domingo, 24 de junio de 2012

La delicada coyuntura argentina: política económica errática, pugna por los derechos sindicales democráticos y fatiga del crecimiento


Dossier
Guillermo Almeyra · Rolando Astarita · Julio Gambina · · ·
 
24/06/12
 

1) Guillermo Almeyra: Por un frente obrero-popular en defensa de los derechos sindicales
En el actual conflicto entre el sindicato de camioneros y el gobierno se juega el control de los sindicatos y de la CGT por éste y la necesidad del gobierno de impedir toda resistencia obrera a las facilidades dadas al gran capital industrial, petrolero y minero para tratar de capear las crecientes dificultades económicas resultantes precisamente de la aplicación de una política distributiva y asistencialista diseñada para aumentar las ganancias de los capitalistas (aumento de la productividad obrera, salarios bajos y controlados, fuerte porcentaje de la mano de obra en negro), dejando para la asistencia estatal las necesidades de los trabajadores y de los sectores pobres de las clases medias en servicios y viviendas y haciendo de los salarios reales una variable. Como Margaret Thatcher en su momento, cuando se lanzó contra los mineros, el sindicato inglés más fuerte, Cristina Fernández debe ajustar cuentas con sus valiosos aliados anteriores- los dirigentes sindicales burocráticos de la CGT- porque por sobre ellos y haciendo de ellos los cabeza de turco dado el desprestigio que tienen, se lanza a desmantelar la resistencia obrera.
La burocracia sindical es la expresión de la ideología y de la dominación capitalista en el movimiento obrero. Pero lo es de un modo particular, porque al mismo tiempo debe expresar deformadamente los intereses de los trabajadores de base, a los que, simultáneamente, sirve como productores y consumidores y traiciona como proletarios y ciudadanos. El fascismo y los gobiernos burgueses más duros no pueden aceptar sindicatos con cierta independencia y menos aún sindicatos democráticos. Recurren a aparatos corporativos, sometidos, intermediarios del gran capital ante los trabajadores. La debilidad del movimiento sindical reivindicativo, al mismo tiempo, radica en que en los momentos de crisis capitalista representan sólo al sector más acomodado de los obreros ocupados y no al conjunto de los trabajadores y, en particular, tampoco a los mercerizados, en negro, o a los que están dispersos en pequeños talleres. Los aparatos burocráticos, además, están desprestigiados ante sus bases por su corrupción y su autoritarismo y conservadurismo y son vulnerables al ataque gubernamental contra los bienes sindicales (obras sociales, cuentas bancarias). Para defender los sindicatos, por consiguiente, hay que ir más allá de cómo son  hoy y democratizarlos combinando movimientos de base con la afiliación masiva y con la construcción de comités de fábrica, de lucha, de empresa, o sea con organismos que agrupen afiliados y no afiliados sobre una base ágil y democrática.
Pero existe también un interés común entre esta base democrática que va más allá de los aparatos burocráticos y adopta decisiones independientes y los aparatos sindicales, frente al patrón y al Estado de los capitalistas. Ese interés reside en la defensa intransigente de la independencia de clase frente al Estado, los patrones, los partidos de éstos. Porque si enjuicia a los dirigentes camioneros por mantener una movilización durante una paritaria, el gobierno actúa como defensor de los patrones y no quiere sólo golpear a dirigentes que no le son fieles sino, sobre todo y particularmente, a la organización sindical.
Perón reprimía las huelgas de los obreros peronistas con el argumento infame que usaba también Stalin: los obreros no pueden hacer huelga contra su propio Estado.

2) Rolando Astarita: Moyano contra el gobierno
3) Julio Gambina: Argentina en la cumbre mexicana del G20


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