lunes, 2 de enero de 2012

Dinero y política/ Federales y unitarios

La lucha por los recursos que legítimamente le pertenecen a Entre Ríos, y que fueron siendo resignados por sucesivos “pactos fiscales” que acercaron a nuestro país al unitarismo no tiene comprensión del propio gobierno entrerriano.

Afip: un órgano nacional, que recauda y distribuye a las provincias lo que es de éstas.

Los pactos fiscales que firmaron gobernadores de distinta bandería política hicieron resignar a las provincias recursos que le corresponden, al punto que hoy más del 70 por ciento de toda la riqueza provincial viaja a Buenos Aires y de allí vuelve en mínima parte y eso según el grado de alineamiento de los gobernantes con el poder radicado en la capital federal, que ha terminado convirtiendo a la Argentina, contra sus orígenes históricos, en un país unitario de hecho.

La situación se creó durante el gobierno del golpe iniciado en 1930 cuando se creó por decreto “por un año” un órgano recaudador nacional, que hoy es la Afip, con la misión de recaudar y distribuir a las provincias.

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Argentina, 2012: ¿Qué hacer, y cuándo?

O se avanza en las transformaciones estructurales o el proyecto “progresista” será devorado por la lógica implacable del capital, reduciéndolo a un “relato” vacío.

A.BORÓN - La Haine - Leer


El cáncer en nuestras sociedades envenenadas - ¿Un nuevo síntoma sudamericano?La Haine


Heroica Paysandú, yo te saludo

En un lejano 2 de enero de 1865, hace 147 años, envuelta en llamas con los muros de sus casas y edificios públicos e iglesias destruidos por el incesante bombardeo de las flotas imperiales extranjeras, caía la ciudad heroica de Paysandú.

Los brasileños bombardean Paysandú.

Vería sus hijos caer nimbados de gloria en plena batalla desigual defendiendo la soberanía patria y una tierra por la que preferían morir antes de que botas imperialistas hollasen su libertad.

Horas antes apenas, había entregado su vida el general Lucas Píriz, quien junto a apenas 25 hombres, a pecho descubierto, fue masacrado por las tropas invasoras brasileñas del emperador “Cai”, de Bartolomé Mitre el “jaguá” (perro) y los traidores del general oriental “Añamembui” (hijo del diablo) de Venancio Flores.

Lejos, en Montevideo, la capital, con dignidad y grandeza, el presidente Atanasio Aguirre y el canciller Juan José de Herrera quemaban como correspondía en la Plaza Matriz, los tratados infamantes del 51 con el imperio de Brasil firmados por el muy colorado canciller de la época, Andrés Lamas.

Junto al último bastión blanco en Paysandú caía el gobierno, libérrimamente electo de un partido que forjó la patria. Pero la semilla que sembró en tierra oriental el libertador Oribe, aunque maltrecha y sangrante no estaba muerta.

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