Acudiendo al esquema dinámico –lo emergente, lo hegemónico y lo residual- con que Raymond Williams diseñó la posición relativa de las tendencias culturales en una determinada sociedad durante un espacio temporal concreto, resulta curioso abordar la situación que hoy ocupa entre nosotros el llamado Pensamiento Crítico. Ya delimitar el concepto deviene complicado no tanto por su presunta complejidad epistemológica como por las fanfarrias que generan los combates por su apropiación. Grosso modo cabría manifestar y denunciar que actualmente “toda crítica” pretende investirse con los ropajes del Pensamiento Crítico, más, entiendo, por miedo a que el capital simbólico que porta el concepto pueda ser disfrutado por otros que por deseos de autodistinción. Quizá por eso sea bueno, antes de proseguir, señalar que, tan codiciado capital simbólico, obtuvo gran parte de su actual atractivo al contraponerse a lo que antaño, antes de la derrota ideológica y política de las izquierdas marxistas, se llamaba Pensamiento Revolucionario, paradigma éste del que ya casi nadie se reclama.
Rebelión-7/7-Leer
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