La crisis económica en desarrollo del sistema capitalista “neoliberal” ha ido mutando y ampliándose en sus secuelas, en el campo de los ideólogos del modelo económico aún rige la confusión, el miedo y el terror, surgiendo diversas explicaciones para esta crisis, sin poder encontrar las acciones adecuadas para superarla. En el seno de los ideólogos del capitalismo domina el llamado síndrome del murciélago, algunos creen ver un ratón otros creen ver un ave. Sumamente gráfica de la situación de pesimismo y desconcierto que vive el sistema producto de la crisis, es la frase del ministro Finanzas Alemán, Peer Steinbrück, "aquellos que dicen ver la luz al final del túnel, quizás estén viendo a un tren que viene en contra".
En medio de las convulsiones provocadas por la crisis se han perdido miles de empleos, instituciones que parecían sólidas se han evaporado. La crisis está dejando una estela de quiebras y cesantía, se contraen el consumo y los créditos comerciales, etc. Pero lo más grave para el sistema es que la crisis no se ha reducido sólo a los mercados financieros, ya nadie cuestiona que también la economía real entró en un camino sin retorno. Agréguese a esto la crisis energética y alimentaria que vive el planeta, lo que completa un coctel de verdaderas bombas racimos que detonan en los cimientos del sistema.
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