"Sin capital político mundial, no tenemos apalancamiento para organizar más persuasión muscular".
Así se expresaba el periódico The New York Times al día siguiente del triunfo de Obama señalando una de las tareas prioritarias (para las grandes corporaciones) del mandatario electo.
Pero el triunfo de Obama sólo puede ser entendido cabalmente si se tiene en cuenta el marco de la crisis capitalista en general y la pérdida de influencia norteamericana en el mundo en particular. En ese sentido hasta se puede llegar a aseverar que la derrota republicana significaría la llegada a tierras yanquis de la ola anti-neoliberal que hace rato recorre América Latina y otras partes del mundo. (Lo cual no significa que asuman gobiernos o se establezcan regímenes verdaderamente populares).
Significa que ante la crisis económica y las posibilidades de verdaderos alzamientos populares en una situación donde comienza a ser cuestionada y disputada la hegemonía mundial norteamericana, las clases dominantes del país del norte hace rato que han entendido que es imperioso un repliegue para ordenar su casa, consolidar "su patio trasero" y relanzarse en busca de un nuevo dominio universal a caballo de otro ciclo económico "expansivo".
En Octubre perdieron su trabajo 157 mil personas. El crédito está paralizado. Los alimentos se encarecen con cada día que pasa.
Tres millones de personas han perdido su vivienda y se encuentran durmiendo en carpas; otros dos millones las perderán el próximo año. Son numerosos los casos de suicidios, y mucho más los de resistencia armada ante el desalojo.
Al descalabro económico se le suma la situación en Irak y Afganistán, y el mismo regreso de las tropas, que Obama prometió, aumenta el cóctel explosivo pues muchos de los que regresen, además de haber perdido una parte de su cuerpo se encontrarán con que ya no tienen casa. Con este panorama, sin duda se le hace improbable al Imperio sostener su dominio mundial. Necesita restablecer la "paz" interna y ganar nuevamente aliados en el mundo.
De allí que el New York Times del 5 de Noviembre analice que "en lugar de aislar (Bush) a Corea del Norte e Irán, nos aisló a nosotros". Y señala: "…aquí está la principal prioridad (de) Obama… reincorporarnos al mundo. (Para ello) hay formas de enviar señales (al mundo) de un nuevo comienzo: cerrar Guantánamo y convertirla en un centro de investigación de enfermedades tropicales; (entender que) la herramienta militar es esencial pero no debería ser la primera opción. Coordinar el cerebro y el músculo (sabiendo que) sin capital político mundial no tenemos el apalancamiento para organizar más persuasión muscular".
"El camino que nos espera será largo. La cuesta será empinada. Tal vez no lleguemos allí en un año o en un período…" fueron -casualmente- parte de las primeras palabras de Obama.
El gran capital hace rato que entendió –y ejerce- la famosa máxima gatopardista del conde Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Cambiar algo para que nada cambie".
Nuestra página en internet: http://far-arg.blogspot.com
Nuestro correo: frentear@gmail.com
Así se expresaba el periódico The New York Times al día siguiente del triunfo de Obama señalando una de las tareas prioritarias (para las grandes corporaciones) del mandatario electo.
Pero el triunfo de Obama sólo puede ser entendido cabalmente si se tiene en cuenta el marco de la crisis capitalista en general y la pérdida de influencia norteamericana en el mundo en particular. En ese sentido hasta se puede llegar a aseverar que la derrota republicana significaría la llegada a tierras yanquis de la ola anti-neoliberal que hace rato recorre América Latina y otras partes del mundo. (Lo cual no significa que asuman gobiernos o se establezcan regímenes verdaderamente populares).
Significa que ante la crisis económica y las posibilidades de verdaderos alzamientos populares en una situación donde comienza a ser cuestionada y disputada la hegemonía mundial norteamericana, las clases dominantes del país del norte hace rato que han entendido que es imperioso un repliegue para ordenar su casa, consolidar "su patio trasero" y relanzarse en busca de un nuevo dominio universal a caballo de otro ciclo económico "expansivo".
En Octubre perdieron su trabajo 157 mil personas. El crédito está paralizado. Los alimentos se encarecen con cada día que pasa.
Tres millones de personas han perdido su vivienda y se encuentran durmiendo en carpas; otros dos millones las perderán el próximo año. Son numerosos los casos de suicidios, y mucho más los de resistencia armada ante el desalojo.
Al descalabro económico se le suma la situación en Irak y Afganistán, y el mismo regreso de las tropas, que Obama prometió, aumenta el cóctel explosivo pues muchos de los que regresen, además de haber perdido una parte de su cuerpo se encontrarán con que ya no tienen casa. Con este panorama, sin duda se le hace improbable al Imperio sostener su dominio mundial. Necesita restablecer la "paz" interna y ganar nuevamente aliados en el mundo.
De allí que el New York Times del 5 de Noviembre analice que "en lugar de aislar (Bush) a Corea del Norte e Irán, nos aisló a nosotros". Y señala: "…aquí está la principal prioridad (de) Obama… reincorporarnos al mundo. (Para ello) hay formas de enviar señales (al mundo) de un nuevo comienzo: cerrar Guantánamo y convertirla en un centro de investigación de enfermedades tropicales; (entender que) la herramienta militar es esencial pero no debería ser la primera opción. Coordinar el cerebro y el músculo (sabiendo que) sin capital político mundial no tenemos el apalancamiento para organizar más persuasión muscular".
"El camino que nos espera será largo. La cuesta será empinada. Tal vez no lleguemos allí en un año o en un período…" fueron -casualmente- parte de las primeras palabras de Obama.
El gran capital hace rato que entendió –y ejerce- la famosa máxima gatopardista del conde Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Cambiar algo para que nada cambie".
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