El sociólogo belga François Houtart (Bruselas, 1925), una de las voces más radicales del movimiento antiglobalización cristiano. Delegado especial del presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas para la Reforma del Sistema Financiero y Monetario, es fundador del Centro Tricontinental de la Universidad Católica de Lovaina.
¿Cómo ve la actual crisis?
Se habla mucho de crisis financiera, pero no es sino un epifenómeno de un problema mucho más grave, que es la lógica de la organización económica mundial. Hay una convergencia de diversas crisis: alimentaria, energética, climática, social, humanitaria, ecológica...
¿Cómo será esa ’sociedad del futuro’ de la que habla en el curso?
La sociedad del futuro no puede ser sino postcapitalista y sólo puede construirse sobre cuatro grandes ejes.
Primero, una relación con la naturaleza de respeto y no de explotación. En la práctica, significa declarar el agua y las semillas patrimonio universal y no permitir su privatización.
El segundo eje es privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, lo que significa que los productos y los servicios tendrían que ser desarrollados en función de las necesidades y no del provecho. Estamos en una situación absurda: nunca hubo tanta riqueza y tantos pobres. Para la acumulación del capital es más interesante desarrollar de manera espectacular el 20% de la población mundial que producir bienes y servicios para el otro 80% que no tiene poder de compra.
El tercer eje es la democratización de la sociedad, no sólo en el campo político, sino en todas las relaciones sociales colectivas: en la economía, en las instituciones de la salud, la educación, el deporte y la religión, entre hombres y mujeres...
Y el cuarto eje es la multiculturalidad: la posibilidad de que todos los saberes, filosofías y religiones contribuyan a la construcción social colectiva.
¿Y cómo cree que será la transición de un sistema a otro?
Se necesitan actores que construyan una nueva relación de fuerza, porque el sistema no va a cambiar por sí mismo.
En el siglo XIX y XX el actor que se oponía al capitalismo era la clase obrera, pero hoy, los actores son todos los grupos sociales subalternos afectados por la ley del capital: los campesinos sin tierra, los indígenas, las mujeres, los estudiantes... El nuevo actor histórico es global.
Sólo la convergencia de esas luchas puede transformar las cosas. El problema es que son resistencias un poco aisladas. Para tener una fuerza real necesitan la dimensión política, y eso es todavía muy flojo.
Sólo en América Latina se ven primeros pasos de alternativas que van en contra de la lógica del sistema dominante: en Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador.
Usted afirma que es necesario construir el socialismo. Pero, ¿qué socialismo?
El postcapitalismo se puede llamar socialismo, pero debe ser definido por su contenido. Si no, es una palabra ambigua: puede ser Pol Pot, Stalin, Tony Blair... Para mí el socialismo se define en función de los cuatro ejes que he citado.
¿Cree que Cuba es un buen ejemplo de construcción socialista?
Cuba es un ensayo que ha tenido éxitos, pero también ha tenido el obstáculo de la dominación de la URSS durante veinte años.
¿Es incompatible el socialismo con la democracia?
No, de ninguna manera. En Cuba hay un deseo de más democracia, más agilidad, menos rigidez en el sistema burocrático y político, más participación, a pesar de que hay mucha más que en cualquier otro país de América Latina.
¿Cree que el triunfo de Barack Obama es un motivo para la esperanza?
Obama va a ser el presidente de un imperio él es un hombre del ’establishment’. En el fondo la lógica no ha cambiado. Como dicen los cubanos: habrá que acostumbrarse a tener un emperador negro. La autoridad de Roma.
¿Qué queda de la Teología de la Liberación después de tantos años de conservadurismo en el Vaticano?
La Teología de la Liberación no está muerta, pero sí ha sufrido un golpe enorme, porque la institución eclesiástica católica ha cortado los canales de difusión: sus teólogos fueron eliminados de todas las facultades y centros de pastoral controlados por la Santa Sede. Al mismo tiempo, ha conocido una cierta extensión temática en los últimos veinte años: feminista, ecológica, de los pueblos indígenas... Y además se desarrolló en las universidades laicas y en las comunidades de base.
Usted es sacerdote. ¿Se ha planteado hacer su trabajo intelectual desde fuera de la Iglesia católica?
¡Prácticamente es lo que estoy haciendo! No estoy fuera del Evangelio ni fuera de la iglesia como pueblo de Dios, pero no estoy en convergencia con la institución central, eso está claro. ¡Ja, ja, ja!
NPH-Leer
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