lunes, 31 de enero de 2011

PORTEÑOS AL SPIEDO EN UN MINUTO

Se cumplirán mañana 190 años de la primera batalla de Cepeda, en que Francisco Ramírez y Estanislao López, ambos lugartenientes de José Artigas, respondiendo a un mandato del Protector de los Pueblos Libres, arrollaron a las fuerzas porteñas en la cañada de Cepeda, provincia de Santa Fe, en lo que se llamó "la batalla del minuto".

La batalla de Cepeda o también llamada "Batalla del Minuto", ocurrió durante las guerras civiles argentinas, el 1 de febrero de 1820, y fue una de las dos llevadas a cabo en la cañada de Cepeda, Santa Fe, Argentina. La otra, años después,enfrentó a Urquiza con Mitre.

El ejército porteño estaba al mando de José Rondeau, que ante la inminencia de la invasión de los caudillos del Litoral, dispuestos a no aceptar más la dictadura de Buenos Aires, tomó la iniciativa e invadió el sur de Santa Fe, dominios de López, hasta Cepeda, al sur de Rosario. Allí dispuso una formación fuerte, pero para el caso de que el adversario atacara de frente, lo que no se dio justamente porque el ejército del Litoral estaba compuesto solamente de caballería, no tenía infantería, y no estaba obligado a acercarse al enemigo al modo de los infantes.

Las provincias del Litoral estaban muy desconforme con el giro que habían tomado las cosas debido a la arrogancia de Buenos Aires y a su modo de gobernar sin consultar los intereses de las provincias, hecho que se había venido acentuando desde el primer sitio de Montevideo, el éxodo oriental, el rechazo de los enviados del Artigas a la asamblea del Año XIII, en el desconocimiento de la declaración de la independencia por el congreso de Oriente reunido en Concepción del Uruguay en 1815, y en el impedimiento a los enviados del Litoral a participar del congreso de Tucumán. Además Buenos Aires había mandado varias expediciones militares al Litoral y lo había devastado.

Las diferencias con el directorio porteño se hicieron serias a partir de 1814, capitaneadas por Artigas. El rey de Portugal, que residía en Brasil, aprovechó los enfrentamientos internos para anexarse la Banda Oriental, que invadió a principios de 1817 y ocupó Montevideo. El gobierno de Buenos Aires no hizo ningún esfuerzo serio para defender esa provincia, y Artigas lo acusaba de apoyar esa invasión. Más, tenía preparada y conversada la entrega del Uruguay y de Entre Ríos a los portugueses, como una manera de sacarse de encima la "molestia" que le significaba Artigas.

Un año antes de Cepeda, en 1819, el congreso de Tucumán, cuya orientación fue impuesta por Buenos Aires, sancionó una constitución que otorgaba amplios poderes al gobierno central y restringía la libertad de las provincias de tomar decisiones sobre sus propios asuntos.

En "El grito de Mayo en Entre Ríos", la profesora Elva Vignola, ex vecina mía también, viuda de Ricardo Couchot, resume la situación: (Las montoneras) pelean en definitiva porque defienden lo suyo y por ese el único camino que les queda ya que no está en ellos someterse en forma humillante y porque, además, intuyen que la razón está de su parte".

"Pero dejemos que sea el general Belgrano qien explicque esta situación en momentos en que se le ordena intervenir en la lucha con efectivos destinados al Ejército del Alto Perú.

"...es urgente concluir esta desastrosa guerra por cualquier modo. Todo es desolación y miseria, las casas abandonadas, las familias fugitivas o arrastradas, los campos desiertos de caballos o ganados".

"Tal era el panorama devastador que ofrecía el Litoral en esos momentos angustiantes de la historia del interior profundo que pocas veces o nunca se detalla en los textos de estudio". (Vignola) Cualquier parecido con la situación actual ¿es mera coincidencia?.

Entonces Artigas se dispuso a invadir Buenos Aires y lo hizo con tropas entrerrianas al mando de Ramírez, que tuvo la conducción de todos los hombres en la batalla, de López, del chileno Carreras y de indígenas del Chaco, entre otros.

Las tropas federales cruzaron al galope tendido la cañada de Cepeda, rodearon el dispositivo de Rondeau y se pusieron detrás. Atacaron a la caballería de Rondeau cuando la infantería porteña, guarecida en carretas, no había podido todavía dar vuelta los cañones, que apuntaban para el otro lado esperando una carga de frente que no se produjo.

La batalla duró diez minutos, y provocó la total derrota de los porteños, la renuncia de Rondeau y el ascenso de Sarratea, que supo negociar con fortuna cuando la situación de Buenos Aires no podía ser peor.

FCC

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