto federal-, los entrerrianos se hicieron artiguistas (22). Y en ese proceso la lucha por la libertad real va a ser una lucha contra españoles, contra portugueses y contra el poder neocolonial porteño al mismo tiempo. La Batalla del Espinillo –el 22 de Febrero de 1814- va a ser la expresión política más clara y categórica de esa defensa entrerriana, oriental y litoraleña de nuestra soberanía particular y de nuestro proyecto confederal definido en las Instrucciones del XIII, la primer propuesta pública declaración de independencia (23).


Los debates, las luchas y las contradicciones políticas y de clases atravesaban a toda la sociedad, a los sectores populares, incluyendo –como nos indica Pablo Camogli- a la propia cultura guaraní. A mediados de 1813, el guaraní federal, Domingo Manduré, derrota en Mandisoví al cacique guaraní centralista, Pablo Areguatí (24).

UNA LÍNEA POLÍTICA ROJA QUE NOS INTERPELA

La Liga Federal de los Pueblos Libres tuvo su bandera desde Marzo de 1815. Su diagonal roja interpelante honra a tod@s es@s milician@s de nuestros pueblos que dieron todo para defender nuestra tierra. Tierra, Soberanía, Justicia, Solidaridad Federal: hay una línea roja que marca el límite siempre entre el compromiso real de lucha por nuestros derechos históricos contra la hipocresía, la demagogia, el folklorismo y la chantada. Artigas mismo expresó su mensaje político y ese mensaje quedó clavado delante nuestro. Desde Paraná, le escribió el 9 de Abril de 1815 al gobernador de Corrientes que, “…la pureza de mi conducta debe ser la norma de los demás subalternos. De lo contrario, ellos serán responsables de sus defectos y yo no podré mirar con indiferencia su castigo. Al tenor de las cabezas se mueven los miembros del cuerpo político, y según sus virtudes son las trascendencias a la sociedad.

No hay que invertir el orden de la justicia. Mirar por los infelices y no desamparlos sin más delito que su miseria. Es preciso borrar esos excesos del despotismo. Todo hombre es igual en presencia de la ley. Sus virtudes o delitos los hacen amigables u odiosos. Olvidemos esa maldita costumbre de que los engrandecimientos nacen de la cuna; córtese toda relación, si ella es perjudicial a los intereses comunes –la libertad concreta de vientres, tan actual como dice Tirso Fiorotto-. La patria exige éstos y mayores sacrificios, y ya no es tiempo de condescendencias perjudiciales (25)”.

El mismo Fiorotto nos resumió magistralmente en su trabajo “Banda Roja a Dos Bandas” el sentido profundo de nuestra bandera federal. Dice el periodista y ensayista nacido en Larroque que “...la bandera argentina es argentina, la uruguaya, uruguaya. La bandera oriental es sudamericana, no reconoce fronteras, y por esas rarezas del destino (y no tanto), lleva el color del ceibo…

...Federación, en una Sudamérica unida, es confederación. Ahí está el camino. La banda roja nos dice a todos mucho más de lo que queremos ver. ¿Qué nos dice? Nos dice independencia, soberanía, porque esta franja expresa el espíritu de los primeros que, tras Mayo de 1810, se negaron a obedecer a los reyes europeos; los que exigieron (sin éxito) la declaración de la independencia ya en 1813. (Y eso no distingue entre uruguayos y entrerrianos). Esa banda roja nos dice también república. Eso significa que si la enarbolamos de corazón es porque no aceptamos que nos ensucien el derecho a una justicia que no se incline ante el poder partidista o económico...(26)”.

SUBALTERNOS O BANDIDOS: CIVILIZACIÓN O BARBARIE. LA (E)VOLUCIÓN FEDERAL

“…Sí, Ramírez…hum…No.
Artigas…¿Conoce la ley agraria de Artigas?
Artigas…Artigas, Bolívar y Martí, esos son
los hombres de ésta América!
JUAN L.ORTÍZ
Una cultura que en vez de liberar, reprime”,
Entrevista de Ricardo Zelarayán, en
Una poesía del futuro. Conversaciones
con Juan L. Ortíz”

El proyecto federal artiguista, movido por las circunstancias, estaba llegando bastante lejos a principios de 1820. Un indio guaraní como Andresito Guazurarí era Comandante de las Misiones y de Corrientes, el Pardo Encarnación Benítez le exigía a Artigas –y avanzaba con las expropiaciones medio sin pedir permiso- repartir las tierras entre los sectores populares, y el jefe federal –ante las traiciones, agachadas y especulaciones de los burgueses de toda la región- iba cediendo cada vez más. La invasión portuguesa a la Provincia Oriental desde 1816, el ataque lusitano a Concepción del Uruguay en 1818, y las refriegas a ambos lados de todo el Uruguay habían cambiado el panorama para algunos y las clases propietarias empiezan a romper el frente de clases con los sectores populares radicalizados. El artiguismo será derrotado tal vez porque su radicalización revolucionaria llegó a último momento. ¿Había forma de darse cuenta en ese escenario político y social regional tan complejo?. Su drama ha sido el drama de muchos movimientos populares en Nuestra América-Abya Yala, y en todo el mundo.

De todas maneras, a ese movimiento de masas le debe la Argentina su independencia política de España y su carácter –todavía formal y declarativa- de república federal. Como dijo Arturo Sampay, “la guerra de independencia que siguió a la revolución de Mayo obligó a entregar armas a los sectores bajos de la sociedad, los cuales, a medida que dicha guerra iba concluyendo, irrumpían tumultuosamente en la política. Además, los intentos de establecer un orden jurídico adecuado para promover el desarrollo capitalista moderno, que era el plan de los revolucionarios de Mayo, fracasaron por su absoluta inadecuación con la realidad del país. Así, el proyecto de instaurar un régimen centralista, aristocrático y corporativo mediante la Constitución de 1819, fue aventado por la victoria de las masas populares del Litoral, en la batalla de Cepeda el 1ro de Febrero de 1820 y con ésta decisión por las armas se fijó el destino democrático de la Argentina (27)”.

Para varios, que los sectores humildes fueran soldaditos obedientes del poder dominante y cumplan órdenes estaba bien, pero que tuvieran derechos en serio ya era mucho. Si como subalterno te definías como revolucionario, pasabas a ser un bandido, un delincuente, parte de la “anarquía” –Bakunin y Angel Borda estarían igualmente agradecidos por el concepto- o serías la “barbarie”.

Para clásicos de nuestras letras como Martiniano Leguizamón, por ejemplo y extrañamente, esas montoneras revolucionarias –en la que el autor descarta discriminatoriamente a los milicianos nativos o peor, los pone ideológicamente en la vereda de enfrente como “barbarie”- peleaban por algo que no entendían sus “cerebros ineducados”. Dijo Leguizamón en su obra “Montaraz”, que “fueron los hombres de los campos, los gauchos montaraces, el factor principal de la nueva patria que nacía entre estridores de batalla; paladines caballerescos y aventureros de un derecho que no comprendían quizás en su amplia significación de cerebros ineducados, pero que sentían firmemente arraigados en sus corazones porque les venía como una emanación del medio ambiente… (28)”.

Ramírez tal vez habrá pensado lo mismo cuando firmó el infame Tratado del Pilar con BsAs, abandonando la Liga Federal. Hasta que permitió que Alvear y Carrera se metieran en su campamento, tuvimos al mejor Ramírez –el Ramírez comandante artiguista-. Después se sumó –comida su oreja por su ambición y su ideología profunda- al golpe político preventivo de la clase dominante del Litoral contra el artiguismo, como dice nuestro compañero Pablo Velázquez, militante social de Villaguay.

Igualmente, la mayoría de los entrerrianos y de los sectores populares litoraleños siguió estando con Artigas, y eso está documentado también, a pesar de los panchoramiristas, grandes malabaristas eternos de ciertos circos de pretensión historiográfica y folklórica. Lo confirma Oscar R.Tavani Perez Colman cuando nos explica, entre líneas, que “…no deja de ser llamativo que Francisco Ramírez no consiguiera formar los cuerpos de infantería con gente de su provincia… Rotas las relaciones con Artigas muy pronto se convenció el jefe entrerriano de que las fuerzas aborígenes que actuaban a sus órdenes simpatizaban con su adversario por cuya causa y en previsión de cualquier desagradable sorpresa antes de la Batalla de las Tunas dispuso que las tropas guaraníes pasaran a Santa Fe, alejándolas del sitio de los sucesos… (Además), Lucio Mansilla relató en sus memorias que después de “Las Guachas”, Artigas hizo un alto con el objeto de citar a las milicias entrerrianas de toda la costa del Uruguay hasta de la ciudad de Gualeguay (29)”.



Pero el acuerdo de Ramírez con porteños y portugueses fue más fuerte y el artiguismo fue derotado. El federalismo “evolucionó” de un proyecto revolucionario a un envase políticamente correcto pero vacío, más allá de que las clases dominantes de la región siguieron disputando internas políticas para dirimir quién y cómo administraba el poder. Ramírez no fue muy lejos: sus nuevos aliados lo ningunearon y lo enfrentaron ni bien quedó Artigas fuera de la cancha. Igualmente la República mesopotámica de Entre Ríos comandada por el “Supremo” y sus lugartenientes dio algunas definiciones como política de clase. Nos dice Isidoro J.Ruiz Moreno, por ejemplo y hablando de la vida de Evaristo Carriego, uno de esos jefes del ramirismo que, “Evaristo Carriego describe la vida de la servidumbre de su casa, compuesta por esclavos negros e indias traídas por su padre de Misiones, al cabo de sus campañas con el General Ramírez (30)”. Una lástima, porque algunas propuestas del Reglamento de la República Entrerriana hubieran podido tener un contenido realmente emancipador con otra política económica y social.

Estanislao López, por su parte y es sabido, nunca estuvo muy jugado con el proyecto federal revolucionario. Él también va a sumarse, después de algunos revolcones, a la Liga Federal, pero su federalismo también va a ser un federalismo de elites, de jefes, propietarios y de subalternos que tienen que obedecer. El naturalista Charles Darwin, de paso por nuestra región como comentamos más arriba, nos mostró la “evolución” –quién mejor que Darwin para hablar de esto- de esa política federal, cuando nos contó el gusto del Brigadier por la caza mayor. Dice Darwin: “...Santa Fe es una pequeña ciudad, tranquila, limpia y donde reina buen orden. El gobernador López, soldado raso en tiempo de la revolución, lleva diez y siete años en el poder. Esa estabilidad proviene de sus costumbres despóticas, pues hasta ahora parece adaptarse mejor a estos países la tiranía que el republicanismo. El gobernador López tiene una ocupación favorita: cazar indios. Hace algún tiempo mató a 48 y vendió sus hijos como esclavos, a razón de 20 pesos por cabeza... (31)”.


El Tratado del Pilar no se cumplió –para colmo de males de los justificadores de cualquier cosa sin estudiar ni pensar-. No construyó nada, pero fue artillería política pesada de clase para destruir. Fue la artillería de la Batalla de Las Tunas, cerca de Paraná, que significó el fin del anhelo artiguista. Como lo resume perfectamente el Prof. Pablo Stein, “…en definitiva, el Tratado del Pilar lejos de ser el inicio del sistema federal, se convirtió en el fin de la Liga de los Pueblos Libres y en el fin del proyecto de integración democrática y confederal de las provincias e inició un proceso de refeudalización general que llevó a la concentración de millones de hectáreas en pocas manos, la explotación de las masas campesinas, el asesinato de las etnias de los pueblos originarios para robar sus tierras y la creación de un país agrícola-ganadero, totalmente dependiente del Imperio Británico (32)”.

Para Cesar Blas Perez Colman, Ramírez “vió que Artigas tenía razón” cuando no encontró la salida en el callejón político que se había metido. ¿Qué habrá pensado Ramírez?. En cualquier caso, y como reafirmó el mismo C.B.Perez Colman hace tanto, “hay que volver a la fórmula de Artigas” (33) : el proyecto de un confederación sudamericana, democrática y popular.

El Confederalismo Democrático del SXXI,
la propuesta del líder kurdo, Abdullah Ocalan

Las luchas populares continuaron y continúan, con caudillos y jefes, y más allá de ellos también. Hubo un Urquiza, pero también hubo un Tomás Cóceres, un Coronel Berón, una Sublevación en Basualdo y en Toledo, un Pardo Ambrosio Luna y un López Jordán. Hubo un Racedo, pero también un Alejo Peyret y un Juan José Durandó. Hubo un Etchevehere, pero también un Bernardino Horne y unos Hermanos Kennedy. Hubo tierras blancas y empresas dueñas de pueblos, y también colonias que dieron oportunidades a los perseguidos de la “civilización” de Thiers, el Zar Nicolás, Mussolini y Hitler. Hubo un Uranga y hubo un Juan L. Ortíz. Hubo un Sueño Entrerriano pero también hubo y hay un Grito Blanco en Gualeguaychú, una UADER movilizada y un pueblo que se mueve paso a paso cuando la alarma política, educativa, económica y ambiental entra en alerta roja. El desafío será no cometer los mismos errores del pasado.


Prof. Mauricio Castaldo
mauriciocastaldo@gmail.com
María Grande, E.Ríos, 6/11/2016
Bibliografía y Notas:
  1. Carlos María Aranguren, “Hombres del Paraná. Historia de la Organización de la Provincia de Entre Ríos”, Santa Fe, Lux, 2005, p.13 y 35.-
  2. Cesar Blas Perez Colman, “Entre Ríos 1810-1821”, en “Historia de la Nación Argentina” (Tomo IX, dirigida por Ricardo Levene), BsAs, El Ateneo, 1946, p.214.-
  3. Isidoro J. Ruiz Moreno, “Estudios y Documentos de Historia Entrerriana”, Tomo II, Colón, Eríos, Birkat Elohym, 2010, p.216 y 217.-
  4. Soy partidaria de una república catalana confederada con la república española”, entrevista a Ada Colau, 5/9/2016, en http://gaceta.es/noticias/partidaria-republica-catalana-confederada-republica-espanola-05092016-1310
  5. Jorge Riani, “Entre Ríos Secreta”, Paraná, La Hendija, 2014, p.58 y p.234.
  6. Oscar F. Urquiza Almandoz, “Historia Económica y Social de Entre Ríos (1600-1854)”, BsAs, Banco Unido del Litoral, 1978, pp. 490-493.-
  7. Véase nuestro trabajo, “Las Máscaras de Mayo y la Revolución de los Pueblos”, por ejemplo en https://agmermariagrande.blogspot.com.ar/2010/03/las-mascaras-de-mayo-y-la-revolucion-de.html
  8. Facundo Arce, “Enciclopedia de Entre Ríos”, Tomo II, Paraná, Arozena Editores, 1978, p.63.-
  9. Facundo Arce, ob.cit, p.68.-
  10. Beatriz Bosch, “Historia de Entre Ríos”, BsAs, Plus Ultra, 1978, p.35 y p.53.-
  11. Humberto Vico, “Historia de Gualeguay”, Santa Fe, Ediciones Colmegna, 1972, pp.68-78. Agracedemos a nuestro compañero Tirso Fiorotto por el aporte del libro de H.Vico, que más allá de su eurocentrismo para analizar a nuestros pueblos originarios, nos aporta estos otros hechos y documentos extraordinarios de la lucha popular en la criolla que cobran más valor al ser releídos en clave subalterna y dialéctica.
  12. Humberto Vico, ob.cit, p.68-78.-
  13. Humberto Vico, ob.cit, p.78.-
  14. Eduardo Acevedo, “Historia de Artigas”, citado por Carlos María Aranguren en “Hombres del Paraná”, ob.cit, p.64.-
  15. Carlos María Aranguren, ob.cit, pp.61-63.-
  16. Jesualdo Sosa, “Artigas. Del Vasallaje a la Revolución”, BsAs, Claridad, 1940, p.306.-
  17. Leoncio Gianello, “Historia de Entre Ríos” (1520-1910), Paraná, 1951, p.200 y p.576.-
  18. Carlos del Frade, “Artigas y San Martín, el proyecto del Siglo XXI”, en http://www.elcorreo.eu.org/Artigas-y-San-Martin-el-proyecto-del-Siglo-XXI?lang=fr
  19. Juan Antonio Vilar, “Revolución y lucha por la organización”, Paraná, EDUNER, 2014, p.132.
  20. OSCAR R. TAVANI PEREZ COLMAN, “Ramírez y Artigas. Una nueva Interpretación”, Colón, ER, Birkat Elohym, 2007, p.400.-
  21. José María Rosa, “Historia Argentina”, Tomo III, “La Independencia (1812 – 1826)”, Buenos Aires, Editorial Oriente S. A., 1992, pág. 168- 171, citado en “Los debates al interior del Congreso de Tucumán - julio de 1816” en http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/independencia/los_debates_al_interior_del_congreso_de_tucuman.php )
  22. En su “Historia del Congreso de Tucumán”, Leoncio Gianello repasa el surgimiento del prestigio de Artigas en todo el Litoral sudamericano, luego del “Armisticio” traicionero que BsAs firmara, en Octubre de 1811, con los españoles de Montevideo. Para fundamentar su explicación, Gianello cita dos obras clásicas de nuestra historiografía: primero el “Artigas, heraldo del federalismo rioplatense”, de Facundo Arce y Manuel Demonte Vitale, y segundo, y prestemos atención al título, “Porqué fueron artiguistas los entrerrianos”, de José Ignacio Yani, un trabajo de 1915. Cfr. Leoncio Gianello, “Historia del Congreso de Tucumán”, BsAs, Academia Nacional de la Historia, El Ateneo, 1966, p,423-424). Por su parte, Beatriz Bosch comenta las asambleas populares que se hacían en Entre Ríos para sumarse al movimiento soberanista y confederal de Artigas (B.Bosch, ob.cit, p. 44).
  23. “EL COMBATE DEL ESPINILLO, LAS LUCHAS POR LA SOBERANÍA Y LA TRAICIÓN DEL CONGRESO DE TUCUMÁN”, en http://actividadentrerios.blogspot.com.ar/2016/02/el-combate-del-espinillo-las-luchas-por.html . Hemos documentado, en otro trabajo y basándonos en el análisis del Prof.Pivel Devoto, que, hacia 1814, “el centro de la conmoción artiguista fue Entre Ríos”. Ver “Artigas y los orientales del Paraná - El secreto histórico y político de la diagonal roja federal”, en http://actividadentrerios.blogspot.com.ar/2015/07/artigas-y-los-orientales-del-parana-el.html
  24. Pablo Camogli, “Contame una Historia. Relatos sobre la Revolución y la Independencia”, BsAs, Aguilar, 2014, pp.114-115.-
  25. Carta de José Artigas, desde su Cuartel General de Paraná al Gobernador de Corrientes, José de Silva, 9 de Abril de 1815, en Enrique Mendez Vives, “Artigas y la Patria Grande”, Montevideo, Tauro, 1972, p. 71.-
  26. Tirso Fiorotto, “Banda roja a dos bandas”, en http://www.con-tacto.org/site/wp-content/uploads/2013/09/Parana-006.pdf
  27. Arturo Enrique Sampay, “Las ideas políticas de Juan Manuel de Rosas”, en Arturo E. Sampay y Enrique M. Barba, “Rosas”, BsAs, CEAL, 1975, p.19.-
  28. Martiniano Leguizamón, “El Escenario”, en “Montaraz” (1900), BsAs, A-Z Editora, 1994, p.28.-
  29. OSCAR R.TAVANI PEREZ COLMAN, ob.cit, p.306.
  30. Isidoro J. Ruiz Moreno, “Estudios y Documentos de Historia Entrerriana”, Tomo II, Colón, Eríos, Birkat Elohym, 2010, p.216.-
  31. Charles Darwin navega el Paraná (1833) - Viaje de un naturalista alrededor del mundo, en http://sudeste-perceptografia.blogspot.com.ar/2012/03/charles-darwin-navega-el-parana-1833.html ).
  32. Pablo Stein, “Artigas y Ramírez. La verdad escondida”, Editorial Tinta China, 2013, p.81.-
  33. OSCAR R.TAVANI PEREZ COLMAN, ob.cit, p.351 y 358.-

Historia de Entre Ríos (2)