Por Eduardo Lucita* - Por primera vez en la breve pero intensa existencia de la CTA su dirección histórica va a elecciones para renovación de autoridades nacionales y regionales en listas separadas.
Marchan a este proceso con la claúsula estatutaria democrática más distintiva en referencia a la CGT: el voto directo de sus afiliados. Pero lo que debiera ser celebrado como un acto de democracia obrera por excelencia, un debate de opiniones, criterios y conceptos, acerca de la situación de los trabajadores, como pensarla colectivamente, como aportar para resolverla, es vivenciado por las cúpulas y los cuadros intermedios como algo traumático, que pondría en peligro la existencia misma de la Central.
No es para menos. No hay en la Central una práctica de debate público de ideas. En practicamente todas las elecciones hubo listas de oposición, que nunca pudieron superar el nivel testimonial, mientras que la conducción se mostraba sólida y unificada presentando candidaturas decididas por acuerdos internos nunca bien explicitados, con lo que esa conquista democrática que es el voto directo de los afiliados quedaba casi desnaturalizada. En cada elección la mayor preocupación no era propositiva sino cuantitativa. Léase: que el número de votantes fuera lo suficiente para legitimar la nueva conducción.
Es esto lo que ahora se ha quebrado. Se enfrentan antiguos dirigentes que, más allá de desencuentros momentáneos, compartían –y comparten- privilegiar las relaciones con el Estado y sus instituciones sin demasiadas mediaciones. Esto se expresó muy claramente con el agotamiento del menemismo y muy marcadamente cuando la crisis política del 2001(1).
Ambos bandos se han lanzado a una confrontación casi irracional. Con un esfuerzo digno de mejor causa se lanzan acusaciones y denuncias de maniobras de todo tipo, pululan las visiones conspirativas, no solo entre las fracciones enfrentadas, sino al interior de cada. Incluso se acusa de romper pactos preestablecidos. Un acuerdo no público sobre quién sucedería al actual titular, que este ahora no respetaría yendo por su reelección. Si este acuerdo preestablecido fuera cierto ¿Dónde queda la tan proclamada democracia sindical? ¿Para qué sirve el voto directo, como no fuera para legitimar lo resuelto en forma antidatada en otro ámbito?...
Prensa de Frente-8/8-Leer
Marchan a este proceso con la claúsula estatutaria democrática más distintiva en referencia a la CGT: el voto directo de sus afiliados. Pero lo que debiera ser celebrado como un acto de democracia obrera por excelencia, un debate de opiniones, criterios y conceptos, acerca de la situación de los trabajadores, como pensarla colectivamente, como aportar para resolverla, es vivenciado por las cúpulas y los cuadros intermedios como algo traumático, que pondría en peligro la existencia misma de la Central.
No es para menos. No hay en la Central una práctica de debate público de ideas. En practicamente todas las elecciones hubo listas de oposición, que nunca pudieron superar el nivel testimonial, mientras que la conducción se mostraba sólida y unificada presentando candidaturas decididas por acuerdos internos nunca bien explicitados, con lo que esa conquista democrática que es el voto directo de los afiliados quedaba casi desnaturalizada. En cada elección la mayor preocupación no era propositiva sino cuantitativa. Léase: que el número de votantes fuera lo suficiente para legitimar la nueva conducción.
Es esto lo que ahora se ha quebrado. Se enfrentan antiguos dirigentes que, más allá de desencuentros momentáneos, compartían –y comparten- privilegiar las relaciones con el Estado y sus instituciones sin demasiadas mediaciones. Esto se expresó muy claramente con el agotamiento del menemismo y muy marcadamente cuando la crisis política del 2001(1).
Ambos bandos se han lanzado a una confrontación casi irracional. Con un esfuerzo digno de mejor causa se lanzan acusaciones y denuncias de maniobras de todo tipo, pululan las visiones conspirativas, no solo entre las fracciones enfrentadas, sino al interior de cada. Incluso se acusa de romper pactos preestablecidos. Un acuerdo no público sobre quién sucedería al actual titular, que este ahora no respetaría yendo por su reelección. Si este acuerdo preestablecido fuera cierto ¿Dónde queda la tan proclamada democracia sindical? ¿Para qué sirve el voto directo, como no fuera para legitimar lo resuelto en forma antidatada en otro ámbito?...
Prensa de Frente-8/8-Leer
De Gennaro y Del Frade presentan libro
Por CTA Regional Rosario
El próximo lunes 9 de agosto a las 16 horas, en el Centro Cultural La Toma, Tucumán 1349 se realizará una conferencia de prensa con la presencia de Víctor De Gennaro. En el marco de las elecciones de la CTA, De Gennaro llega a Rosario para hablar de la situación inédita dentro de la historia del sindicalismo en el país que se ha constituido como el hecho político más relevante de este año, donde se van a elegir 16800 delegados y podrán votar más de 1.400.000 afiliados. Más tarde, a las 19 horas, De Gennaro acompañará la presentación del libro “La Marcha Grande: A diez años del río místico de la historia argentina”, del periodista y escritor Carlos Del Frade.
Indymedia-9/8-Leer
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