sábado, 19 de junio de 2010

¿¡Todos a estudiar!? El cuento de la "inclusión educativa"

Durante los últimos años, la denominada “inclusión escolar” comenzó a ganar terreno en los debates educativos como una de las respuestas posibles para superar la crisis del sistema. Post 2001 comenzaron a proliferar, con gran fuerza, programas y políticas públicas que buscaban “desandar la herencia menemista” de un sistema educativo fragmentado que, durante una década, se había consagrado a expulsar matrícula. Recientemente, en diciembre de 2009, la Legislatura porteña sancionó la Ley de Políticas Públicas para la Inclusión Educativa Plena (Ley Nº 3.331), lo que actualiza el debate. La normativa causó gran revuelo ya que establece la necesidad de “ambientar” la currícula, las tareas pedagógicas y el presupuesto en áreas con población “vulnerable” para lograr su inserción educativa.
Lo cierto es que la mentada “inclusión escolar” es defendida desde todas las madrigueras de la intelectualidad burguesa. Se presentan, entonces, varios interrogantes. Fundamentalmente, cuál es el sentido que le otorgan y qué herramientas proponen para llevarla a cabo. Ambas cuestiones, vistas a la luz de la realidad social actual, develan su carácter ideológico-estratégico y nos advierten sobre el verdadero contenido de la consigna del momento. Como veremos aquí, la “inclusión escolar” no es más que una quimera mediante la cual funcionarios y especialistas distorsionan y ocultan una necesidad frenética de retener a los chicos en las aulas.
La parafernalia de las políticas de “inclusión educativa”...




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