Por Martín Tactagi
Río bravo estuvo en San José y habló con uno de los trabajadores del frigorífico Swift que el pasado 23 de julio dejó de operar por tiempo indeterminado. En un relato breve, la voz de un hombre más entre muchos, va desgreñando sus pareceres y sus penas sobre un futuro cubierto por el polvo de una ciudad, que por razones del destino, ignora prácticamente el asfalto.Llegamos a San José tras andar varios kilómetros por una ruta en ampliación que se encuentra temporalmente reducida, en una mañana gélida como no se ha visto en años. El pueblo es más bien chico, silencioso, con calles de tierra en multitud. Las puertas del frigorífico San José apenas guardan la sombra de un vigilante; por lo demás, la quietud y el polvo que suele cubrir los lugares abandonados. Fuimos en busca de un hombre que trabajó en la planta hasta que ésta dejó de producir (ver “Faena de hombres”). Anduvimos por calles de tierra que se extienden a través de campos quebrados por zanjones y arboledas, hasta desembocar en un barrio lejano y poblado por pequeñas casas desparejas, que la fuerza de sus propietarios supo levantar desde los cimientos. Es media mañana de sábado con un sol distante, opacado por las nubes. No se ve gente en la calle. Golpeamos las manos a falta de timbre en la casa de Ramón y un perro menudo de pelo apolillado nos salió al encuentro exhibiendo los dientes. Detrás salió una señora mayor, delantal raído y pelo blanco anudado. Un chistido bastó para tranquilizar al perro.
- ¿Sí?
- Buen día, estamos buscando a Ramón.
- No tá…
- ¿Sabe dónde podemos encontrarlo?
La señora dudó unos segundos, el perro nos volvió a mostrar los dientes y la señora lo pateó en las costillas, por lo cual el animal se metió en la casa. Acto seguido llamó a un chico que estaba adentro.
Río Bravo-12/8-Leer
No hay comentarios:
Publicar un comentario