Instituciones chiapanecas no registran los indicadoresMunicipio autónomo Lucio Cabañas, Chis., 6 de marzo. Un logro de salud indiscutible de las comunidades zapatistas es la erradicación del alcoholismo desde hace 20 años. Se dice rápido. La diferencia en la cotidianidad familiar y comunitaria es profunda e implica menos violencia, lo cual ya es un indicador de sanidad. Y más tratándose de pueblos indígenas y conociendo los estragos que causa en ellos el alcohol, siempre de mala calidad.
Hermann Bellinghausen
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Lo registran crónicas y novelas: a los indios se les controla con trago. Estos mismos pueblos de Chiapas visitó Fernando Benítez en los años 70 y los encontró postrados, con la dignidad humillada, ebrios como en epidemia. Hoy eso nunca se ve en las comunidades en resistencia. Las fiestas que han prodigado durante 15 años, visibles o discretas, grandes o pequeñas, siempre de baile hasta el amanecer, transcurren sin gota de alcohol. Es una excepción absoluta a escala nacional, con carnavales y fiestas patronales a golpe de posh, aguardiente o brandy sintético. Y sin ir más lejos, cualquier fin de semana.
Al no beber, los campesinos, en particular los varones, eliminan el riesgo de enfermedades frecuentes en los pueblos indígenas: úlcera, cirrosis, desnutrición y heridas con machete por "quítame de ahí esas pajas". No se refleja en los indicadores de salud de las instituciones gubernamentales, pero su efecto en salud pública, bien mirado, es espectacular.
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